viernes, 10 de mayo de 2024

 


Con destino a la luna

Sugestivo en su premisa, pero aburrido en su desarrollo este film de ciencia ficción estadounidense en tecnicolor de 1950, producido por el artista animador magiar George Pal y dirigida por Irving Pichel. Se considera la primera gran película estadounidense de ciencia ficción que aborda desafíos científicos y de ingeniería prácticos de los viajes espaciales y especula sobre cómo sería una expedición tripulada a la Luna. Pal encargó el guión inicial a James O'Hanlon y Rip Van Ronkel, pero el afamado escritor de ciencia ficción Robert A. Heinlein contribuyó significativamente al libreto final, desempeñándose también como asesor técnico de la película. Ciertos elementos de la historia de la novela juvenil de Heinlein de 1947 “Rocket Ship Galileo”, fueron adaptados para su uso en la película, y en septiembre de 1950 publicó una novela corta, "Destination Moon", basada en el guión. La trama de la película también se parece a partes de la novela de Heinlein “El hombre que vendió la luna”, escribió en 1949 pero no publicó hasta 1951, un año después del estreno de la película Pal. Aunque el relato tiene enormes similitudes con la obra de culto silente alemana de Fritz Lang “Una mujer en la luna” (1929), donde el clímax final es una clara copia.

 

Cuando su última prueba de cohete falla y la financiación gubernamental colapsa, el científico espacial Dr. Charles Cargraves (Warner Anderson) y el entusiasta del espacio General Thayer (Tom Powers) solicitan la ayuda del magnate aeronáutico Jim Barnes (John Archer). Con los millones necesarios recaudados de forma privada por un grupo de industriales patrióticos estadounidenses, Cargraves, Thayer y Barnes construyen una avanzada nave espacial de propulsión atómica de una sola etapa a órbita, llamada Luna, en sus instalaciones de fabricación y lanzamiento en el desierto. El proyecto pronto se ve amenazado por un gran revuelo público sobre la "seguridad radiológica", pero los tres eluden los esfuerzos legales para detener su expedición lanzando la primera misión lunar del mundo antes de lo previsto. Como resultado, deben sustituir rápidamente a Joe Sweeney (Dick Wesson), como operador de radio y radar de su expedición, un reemplazo de Brown, ahora en el hospital con apendicitis.

 

Entre los alicientes del film cuenta con los f/x de Lee Zavitz (creador de los efectos visuales del incendio de Atlanta en “Lo que el viento se llevó”, y también obras como “La vuelta al mundo en 80 días” o “El tren”); Esa nave espacial-cohete que parece salida de una ilustración de un cuento para niños, creada por el diseñador artístico Ernst Fegté (“Cinco tumbas al Cairo”), con esos trajes espaciales tan divertidos en su infantilidad; Los f/x, la  nave y la fotografía se funden en muchas escenas, me ha gustado y tuvo que ser espectacular en su momento en cine ver como la pantagruélica plataforma se mueve del cohete para dejar espacio a su despegue, como notable es la secuencia del despegue; están los fondos pintados de la Luna de Chesley Bonestell, apodado el "Padre del arte espacial moderno", sumergiéndonos en una Luna árida, agreste, ignota, con el fondo (muy falsete) iluminado por infinitas estrellas (entrañable como cantan son bombillas);realzados por la fulgente cinematografía de Lionel Lindon (“La vuelta al mundo en 80 días” o “El mensajero del miedo”), con secuencias vistosas, como las de ver la Tierra desde la Luna pero a través del ojo de buey del cohete; Reseñable la labor de maquillaje de Webster C. Phillips (“La americanización de Emily”), sobre todo para exponer los efectos de la fuerza G en los rostros de los astronautas, esto visto hoy es muy cándido, pues no se puede hacer sin cascos; Se puede destacar el recurso narrativo integrado de colocar en el metraje un corto animado didáctico con nada menos que El Pájaro loco de Walter Lantz; También mencionable la singular banda sonora creada por el compositor Leith Stevens (“La Guerra de los Mundos”), innovadora creando un  halo de misterio cuasi-místico en sus melodías inquietantes, emitiendo desazón y misterio, evocando lo desconocido.

 

Es una obra hija de su tiempo, encuadrada en el sub género Guerra Fría, donde en producciones serie b se advertía de los peligros de la amenaza soviética. En este caso, se nos hace ver la importancia de la conquista de la Luna para que no la tomen los malos, nunca se mencionan a los comunistas bolcheviques, aunque se saben son ellos, y la puedan utilizar como base para lanzar misiles a todo el planeta. Esta idea se adorna con mensajes sobre lo que ha hecho ser lo que es USA, ósea, la iniciativa privada hace que todo se mueva, aun con las trabas gubernamentales, el motor individual y emprendedor arrastrando al Imperio USA, en contra de lo que era la URSS, todo por y para el estado. Cinta que se adelanta casi dos décadas al alunizaje que si fue primera USA (hay conspiranóicos que lo niegan), de esa primera pisada de un humano sobre el satélite de Neil Armstrong, y con ello, vista hoy día, resulta entrañable por lo infantiloide que resulta en muchísimos aspectos. Ejemplo de esto es que para convencer a unos potenciales empresarios de que inviertan en el proyecto, los reúnen y les proyectan un corto de animación con el Pájaro Loco explicando la teoría y la práctica el método de propulsión para el viaje a la Luna y con ello hasta los más escépticos caen rendidos a los parabienes del plan espacial, como digo, esto es de una puerilidad supina, conmovedor por lo patético que resulta.

 

Esto indaga en el modo chusco en que se toman muchas de las decisiones cruciales de la misión, rayando en lo absurdo, como la forma en que sustituyen a uno de los astronautas que tiene una enfermedad y cogen al primer mecánico que pasa por allí, este acepta como el acepta tormar se una copa en el abr de al lado, ridículo no! Lo siguiente!  Por supuesto lo de las pruebas físicas y psicológicas para acceder a tamaña misión es algo que ni están ni se le esperan. El modo de despegar a la carrera, sin tener en cuenta la posición de la Tierra y de la Luna es d elo más risible.

 

Hay una trama plana, sin alicientes, sin chicha, sin personajes con carisma en los que simpatizar, los protagonistas son clichés sin alma, sin fondo, sin pasado, sin anhelos, ello actuado por John Archer, Warner Anderson, y Tom Powers y como meros soportes para pronunciar diálogos sin sustancia alguna. Solo es algo diferente Dick Wesson como el mecánico Joe Sweeney, en un rol irritante de chistoso de Broolkyn sin gracia, soltando cinismo y paridas sin la menor gracia, intentando ser el elemento desengrasante.

