MARTILLO
PARA LAS BRUJAS.
188/06(04/06/22) Devastador
drama histórico checo contra las tiranías, los abusos del poder, y su inherente
corrupción moral. Dirigido por Otakar
Vávra, con guión de Ester Krumbachová, adapta la novela “Kladivo na čarodějnice”
(1963) de Václav Kaplický, relata la historia real de los juicios de brujas en
Šumperk de Moravia del Norte (también llamados juicios de brujas de Boblig) de
la década de 1678 a 1695, cuando se ajusticiaron 105 personas, transcribiendo
registros de los históricos juicios históricos. Los cambios realizados con
respecto a la novela incluyen el comienzo de la película con mujeres bañándose,
ante el desprecio de un monje, a diferencia de la novela, que comienza
tejiendo. Vávra y Krumbachová establecieron así un tema de represión sexual
como represión política, que Krumbachová continuaría en sus próximos guiones.
Con gran protagonismo del infame libro alemán “Malleus Maleficarum” (1487), del
que toma el título, manual para
inquisidores cazadores de brujas que establece escasas limitaciones en el uso
del dolor y el engaño para extraer confesiones, la película no menciona por su
nombre al libro, pero parece dos veces, como "el único libro que
necesito" en el escritorio del juez Boblig. Libro apoyo hediondo para uno de los genocidios más horripilantes cometidos
por el hombre, realizado en una época inconsciente y retrograda como el
Medievo, donde los abusos de poder, la envidia, la avaricia y la lujuria eran
motivos suficientes para aplicar esta “Ley” a cualquier persona víctima del no
agrado del inquisidor, juez o clérigo, yéndose a los extremos de la locura
condenaban y torturaban salvajemente a los supuestos acusados por razones
insignificante, siendo los testimonios sacados por tortura, con lo que el valor
de los mismos era nulo, siendo su fin la hoguera. Un retrato desesperanzador de
un tétrico periodo, donde la Teocracia Omnímoda y Omnipotente no tenía piedad
contra todo aquellos que se opusieran a su reinado del Terror, donde campaban a
sus anchas la hipocresía y sadismo, el miedo, la ignorancia, y la asfixia eran
la nota predominante, siendo muchas de las víctimas gente demente.
En la década de 1670 en
Moravia, un monaguillo observa a una anciana escondiendo el pan repartido
durante la comunión. Alerta al sacerdote, que se enfrenta a la anciana. Ella
admite que tomó el pan con la intención de dárselo a una vaca para reactivar su
producción de leche. El sacerdote informa del incidente al dueño de la finca
local quien, a su vez, llama a un inquisidor, un juez especializado en juicios
por brujería. Boblig von Edelstadt, el inquisidor, comienza una serie cada vez
mayor de juicios, con Boblig reverenciando el libro Malleus Maleficarum como su
guía. El tribunal usa empulgueras en sus interrogatorios, apoyándose en su uso
convencional para justificarlo frente a acusaciones de tortura. Sin embargo, un
sacerdote, Kryštof Lautner, critica a Boblig por sus métodos inhumanos, y otro
miembro del clero siente que muchas de las mujeres acusadas de ser quemadas en
la hoguera son inocentes y reza abiertamente para que se detengan los juicios.
Film valiente que
retrata con crudeza este sombrío tiempo mostrando las torturas de forma
devastadora, así como desnudo de mujeres, ello lejos de ser algo gratuito, es
orgánicamente bueno para hacer ver la misoginia imperante en el clero. Una obra
que te indigna por como las pobre víctimas, que comienzan siendo los más
marginales, mientras la escala social de los infaustos objetivos va
ascendiendo, derivando en situaciones que rozan lo kafkiano, pues resulta el
demagogo Juez Bolig cuando fija un objetivo este está sentenciado de antemano,
ya que si no dice lo que quiere oír es porque el demonio lo ha poseído,
entonces lo tortura, si se resiste en las primeras sesiones es porque el diablo
le da fuerzas, y si al final confiesa (en realidad para no seguir sufriendo),
es porque las medidas de la vejaciones son efectivas y le dan la razón, nadie
puede escapar de esta rueda de hámster que son estas leyes, es de locos,
indignante, te sobrecoge la impotencia de la gente ante el criterio avernal de
estos jueces. Y es que como dijo Lord Acton: ‘El poder corrompe, y el poder
absoluto corrompe absolutamente’.