 

Como la historia tiene poca chicha le ponen durante el trayecto a la Luna una salida fuera del cohete (por que el mecánico echo grasa a la antena telescópica, y se congeló, menudos utilleros’ había!), ello para mostrar al mundo los avances en f/x de ese momento, vistos hoy bastante primarios, ello ataviados con traje de astronauta y ridículo calzado con imanes, como esto da poco de sí, hacen que uno de ellos (Cargraves) salga despedido del magnetismo del cohete al espacio vasto sin rumbo, entonces entra en marcha la inventiva humana improvisada, para rescatarlo con una botella de gas para apagar incendios (cosa que copio Cuarón para su film “Gravity”). Esto deja entrever otra delas lagunas, y es que para ello dejan el interior del cohete todos los tripulantes, cuando si por algo se cierra la escotilla se quedan afuera, un sinsentido.

 

Luego está la parte de la Luna, sin pizca de épica, con un aterrizaje inverosímil, se realiza girando el morro hacia arriba y retrocediendo contra la presión de su chorro propulso (¿?). Cuando los astronautas descienden y pisan nadie les filma, nadie les garba el audio, no tienen ninguna frase preparada, pero qué más da si tampoco quedaran registradas, parece hecho todo a prisa. Vemos la superficie lunar de un modo risible, con grietas que sugieren ha habido agua y se ha secado, cuando incluso entonces era sabido que esto no era así (¿?). Sobre esto: Bonestell, pintó un gran telón de fondo imitaba riscos y montañas lunares, no estaba contento con las grietas, diseñadas por el director de arte Ernst Fegté. "Eso fue un error", insistió a Gail Morgan Hickman, autora de las películas de George Pal. Pero Pal le explicó a Hickman: “Chesley tenía razón, por supuesto... pero estábamos filmando en un escenario de sonido pequeño debido a nuestro presupuesto limitado. Tuvimos que hacer que el decorado pareciera más grande. Chesley diseñó un hermoso telón de fondo, pero necesitaba algo que le diera profundidad. Por eso hicimos las grietas. Las grietas en el primer plano eran grandes y las de la distancia eran pequeñas, por lo que daban una sensación real de perspectiva. En algunas escenas incluso utilizamos enanos con pequeños trajes espaciales para aumentar la sensación de profundidad”.

 

En el tiempo sobre la Luna la tripulación se atiene a unas cuantas operaciones naif sin emitir que sean algo trascendental lo que hacen, más bien sugieren la misión era llegar el punto A y el B volver, entre medias naderías. Hacen mediciones con un contador Geiger que pueden sugerir hay uranio, lo que me da a entender están mandando un mensaje a los USA de que hay que llegar cuanto antes para sacar este posible material con el que se fabrican bombas atómicas (puaj!), como si en la Tierra no hubiera. Se echan algunas fotos turística, una incluso de montaje haciendo que Sweenney sostenga la Tierra cual Atlas. Pero de verdad los guionistas no tuvieron la idea de que llevaran una cámara súper 8? Ridículo! Ah, también tienen un gran arma de rayos que no hacen funcionar, está allí para aparentar (¿?). Transmitiendo la sensación de que para que leches volver al asteroide. Para culminar la inocencia de la trama nos cuelan un épico clímax de sacrificio por el bien mayor, muy tosco, dando una impresión grotesca de viaje improvisado sobre la marcha.

 

Spoiler:

 

Rush final: De buenas a primeras desde la base en Tierra les dicen que sobran 500 kg de carga para el despegue. Menuda preparación de viaje a la Luna! Por supuesto entonces ya sabemos que al final deben decidir quien se queda en la Luna sacrificándose por el resto. Todos en un buenismo sangrante se eligen para ello. Para ello uno incluso prohíbe a otro quedarse allí porque tiene muy linda prosa para relazar la belleza de lo que ven desde allí (valiente motivo el tener labia). Hasta que a Barnes se le ocurre sin saberse como la idea de cómo echar fuera los kg necesarios para despegar sin afectar a la tripulación. Despegan y el film acaba con el cohete a medio camino a la Tierra. En la escena final, cuando la tripulación se acerca a la Tierra, la tradicional tarjeta de título "El Fin" presagia el amanecer de la próxima Era Espacial: "Este es EL FINAL... del Principio".


George Pal era un húngaro hacía comerciales actuaban como temas cortos en largometrajes en Europa. Más tarde avanzó hacia cortometrajes animados similares a dibujos animados que se realizaron utilizando pequeñas esculturas cuidadosamente manipuladas a mano en lugar de dibujos; Estos cortos se llamaron “Puppetoons” y se hicieron populares en Europa. Pal estaba en Estados Unidos cuando Hitler invadió Polonia. Le ofrecieron un contrato para producir sus Puppetoons para Paramount Pictures, algunos de los cuales fueron posteriormente nominados a los Premios de la Academia. En 1949, Pal quería dedicarse a la producción de largometrajes. Convenció a la independiente Eagle-Lion Films para que cofinanciara su propio acuerdo para dos películas, aportando él la mitad del dinero. Parte de la financiación provino de Peter Rathvorn y Floyd Odlum, quienes solían dirigir RKO. La ​​primera de las dos películas, The Great Rupert, sobre una ardilla bailarina parecida a un títere, protagonizada por el popular cómico Jimmy Durante, fracasó en la taquilla. Pero su segundo largometraje, Destino Luna, fue un gran éxito.

 

Irving Pichel comenzó su carrera en Hollywood como actor durante la década de 1920 y principios de la de 1930, en películas como La hija de Drácula y La historia de Temple Drake. Comenzó a dirigir en 1932; Destino Luna fue su película número 30. Pichel fue incluido en la lista negra después de que el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes lo citara a comparecer en 1947, a pesar de que nunca había sido llamado a testificar. Dirigió cinco películas más después de Destination Moon antes de su muerte en 1954.

 

George Pal y Walter Lantz, creador del personaje de dibujos animados Woody Woodpecker, habían sido amigos íntimos desde que Pal dejó Europa y llegó a Hollywood. Por amistad y para buena suerte, Pal siempre intentó incluir a Woody en todas sus películas. Pal incorpora a Woody (con la voz de Grace Stafford) en una caricatura que se muestra dentro de la película y que explica, en términos sencillos a una audiencia de cine de 1950, los principios científicos detrás de los viajes espaciales y cómo se podría lograr un viaje a la Luna. La caricatura se muestra a una reunión de industriales estadounidenses, se espera, financiarán patrióticamente empresa atrevida antes de que una potencia no occidental anónima pueda hacerlo con éxito.

 

Otros cuentos de Robert Heinlein llevados al cine incluyen Project Moon Base (1953) y Starship Troopers (1997).

 

Tras el éxito de Destino Luna, Pal siguió con varias películas espaciales más, incluidas Cuando los mundos chocan (1951), La guerra de los mundos (1953) y La conquista del espacio (1955).

 

Film plano, que solo tiene el interés ‘arqueológico’ de ver como eran entonces los f/x especiales y como han avanzado. Gloria Ucrania!!!

 

PD. Spielberg robó la idea de los dibujos animados para enseñar ciencias y la usó en "Parque Jurásico".

domingo, 5 de mayo de 2024

 


RAIN MAN.


Sobrevalorado drama, que sin ser malo, tampoco es, con el filtro de los 36 años transcurridos desde su estreno una gran película, como para tener el gran éxito comercial (la más taquillera de 1988) y el éxito de crítica, ganó el el Oso de Oro del festival Internacional de Cine de Berlin, amén de obtener nada menos que el Oscar a Mejor Película y Mejor Dirección para Barry Levinson (también el de Mejor Guion Original), superando en ambas categorías a la Homérica “Las Amistades Peligrosas”, o a “La última tentación de Cristo” que ni siquiera estaba en la terna. Dirige el artesano Barry Levinson, que venía de triunfar con “Good Morning, Vietnam” (1987), para adaptar aquí el guión de Ron Bass (“La carrera del sol”) y Barry Morrow (“Más allá de los sueños”), sobre una historia del segundo. Un proyecto que llevaba años en desarrollo, con varios directores (entre ellos Steven Spielberg) adjuntos en diferentes momentos. Morrow había originado el proyecto, y guarda parecido con un par de películas para televisión que había escrito, “Bill” (1981) y “Bill: On His Own” (1983), que se basaban en sus propias experiencias como amigo y guardián de un hombre con discapacidades cognitivas. Morrow creó el personaje de Raymond después de conocer a Kim Peek, un sabio de la vida real; su caracterización se basó tanto en Peek como en Bill Sackter, buen amigo de Morrow que fue el tema de “Bill”, película anterior que escribió Morrow.

 

Es una historia facilona, simplista, predecible, donde todo se ve venir de lejos nunca sorprende, acudiendo a ese manido sub género de tratar patologías de un modo sensiblero, para con ello hacernos compadecer de un modo manipulador, y para ello, por supuesto, habrá un actor que transmita esta discapacidad para conmovernos, en este caso Dustin Hoffman (asesorado, según los créditos, por seis psicólogos y psiquiatras) acudiendo a toda clase de tics sobre esta afección, el Autismo, una labor muy sencilla para un gran actor, pues su rol de Raymond es un tempano de hielo, no parece sentir ni padecer, con tics permanentes en su ladeo de cabeza, sus hombros encorvados, su caminar aniñado, repetición de frases hechas, y que nunca te mira a los ojos. Solo tiene dos estados, uno es el gélido soltando datos a diestro y siniestro (puede memorizar media guía telefónica en una noche y también puede realizar multiplicaciones extravagantes en un instante), viviendo en sus rígidas rutinas (comer palitos de pescado y gelatina de lima los martes, siempre comprar en K-Mart y fiel seguidor de programas de tv), y el otro es iracundo (tapándose los oídos a modo de defensa), un personaje sin desarrollo alguno, remanente de su trastorno, esto le impide conexión real humana con el espectador (ósea, yo). A su lado un voluntarioso Tom Cruise, depositario de ser la correa de transmisión de lo que el espectador debe sentir ante esta manifestación fenotípica. El actor neoyorkino ofrece una buena interpretación, pero la (previsible) transformación de tipo egoísta e individualista a lo que todos sabemos se da de modo arbitrario, forzado por Imperativo del guion, nunca hay calor entre ambos que me emocione, todo me sucede de modo plano y sin punch, la coraza sobre Raymond impide enterarnos de que conexión hay entre ambos, solo esta medio llega por el tramo donde nos enteramos de quien era Rain Man, pero hasta esto me resulta bastante forzado a querer empujarnos a lagrimear, no hay desarrollo orgánico. No hay verdadera intensidad, y llegados a su rush final, Levinson da una lección de coda anticlimática, después de dos horas de viaje la Montaña ha parido un ratoncito.

 

Tampoco es que el relato resulte muy atractivo, una road-movie, siempre son de autodescubrimiento en la odisea por carretera, el que este personaje con su hermano crucen USA no está surtido de situaciones o diálogos sustanciosos, siendo incluso iterativo, como si tuvieran que machacarnos una y otra vez los hechos, que si Raymond es muy bueno con los números, pues nos lo meten tropecientas veces para que su hermano se asombre una y otra vez, que si se entra en estado cuasi epiléptico cada vez que las cosas no están a su enfermizo gusto, pues nos lo subrayan infinitas veces para que el hermano se conmueva.

 

Narración que parece una sucesión de lugares comunes, sin originalidad, ejemplo es que todos cuando Raymond se destapa como ‘ordenador humano’ que retiene fotográficamente todo tipo de datos numéricos, sabemos que terminaran pasando por algún casino de Las Vegas, sobre todo cuando le cuelgan al rol de Cruise una crisis económica, esto además, se nos quiere hacer ver como la edificación de un vínculo afectivo entre ambos, cuando es un ‘interesado’ hermano llevando a un robot a una mesa de Black Jack. Es entretenidilla sin más, no aburre, pero tampoco me atrapa, se nota hecha con una plantilla de la que no se sale.

 

Cuenta la historia del arrogante, egoísta y joven comerciante de autos de lujo, Charlie Babbitt (Cruise), su padre, al que por una discusión hacía años que no veía, ha muerto. Él y su novia Susanna (Valeria Golino) viajan a Cincinnati para arreglar la herencia que espera sea cuantiosa al creerse hijo único. Hereda sólo un grupo de rosales y un clásico Buick Roadmaster convertible de 1949 por el cual él y su padre se habían enfrentado, mientras el resto del patrimonio de $3 millones irá a parar a un administrador anónimo. Se entera que el dinero se dirige a una institución mental local, donde conoce a su hermano mayor Raymond (Hoffman), un autista a quien no conoció en toda su vida.

 

Intenta ser el film una exposición reflejada del autismo de Raymond, donde con su incapacidad comunicativa es una alegoría de la incapacidad de su hermano para tener emociones lejos de su egoísmo. Pero esto es muy superficial y tratado de forma muy convencional. También se puede entender como una historia sobre la aceptación de lo que no puedes controlar, aunque esto también es algo distorsionado, pues cuando Charlie cae en la quiebra, tenemos la casualidad que está con una mente fotográfica nada menos que en el lugar donde más se puede aprovechar este Don, Las Vegas, con lo que el mensaje queda un tanto atrofiado.

 

 Cuando vemos que son dos hermanos diametralmente diferentes, sabemos que chocaran, y sabemos cómo acabaran, después de la tormenta siempre viene la calma. Introduce el guion el personaje de Valeria Golino como Susanna, pareja de Charlie, que más parece un parche para deconstruir la altivez de este, pero en realidad solo aporta el baile (al son del “Bouncin' the Blues”) en el ascensor con Raymond, resto es y totalmente cercenable, tanto que en la última parte del film desaparece sin que se sepa porque, y tampoco se la echa en falta.

 

Es un drama salpicado de notas de humor, que sobre todo se dan en el choque de caracteres entre el electrizante Charlie y el disciplinado autista Raymond, ello a partir de pequeñas discusiones sobre los inflexibles gustos del segundo, como su gusto por el jarabe de arce, su ‘problema’ con los calzoncillos, o como le gusta repetir que es un gran conductor.