Pudiendo verse la Inquisición como un sucedáneo de la
KGB durante el poder opresor comunista tutelado por la URSS, de cómo esta era
el brazo criminal del poder para hacer purgas con violencia, represión cárcel y
torturas, derivando en farsas de juicios políticos, cual vemos en esta cinta. Una
condena de las técnicas represoras violentas impuestas por el Partido
Comunista, recientemente la Unión Soviética había invadido Checoslovaquia tras
de la Primavera de Praga de 1968 (donde se intentó democratizar el país) para
reponer en el poder a este partido despótico. Tanto es así de clara la alegoría
contra el régimen dictatorial que el film fue prohibida su exhibición. Vávra
recordó los juicios que había visto en la década de 1950, afirmando que
"en los registros históricos me encontré con personas sensatas y
trabajadoras que cayeron inesperadamente en las garras de la revivida máquina
medieval de juicios de brujas".
La película comienza de modo sugerente con un hombre
lóbrego en sombreado primer plano (aparecerá más veces durante el film de la
misma forma, soltando citas del infausto libro de modo aterrador y solemne)
hablando a cámara, ser del inframundo con los dientes podridos, que despliega
toda su misógina bilis ultra cristiana, espeta, "El útero de la mujer es
la entrada al infierno". Coloca a las féminas como el cuerpo del pecado,
tras ello solapa unos imágenes de varias mujeres bañándose desnudas. Y tras
ello hay en una Iglesia la ceremonia de la comunión con las obleas donde se da
el deux machine.
Retrato de la Inquisición como viscosos y depredadores,
avarientos (subyace la avaricia de quedarse con las propiedades jugosas de
estos ‘brujos’), egoístas, viciosos (los de las comilonas de Boblig con su
criado y como entre depravaciones homo eróticas planean sus siguientes
avernales pasos), amorales, desalmados, manipuladores. Pocos son capaces de
hacerles frente en el clero, uno por miedo y otros por connivencia. Film donde
la violencia se nos muestra de diferentes formas, como es la que se ejerce por
medio de la socialización del terror, como las secuencias de torturas
(Tornillos de mariposa, espinilleras de pinchos, estiramiento de cuerpos,
destroza-dedos, etc), o esas visiones de tres mujeres quemándose vivas en unas
escalofriantes piras.
La cinta expone diferentes discusiones sobre la visión
de la ‘brujería’, la compleja Batalla sempiterna entre el Bien vs Mal, pero
estas resultan en diálogos de besugos, pues cual Dogma de Fe el juez siempre
tiene la razón, aunque sea un sin sentido, son debates ideológicos exasperantes
por lo kafkianos que derivan. Se refleja el temor del poder a combatir estas
cacerías, más preocupado este de los peligros exteriores (se habla de la
amenaza otomana para con Austria como elemento para dejar de lado estas
‘minucias’), vemos una gran escena cuando le cuentan a la Reina sobre estos
juicios y sus consecuencias, ella se
toca su cuello y posteriormente se mira coquetamente al espejo, hablándonos de
la superficialidad de la monarquía.
Elo Romančík encorna como el diácono Lautner
al Bien, a la humanidad en la historia, con sus defectos (la carne,
ejemplificada en su deseo por la joven y bella sirvienta) y virtudes (su
dignidad, y sentido de la justicia). Pasa la mayor parte del relato intentando
ser la voz de la razón en medio de esta locura. Pero choca una y otra vez, cual
protagonista del kafkiano “El proceso” con un muro de demencia. Hasta que en el
tramo final es presa del afán vengativo de su oponente y se convierte en una
especie de mártir con resonancias a Cristo en su padecimiento, soltando frases
tan lapidarias contra las tiranías como, “Poder y verdad son dos cosas diferentes”.