 

La puesta en escena es buena, destacando la notable cinematografía de John Seale (“Único testigo” o “Mad Max: Furia en la carretera”), dotando de épica secuencias como el tránsito en auto por la carretera desierta, contrastando con las tomas fulgentes de cromatismos en Las Vegas. Ello maximizado por la música del germano Hans Zimmer (“Gladiator” o “Inception”), con un gran repertorio de temas adicionales, destacando el “Iko Iko” de The Belle Stars.

 

Spoiler:

 

Rush final: Al regresar a Los Ángeles, Charlie se encuentra con el doctor Bruner (correcto Gerald R. Molen), quien le ofrece 250.000 dólares para alejarse de Raymond. Charlie se niega, diciendo que ya no está molesto por haber sido excluido del testamento de su padre, pero quiere tener relación con su hermano. En una reunión con un psiquiatra designado por el tribunal, Raymond demuestra ser incapaz de decidir por sí mismo lo que quiere. Charlie detiene el interrogatorio y le dice a Raymond que está feliz de tenerlo como hermano. Mientras Raymond y Bruner abordan un tren para regresar a la institución, Charlie promete visitarla en dos semanas.

 

Momentos recordables: El mencionado baile entre la Golino y Hoffman; Cuando Charlie se entera que Rain man, el que creía que era su amigo imaginario de la infancia es real. Raymond había vivido con la familia cuando era niño y era el "Hombre de la lluvia" (la pronunciación infantil de Charlie de "Raymond"). Raymond había salvado un día a un bebé Charlie de ser quemado con agua caliente del baño, pero su padre lo culpó por casi herir a Charlie y lo internó en la institución, ya que no podía hablar por sí mismo y corregir el malentendido; Cuando se está decidiendo con si se queda con Charlie o lo mandan al sanatorio a Raymond, este junto a su hermano, inclina su cabeza sobre la de Charlie en clara señal de afecto, la única señal de que tiene corazón Raymond.

 

Supongo que gran parte del éxito del film proviene de estar en el frente a dos actores en la cima de sus carreras entonces, Cruise había pasado recientemente de éxitos adolescentes como “Risky Business” (1983) al éxito de taquilla para adultos con su icónico giro en “Top Gun” (1986), también aspirando a hacerse actor de prestigio trabajando con los mejores, ello reflejado en su papel en “El color del dinero” (1986) de Martin Scorsese, junto a Paul Newman. Hoffman, había irrumpido en cine 20 años antes con sus versátiles papeles nominados al Oscar en “The Graduate” (1967) y “Midnight Cowboy” (1969), estaba aprovechando una ola de éxito crítico con “Kramer vs. Kramer” (1979), “Tootsie” (1982) y la ganadora del Emmy “Death of a Salesman” (1985), aunque su película más reciente fue el desastre crítico y comercial “Ishtar” (1987).

 

La película recaudó 354 millones de dólares (con un presupuesto de 25 millones de dólares), convirtiéndose en la película más taquillera de 1988, y recibió ocho nominaciones en los Oscar, ganando cuatro (más que cualquier otra película nominada): Mejor Película , Mejor Director. , Mejor Actor (para Hoffman) y Mejor Guión Original .

 

Hasta 2024, “Rain Man” es la única película que gana tanto el premio más alto del Festival Internacional de Cine de Berlín como el Premio de la Academia a la Mejor Película en el mismo año. También fue la última película estrenada por Metro-Goldwyn-Mayer en ser nominada a Mejor Película hasta Licorice Pizza, 33 años después.

 

La inspiración para la interpretación de los gestos de Raymond Babbitt provino de multitud de fuentes, pero agradeció a tres hombres en su discurso de aceptación del Oscar. Uno era Peter Guthrie, el hermano autista de Kevin Guthrie, un jugador de fútbol de Princeton con quien Hoffman estaba en contacto en ese momento. Otro fue el sabio autista Joseph Sullivan, que fue objeto de dos documentales y cuya madre, la Dra. Ruth Sullivan, fue la presidenta fundadora de la Sociedad de Autismo de América y se desempeñó como consultora en la película.

 

Reitero, no es que sea mala por lo que comento sobre la cintra, es que la juzgo por su éxito sobreactuado. Gloria Ucrania!!!

 


Masters of the Air

 

Atractiva miniserie bélica creada por John Shiban (productor de series tan clamadas como “Expediente X” o “Breaking Bad”) y John Orloff (estuvo como guionista en dos episodios de “Hermanos de sangre”) para Apple TV+, basándose en el libro de 2007 homónimo del autor más vendido del New York Times, Donald L. Miller, "Masters of the Air: America's Bomber Boys Who Fought the Air War Against Nazi Germany", serie limitada de nueve episodios describe la Segunda Guerra Mundial a través de los ojos de los pilotos, navegantes y la tripulación de El Grupo de Bombardeo 100 de la Fuerza Aérea, también conocido como el "Bloody Hundredth", unidad de bombarderos pesados Boeing B-17 Flying Fortress en la Octava Fuerza Aérea en el este de Inglaterra durante la Guerra Mundial II. Tras el éxito tremendo del film de guerra “Salvar al soldado Ryan” (1998), el director y su protagonista, Spielberg y Tom Hanks decidieron incidir en el mayor conflicto del SXX, y produjeron en 2001, acontecimiento homérico para la tv, la irrupción de la miniserie “Band of Brothers” para HBO, una de las mejores películas o programas de la Segunda Guerra Mundial de todos los tiempos. Basada en el libro de Stephen E. Ambrose, contó la historia de “Easy” Company desde el campo de entrenamiento hasta el frente occidental. Le siguió “The Pacific” (2010), narra la Guerra del Pacífico y las dificultades de los soldados después de regresar a casa, siguió la pista de la 1.ª División de Infantería de Marina. Catorce años después, Apple TV+ finalmente lanza el muy esperado “Masters of the Air”, sirviendo para completar la trilogía. Estas dos pretéritas se hicieron bajo el paraguas de HBO, “Masters of the Air” fue originalmente adquirida por HBO, pero se mudó a Apple Studios en 2019 como la primera producción interna del titán tecnológico.

 

Habiendo en la dirección muy reputados directores, marcando el tono de la serie Cary Joji Fukunaga (Tras la primera y triunfal primera temporada de “True Detective”), Anna Boden y Ryan Fleck co-dirigen el quinto y sexto (“Half Nelson” o “Capitana Marvel”), la afroamericana (menciono lo de su raza porque tiene importancia en el tratamiento de un episodio) Dee Rees (“Mudbound” y “Pariah”) es responsable del séptimo y octavo (este último la directora homenajeando a la compañía Tuskegee de afroamericanos que fueron pilotos de combate en la WWII), y el veterano de mil excelentes batallas catódicas, Tim Van Patten (“Los Soprano”, Sexo en Nueva York”, “The Wire”, , “Deadwood”, “Roma”, “The Pacific”, “Juego de Tronos”, “Boardwalk Empire”, o “Black Mirror”) es el encargado de dar sentido broche final en el noveno y último capítulo, con un cierre satisfactorio.

 

Con un impresionante presupuesto de producción de entre 200 y 250 millones de dólares, que se reflejan en unos valores de producción brillantes, una recreación del tiempo y lugar formidable, así como apabullantes las secuencias de enfrentamientos aéreos, un prodigio de inmersión arrollador, fruto de unos efectos especiales fascinantes supervisados por Neil Corbould (“Rogue One” o “Gravity”), haciéndonos sentir uno más dentro de estas ‘fortalezas aéreas’, con su claustrofobia, su sensación de peligro constante, la sensación de velocidad, la fragilidad de esa nave, en muchos casos en subjetivo desde la cabina de piloto, sintiéndonos una moto de polvo en el inmenso cielo, mientras cazas nazis nos sondean y zumban amenazantes a nuestro alrededor, mientras dejan sus estelas inquietantes formando cuadros bélicos aéreos asombrosos como nunca se habían visto, trasladándonos en plena refriega la impresión de caos agobiante, con algunos impactos sobre los aviones acongojantes, con explosiones, sentimos la caída mientras intentamos salir al exterior para saltar al vacío, en este sentido una de los momentos más dramáticos de la serie es cuando uno de los pilotos va a saltar de un avión en llamas y encuentra a un artillero atascado en su cápsula, tremebundo, con escombros impactando con otras naves (incluso vemos a un tripulante expelido de su avión chocar contra un avión, están las estelas de humo de naves ‘heridas’, la artillería anti aérea disparando dejando el surco de sus disparos en el aire, un akelarre sobre las nubes. Ello en una combinación extraordinaria entre los f/x la cinematografía (marca la pauta Adam Arkapaw [“Macbeth” o “Animal Kingdom”], cinematógrafo de los 4 primeros), la labor de edición (trabajo de varios montadores, siendo Mark Czyzewski que ha estado en los 9 episodios [“Inmortals” o “Greyhound]), con cortes de lado a  lado que nos sobrecogen y hacen palpitar, el diseño de producción de Chris Seagers (“Salva al soldado Ryan” o “Alien: Covenant”), como crucial la mezcla de sonido de Michael Minkler (“Star Wars” o “Collateral”) y Jack Whittaker (“Batman begins” o “United 93”), para sentirnos dentro de la tripulación de los B-17, con las explosiones, los disparos, la salida de las bombas cual racimos de uvas del infierno, Kolossal.

 

Todo ello acompañado por relato que realzan el humanismo de los soldados, sus miedos, ilusiones, sus peligros, sus sentimientos de culpa, su dolor por la pérdida, ello desarrollado con gran intensidad dramática, tejiendo buenas interrelaciones de amistad y fraternidad, incidiendo en el estrés psicológico derivado de este peculiar trabajo, donde primaban la supervivencia un día más, sobrevivir a estar enlatados en salchichas de metal con alas tan vulnerables, así como sabiendo exponer la perdida de la inocencia para estos jóvenes. Expone personajes bien delineados, a la par que estupendamente actuados. En sus debe se le puede achacar que va perdiendo fuelle conforme avanza, recurriendo en la última fase a insertos algo manidos, como es la estancia en los campos de prisioneros “La Gran Evasión”, “Stalag 17” o “Evasión o victoria”, o ya en tv “Colditz” o “Los héroes de Hogan”, o el octavo dedicado en gran parte a una compañía de pilotos negros, que aparecen de la nada en la serie, como un signo de corrección política, en homenaje que me es metido con fórceps, pues solo salen en este capítulo, dejándolos in media res, como las marchas de prisioneros, o como resulta algo insertado a empellones que uno de los pilotos caído en combate de con un campo de exterminio, muy sobado, me ha faltado sutileza. Tal vez porque en la última fase de la guerra en el circo de Europa el dominio de los cielos por parte de los aliados fue total y sin oposición. También me ha faltado algo de introspección sobre los daños infringidos a la población civil alemana por parte de bombardeos indiscriminados, ejemplos notorios los de Hamburgo y sobre todo Dresde, aunque hay una espléndida secuencia en que vemos el terror provocado por las bombas, con edificios derrumbados, incontables víctimas inocentes, iba muy bien en este aspecto, me parecía muy autocrítico este tramo exhibiendo que no todo eran bombardeos asépticos, que hubo y muchas víctimas sin culpa alguna. Pero esto se pretende compensar con unos linchamientos, con lo que se pone a estos sufrientes civiles como salvajes ante los `desvalidos’ pilotos.

 

La serie (como en anteriores intros de las dos no oficiosas primeras entregas) te atrapa en sus emocionantes créditos de inicio punteados por la neurálgica música del texano Blake Neely (“You” o “Greyhound), que dota de épica dramática los comienzos de los capítulos de modo entusiasta.

 

Se nos hace un lienzo de la camaradería reinante en estas compañías, los vemos en la cantina, borracheras, en charlas, en peleas, tenido sexo, todo para intentar escapar del pensamiento de su labor al borde de la muerte. Estamos en las reuniones previas en que se hace saber a los pilotos las misiones, y por supuesto estamos en el aire con ellos enlatados: Estamos en el día a día de estas rutinas de salir en aviones de misiones de las que hay muchas probabilidades no vuelvas, mientras el personal en tierra espera en tensión a ver cuantos de los que salieron vuelven, esta intensidad extenuante nos llega.

 

Es curioso el tramo en que discuten los pilotos estadounidenses con aviadores ingleses sobre el tipo de misión que hacen unos y otros en este turbador reparto de papeles en la contienda, donde los yankis acusan a los anglos de cobardes al tener ellos misiones nocturnas para hacer complicado sean detectados, aunque con ello la efectividad sea menor, en contraposición a los de la 100, que hacen sus misiones de día y con ello hacer mucho más riesgoso sus vuelos.

 

Las actuaciones resultan bastante buenas. Empezando por la pareja protagonista (aun siendo bastante coral el desarrollo) Austin Butler y Callum Turner, sus roles son la constante en la serie en la que una y otra vez volvemos para seguir sus peripecias en medio de su fuerte amistad que nos llega. Dos caracteres muy diferentes que se compenetran en su fin último, sobrevivir. Los conocemos en el prólogo de la serie, durante una velada con parejas, y sabremos pro que uno es Buck y el otro John 'Bucky' Egan. Al primero le da vida el actor inglés Turner es el alma de la producción, un clásico Bigger Than Life, irradia un enorme carisma, extrovertido, locuaz, arrogante, dotado de una gran expresividad, especialmente su empática media sonrisa, nos hace llegar su zozobra ante la caída de muchos de sus colegas de otros aviones, creciendo mucho en la segunda mitad de la serie, cuando está sin el ‘socio’, muy bueno; Gale 'Buck' Cleven es encarnado por Butler en una actuación más comedida, más hierático y taciturno, tiene novia (a la que da vida Isabel May en un rol de una sola escena al inicio de la serie, olvidándose esto para el resto de la serie ¿?), tipo observador y atento, interpretación más matizada, buena, pero sin llegar al fulgor de Turner, y entre los dos una estimable química. El problema que veo en ellos es que apenas se rasca su superficie, no se ahonda en ellos, carecen de evolución drmática y se quedan en lo mismo son al principio que en el final de la guerra; Anthony Boyle como el narrador en off, en un recurso bastante anárquico, sirve para dar foco a personajes en la sombra, ejemplo al crucial jefe de mecánicos de solo 19 años, sirve para coser algo forzadamente algunas tramas. Da una estupenda actuación como el Major Harry Crosby, al que vemos desarrollarse desde el aspirante a tripulante aéreo que se marea, a ser un oficial que planea las mejores rutas para las ‘fortalezas aéreas’, que sufre por no poder estar en aire con sus compañeros, padece la culpa de que los demás caigan mientras él está en la retaguardia (el verdadero Crosby voló en 32 misiones de combate y recibió múltiples menciones por su valentía); Nate Mann está notable como Robert "Rosie" Rosenthal, tío con encanto y simpatía natural; También reseñable el papel de Barry Keoghan como el teniente Curtis Biddick, tipo irascible y de mecha corta al que da brío el actor; La  mujeres tienen poco espacio en la serie, solo mencionable Bel Powley, una vigorosa actuación como Sandra Westgate, que tiene una enternecedora relación con Crosby; Entre tanto elenco, es bueno en el colaje, pero con ello la tara de abarcar a demasiados y apretar a ninguno, quedando la mayoría como estereotipos.