Esta integridad Romančík la embiste de forma majestuosa, haciéndonos empatizar
con su Lucha.
Vladimir Smeral da vida al vil Boblig, un inquisidor retorcido,
insensible, psicópata, manipulador, un demagogo que nunca razona, pues su idea
es que todos son culpables, y por tanto nadie puede demostrar su inocencia,
solo es cuestión de tiempo confiesen sus culpas por medio de torturas, cosa que
todos harán para evitar seguir sufriendo, una vez entras a ser objetivo suyo es
imposible escapar, entras en una rueda sin salida. Boblig es un vividor
oportunista, un sádico que disfruta viendo las humillaciones a los demás, parece
un caso clínico de ser reprimido sexualmente y que al no poder poseer mujeres
las maltrata, cual violador. Asimismo, denota en las escenas con su pérfido
criado cierto aire gay. Boblig es el Mal, utiliza sus conocimientos (del
infernal libro, poniéndolo por encima de la Biblia)) para ejercerlo, para
imponer el Imperio del Terror. Boblig es el retorcimiento de la Ley, su
prevaricación infinita. Smeral se mimetiza con este ser endemoniado de forma
impresionante, su gestualidad, su mirada, sus poses, su fuerza son de esas que
aterrizarían al mismo Darth Vader.
La puesta en escena resulta
muy buena en su función de proyectar un estado de ánimo pesaroso que va asfixiando
al espectador conforme avanza el metraje. Haciendo veraz este tiempo y lugar,
con el vestuario, las calles, la iglesia, viviendas, los interiores puritanos,
los palacios, las opíparas comilonas, las cámaras de tortura, lo calabozos, las
explanadas de piras de brujas, toda una labor excelente en este sentido
escénico; Todo esto potenciado por la gran cinematografía en glorioso b/n de
Josef Illík (“La Oreja”), en una labor sensacional en diferentes recursos
visuales, desde los marcados contrastes de grises, esos primero planos del
‘demonio’ que ‘adorna’ interludios, esas angulaciones opresivas, como emite la
claustrofobia ambiental en tomas interiores, con gusto por el detallismo para
hacernos sentir el dolor en las torturas, recordando en muchos planos
influencias al Carl Theodor Dreyer de
“La Pasión de Juana de Arco” (1928); Tambien a reseñar la muy gótica y
tenebrosa música compuesta por Jirí Srnka, que potencia de modo epidérmico este
apocalipsis-moral.
Podría achacársele que
una vez visto el primer juicio, el resto son iteraciones del mismo, con alguna
variación, pero se repiten los esquemas una y otra vez, una vez Boblig señala
(y sabemos de antemano sus volantazos), el resto se ve venir en su ‘sesgo de
justificación’. No hay el mínimo giro argumental, todo es lineal, sin
sorpresas. Predecible.
Me llama la atención el
lenguaje procaz y transgresor que utilizan los que ‘confiesan’ sus
depravaciones, que si fornicaciones, incestos, asesinatos, defecaciones, todo
un compendio de aberraciones impactantes en su lenguaje diáfano.
Richard Chatten de The
Independent escribió que la película era "posiblemente el descargo de
responsabilidad indirecto de Vavra a un periódico al que se vio obligado a
prestar su nombre en 1968 respaldando la invasión soviética". Deajando
entrever las torturas físicas o presiones a las que fue sometido.
Base histórica: Una placa en la Iglesia de San Lorenzo
en Sobotín, República Checa, en conmemoración de las víctimas de los juicios de
brujas de Moravia del Norte; Kryštof Alois Lautner es una figura histórica que
se retrata con precisión en la novela.
Uno de los más poderosos alegatos contra la Inquisición
y por ende contra los fanatismos que recuerdo. Gloria Ucrania!!!
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