 

Como defectos hay que añadir que falta algo de chicha cuando están en tierra tras las misiones, las situaciones caen en cierto modo en la complacencia y el buenismo, falta algo de mala leche. Quedando en algún momento la sensación de iteración, es lo que tiene que la mayor parte del tiempo sean los militares en un punto A (el aeródromo), salen a un punto B (para sus misiones) y vuelven al A, y así sucesivamente. Solo se sale de esta premisa en formidable capítulo en que deben atravesar Europa con depósitos de combustible al límite para aterrizar en el desierto de Argelia. Ah, y los capítulos del final, donde, como ya he mencionado cae en algunos recursos ya muy ajados, sin que se el de un enfoque diferente. Están bien estos episodios finales, pero esperaba más, igual me pillo en mal momento, pero esperaba me pusieran el bello de punta y no.

 

‘Mientras se acerca a su fin, un superviviente del grupo de bombardeo “Bloody Hundredth” de la Fuerza Aérea se encuentra parado junto a una chimenea, bebiendo whisky y citando al filósofo alemán Friedrich Nietzsche. “Quien luche contra monstruos debe tener cuidado de no convertirse él mismo en un monstruo”, parafrasea a su compañero de vuelo, mientras se preparan para dejar atrás la guerra y regresar con sus familias. “Porque si miras al abismo, el abismo te devuelve la mirada”.’

 

Me queda una serie con la losa del referente de las dos mencionadas anteriores, su sombra es muy alargada, pierde claramente en la comparativa, sobre todo con “Band of Brothers”, pero sin los referentes, es una producción muy sugerente, entretenida y didáctica homenajeando a estos combatientes. Gloria Ucrania!!!

 


Machuca

 

Manipulador film chileno, que, bajo una premisa interesante sobre la amistad de dos niños y su despertar de la inocencia, da un sermón nada sutil de tufo izquierdista donde remarca con saña que el clasismo marca el carácter, si eres de clase acomodada eres blanco y rubio, abusón, egoísta y adúltero; y si eres pobre, eres de tez morena, buena persona, amable, cariñoso y siempre piensas en lo que es justo, ósea que mereces lo que tienen los de arriba. Escrita y dirigida por Andrés Wood, inspirada en la novela “Tres años para nacer - Historia de un verdadero Machuca”, escrita por el poeta y novelista chileno Eledín Parraguez. Empieza la cinta teniendo una estimable ambientación, con un diseño de producción notable Rodrigo Bazaes Nieto (“El Conde”) y Alejandro González (“La Frontera”), con sus edificios, calles, autos, con el vestuario, en miscelánea con la cinematografía de M.I. Littin-Menz (“Resistencia”), granulada adecuadamente para darnos sensación de estar en los 70.

 

La historia transcurre en Santiago en 1973 en los días previos al golpe militar, con una sociedad dividida, y tiene como base un experimento real hecho en la época del gobierno socialista de Salvador Allende en el Saint George's College (Saint Patrick's College en la película). Machuca se titula por el rol de Pedro Machuca (Ariel Mateluna), niño pobre inscrito en el mencionado cole, con lo que el realizador desequilibra la historia de la amistad con el chico de clase alta, marca las cartas de para quien van las simpatías del relato nada imparcial, y es que como todos sabemos la zurdería tiene la posesión de la superioridad moral.

 

El joven de clase alta Gonzalo Infante (Matías Quer) es el punto de vista que se presenta al espectador, seguramente el alter ego del propio Andrés Wood, que fue un niño de familia adinerada, parece tener sentimientos de culpa que polariza de modo simplista. Es inteligente la idea de colocar en el centro la historia de dos niños diferentes que traban fuerte amistad, como símbolo del entendimiento transversal, pero termina pegándose un tiro en el pie cayendo en lo facilón de apuntar con su dedo acusador. Film que desea ser más de lo que es, abarca demasiado y aprieta poco, con subtramas que nada dicen. 

 

Gonzalo Infante (Matías Quer), niño de once años, estudia en el Saint Patrick's, reputado colegio religioso cuyos estudiantes provienen de la clase media alta de Santiago. El director, el padre McEnroe (inspirado en el rector del Saint George Gerardo Whelan e interpretado por Ernesto Malbrán), trae al establecimiento a un nuevo grupo de niños, todos de clase popular, con el fin de educarlos sin discriminación, en intento de promover el respeto mutuo entre estudiantes de diferentes clases sociales. Dentro de este grupo se encuentra Pedro Machuca (Ariel Mateluna), que vive en una población callampa en La Pincoya. Tras algunos conflictos entre los nuevos compañeros de clase, nace la amistad entre Gonzalo y Machuca. Ambos visitan sus respectivas viviendas en diferentes ocasiones, conocen a sus familias y realidades internas ambos viven. En casa de Pedro, Gonzalo conoce y se enamora de Silvana (Manuela Martelli), adolescente vecina de Pedro.

 

El relato de la amistad entre los dos amigos, en el que flotan temas como el bullying, el abuso del poder, estableciendo buena compenetración entre ambos. Uniéndose posteriormente a ellos y Silvana, resulta entrañable en muchas fases, entrando de lleno con la joven en el terreno de del despertar sexual, muy al modo liberal hippy del amor libre, exponiendo efluvios notorios de un Ménage à trois, ello escenificado con los chicos morreándose tomando leche condensada a orilla de un riachuelo.

 

Gonzalo a través de la amistad con Machuca descubre que hay otros mundos lejos de la burbuja de su clase acomodada en la que reside, existe una sociedad partida ( aquí expuesta por la ‘frontrera’ de un campo de futbol, a un lado las viviendas de clase alta y al otro las chozas), ve gentes que viven en la precariedad de chabolas, con ropas raídas, calzado ajado, y con ello parece albergar sentimientos de culpa, al menos eso pretende el director, que el niño se sienta herido por esta grieta social y me resulta manipulador. Con Machuca y Silvana asiste a manifestaciones de los dos signos políticos, los que apoyaban a Allende en sus reformas y los contrarios que las padecían, esto la famosa cacerolada de mujeres, que el director enfoca de modo caricaturesco, ridiculizando de modo arrogante estas protestas, donde hasta la madre de Gonzalo discute con Silvana (vende allí banderitas de Chile) y le a la niña: "Vuelve a tu barrio marginal!", dejando aun más claro el guión de parte de quien está en este David vs Goliat.

 

Durante la primera aparte del film la política está muy de fondo (vemos tangencialmente imágenes en tv de la reunión de Allende con el premier soviético Leonid Brezhnev), todo esto en pequeñas dosis, hasta que entra de lleno, con la intensidad propia de los tiempos que ocurrían. La mencionada leche condensada con la que se besan los jóvenes deriva en motivo de pelea, la acritud reinante explota por la bici, y aquí vuelve la vena izquierdista por la que Andrés Wood toma notable partido, pues viene a decirnos que no es buena la propiedad privada, tomando como epítome la bicicleta (puaj!), y si todo es de todos quien va a trabajar para obtener algo que lo puede tener sin esfuerzo alguno? Ese es realmente el espíritu del comunismo.

 

Como implosiona en momentos como la reunión de padres en el colegio, con epicentro en el izquierdista párroco McEnroe, donde los padres de los chicos acomodados se quejan de las ideas de los ‘nuevos’, con la respuesta del discurso sentido de la madre de Machuca (buena Tamara Acosta) en el colegio, reflejando el hastío e impotencia de lo que sufre, aunque, como casi todo el film, me resulta maniqueo, cual si fuera el propio director el que habla, pues no me resulta natural este soliloquio. Tenemos en clave política como el borracho padre de Pedro da un discurso deprimente de como las castas siempre serán castas, y que Gonzalo cuando pase poco tiempo no querrá tener nada que ver con Pedro, y el primero tendrá un gran puesto de trabajo por el padre, y Pedro tendrá una labor precaria. Y lo primero que me digo es, como casi con tres años en el poder de Allende no había proporcionado curro a este hombre? O es que no lo ha buscado y vive de los subsidios? O quizás prefiere seguir bebiendo y robando a la esposa para echarle las culpas de su miseria a los ricos?

 

Y en el tramo del clímax estalla la violencia, el golpe de estado del General Pinochet se lleva a cabo el 11 de septiembre de 1973, y lo veremos a través de los ojos de Gonzalo, los niños miran los cazas militares sobrevolando la capital. Gonzalo asiste al colegio, donde también ha habido otro golpe de estado. La violencia desatada por las purgas contra los sospechosos habituales, la persecución a los ‘rebeldes’ la veremos en como Gonzalo visita el poblado de chabolas y allí el ejército está desalojando por la violencia (recuerda a imágenes del desalojo del gueto de Cracovia en “La lista de Schindler”), esto está bien escenificado hasta que hay un disparo y ya me siento insultado en mi inteligencia (*spoiler).

 

Aparte de todo esto, no entiendo que pinta la sub trama de la infidelidad de la madre de Gonzalo (buena Aline Küppenheim dando vida a María Luisa Infante) con el rol metido con fórceps de Federico Luppi. Esto cruzado con la relación con el padre cariñoso de Gonzalo que quiere llevarse a la prole a Italia. Y es que se puede incidir en esto como ejemplo de la poca hondura de temas, toca muchos palos pero ninguno lo aprieta. Empezando por el principal de no entrar de lleno en el porque del Golpe de Estado, quedándose en una de las partes y con ello ser un panfleto (lo de Machuca siempre con el jersey roto, clama al cielo por lo caricaturesco).

 

Matías Quer como Gonzalo da bien con el rol de chico que va descubriendo un mundo nuevo a través de sus nuevos amigos, su rostro refleja la inquietud uy curiosidad que te llegan, está más que cumplidor; Ariel Mateluna como Machuca es algo más plano en su actuación de duro jovenzuelo; La triunfadora actuación es la de una vigorosa Manuela Martelli como la carismática Silvana, una Lolita que disfruta calentando a los imberbes, pero que también tiene un fuerte carácter combativo contra las que cree son las injusticias sociales, notable; De los secundarios, destaco a Ernesto Malbran como el padre McEnroe, un agitador de conciencias que busca ayudar a los niños que necesitan buena educación, un clásico cura de izquierdas de los que abundan por Sudamérica.

 

Spoiler:


Rush final: El clima político presente durante aquella época deteriora progresivamente la amistad del trio. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, encabezado por el general Augusto Pinochet para derrocar al gobierno de la Unidad Popular del presidente Salvador Allende (que cual Hitler estaba dando primero un Golpe de Estado desde dentro), interrumpe de súbito la relación de estos tres amigos. La dirección del Saint Patrick pasa a manos del Ejército de Chile, con el consecuente despido del Padre McEnroe, la expulsión de varios alumnos y la militarización del colegio. El ejército (aunque me lo desmientan, no me creo esto) corta el pelo largo de los niños (ni que estuvieran haciendo la mili) y, en general, pone "todo en orden". Gonzalo va en bicicleta a ver a sus amigos del barrio. Los militares están allí, arrestando a los alborotadores. Abren fuego. Gonzalo es agarrado por un soldado. “No vivo aquí”, protesta. "Mírame. No pertenezco aquí”. Se aleja, abandonando a Pedro y su familia a su suerte; Con ello el director Wood deja mal a Gonzalo, cuando él no podía hacer nada por ellos, si acaso, pero resulta una bajeza moral acusar al chaval de cobarde en esas circunstancias.

 

*No es creíble un soldado dispare a una persona (Silvana) simplemente por estar gritando, es querer deshumanizar a los militares en una jauría de chacales que no les importaba asesinar, siempre que fueran pobres. No es verosímil, no digo que no mataran en estos días, pero no eran tan desalmadamente estúpidos. Entonces se los llevaban a lugares controlados por ellos como comisarias, o el estadio de futbol de Santiago.

 

La zurdería está en contra de la clase media, pues ello implica que hay por debajo y por arriba, son más partidarios de que todos iguales, ósea, todos pobres (ningún régimen comunista ha triunfado, todos provocan el exilio de los que los sufren: Cuba, RDA, Corea del Norte o Venezuela), menos la clase dirigente que vivirán en la opulencia de sus dachas y rolex. Y es que aquí muestran un relato de amistad con el telón de fondo de los turbulentos días anteriores al golpe de estado de Pinochet, que tiene su clímax durante el mismo, esto repudiable, pero no se pueden hacer trampas al solitario, pues omiten porque se llegó a ello. Amén, de que aunque esto suene impolíticamente correcto, Pinohet llevó el bienestar económico al país andino, esto no justifica una dictadura, como no justifica la que quería imponer Allende por la puerta de Atrás.

 

El ejército no acometió la asonada por aburrimiento, lo hizo porque había un caldo de cultivo pestilente en la nación andina, con decir que había una inflación de más del 600 %, con desabastecimiento en los supermercados, con cartillas de racionamiento, con expropiaciones de empresas y tierras, con asociaciones tan toxicas con países como la URSS o la Cuba de Fidel Castro. Y ya para mí el colmo es ver el insulto a la inteligencia de rush final, con un asesinato inverosímil para tocar la fibra sensible, amén de reforzar la idea de cómo la clase alta pasaba de los pobres. Allende fue un presidente nefasto del país chileno, al que el golpe de estado romantizó como a un héroe trágico, cuando fue su incompetencia la que llevó a Chile al caos y con ello la asonada militar, totalmente execrable, pero Allende pretendía instaurar una dictadura comunista, similar a la que ha empobrecido en el continente americano a Cuba, Venezuela o Nicaragua, no era Allende ningún mártir a ensalzar. Hay que tener en cuenta que Allende dictó leyes que los jueces declararon inconstitucionales y aun así las hizo cumplir, eso se llama golpe de estado desde dentro (como hizo Hitler en Alemania).

 

Me queda una cinta que si se hubiera enfocado con complejidad el tema habría sido mucho mejor, y no quedar en algo sesgado políticamente hasta hacerla grimante. Gloria Ucrania!!!

martes, 23 de abril de 2024

 


Capricho Imperial.

 

Sugestivo y atractivo drama histórico estadounidense biopic sobre la zarina rusa Catalina la Grande y como llegó al trono. Dirigido y producido por el vienés Josef von Sternberg, con guion de Manuel Konroff, Eleanor McGeary, se inspira libremente en el diario de Catalina II de Rusia encarnada aquí por la berlinesa Marlen Dietrich. Film que cumple este año el 90 aniversario de su estreno (15/09/1934), y se mantiene fresco en modernidad, en su forma mordaz de tratar esta disfuncional corte. Fue la sexta de siete colaboraciones entre von Sternberg y su musa Marlene Dietrich ("El ángel azul", "Marruecos", "Dishonored", "Shanghai Express", "Blonde Venus", "The Scarlet Empress" y "El diablo es mujer") que convirtió su rostro en uno de los iconos inmortales del cine, en la que de nuevo la cámara se deleita en su belleza.

 

Destaca la cinta por la gótica estética recargada con la que dota los atestados decorados (rodada íntegramente en los estudios Paramount en Hollywood), creados por la dirección artística del germano tri-oscarizado Hans Dreier (“Perdición” o “Sunset Boulevard”), proyectando un estado de ánimo malsano y retorcido, rozando el escenario de terror salido de la mente de William Blake, donde hay constante presencia de grotescas figuras, el suizo Pete Babusch (“Los tres mosqueteros” o “Una americano en París”) creó cientos de esculturas parecidas a gárgolas de figuras masculinas "llorando, gritando o sumidas en la miseria" que "se alinean en los pasillos, decoran los tronos reales e incluso aparecen en los platos para servir". Figuras que se retuercen y contorsionan sobre el trono, asientos, espejos, o sosteniendo candelabros, dando impresión de envolver y poseer a los personajes en sus pesadillescas formas, con múltiples esculturas beatas, (cinco mártires macilentos y de gran tamaño custodian el lecho de Isabel), con un esqueleto de anfitrión de la mesa banquete de bodas real, cofres reales con santos tallados en sus tapas, el trono imperial tiene forma de la doble águila vengadora de las Rusias, hay un espejo curvado en forma de gárgola con cuernos y alas y una silla formada con la imagen de un santo mártir, para acomodar al modelo en el regazo del santo. Todo un sinfín de mobiliario mastodóntico, tapices inmensos, puertas ‘kinkongnianas’ que la pantalla no es capaz de abarcar, y deben ser abiertas y cerradas por dos personas, todo inundado de una fastuosa híper-realidad, con pasillos saturados de decoración; Ello iluminado por la expresionista lente en glorioso b/n de Bert Glennon (“La Diligencia”) con genuinos juegos de sombras lóbregas, juegos de reflejos en cristales, travellings incisivos, TOMAS DE GRÚA, y como no acariciando en delicados primeros planos el rostro de Marlen, con filtros que la hacen inalcanzable; punteado por la música clásica con arreglos de W. Franke Harling, John M. Leipold y Milan Roder, tomada de pasajes de los grandes Tchaicovsky, Mendelson y Wagner; Ello en un palacio poblado de pomposos húsares de diseño cool, ataviados por exagerados vestuarios de abrigos creados por el diseñador Travis Banton (“Perdición” o “El proceso Paradine”), también fascinan te para los trajes de la Dietrich, destacando el del rush final de húsar blanco con sombrero ruso militar de marta.

 

Y todo esto regido por un demente Duque Pedro encarnado por un maravilloso Sam Jaffe, con una madre dominante y protectora en la emperatriz Isabel encarnada magistralmente por Louise Dresser, y donde se retrata a Catalina en varias fases patentes por enunciados en pantalla marcan las elipsis, en un desarrollo de la protagonista desde una ingenua muchacha, a lideresa de un golpe de estado, pasando por como su belleza sedujo a militares para remover los cimientos de la nación más grande. Todo adornado por un acentuado sentido del humor, donde las insinuaciones sexuales y los diálogos con doble sentido están presentes, gracias a que el film fue estrenado previo al Codigo Hays de censura ("Catalina añadió fríamente el ejército a su lista de conquistas"). Por supuesto, que nadie espere una clase de Historia, aunque hay sus pinceladas (superficiales) de reflejar en bosquejos forzados la pobreza de la plebe rusa de mediados SXVIII, donde los hedonistas mandatarios viven en su burbuja mientras el pueblo está sumido en la miseria, esto solo queda como apunte a pie de página.

 

El director hace de la peli un vehículo para el lucimiento de su amada Marlene, y con ello hace un ejercicio de estilo visual impactante. Se le puede achacar la falta de cohesión narrativa, nos falta información para tener cosmovisión de lo que acontece, así como los cambios de Catalina suceden por Imperativo del guion, en cortes demasiado abruptos en como vemos su cambio de carácter.

 

La acción se inicia (1745) en Prusia y se desarrolla en Rusia, entre 1745 (boda de Catalina y Pedro) y 1762 (entronización de Catalina). La princesa Sofía Federica se casa por conveniencia política con el Gran Duque Pedro, sobrino de la zarina Isabel de Rusia y heredero del trono, “el hombre más apuesto de toda la corte rusa, esbelto y con la constitución de un dios griego (topándose con la dura realidad)”. Es rebautizada con el nombre de Catalina, se le impide hablar su lengua (alemán), se la mantiene alejada de todo lo que puede recordarle el país de origen y se le prohíbe alejarse sola de Palacio.

 

“Hace unos siglos, en un rincón del Reino de Prusia, vivía una pequeña princesa elegida por el destino para convertirse en el mayor monarca de su época: Zarina de todas las Rusias, la conocida como Mesalina del Norte”. Tras el enunciado vemos a la niña que será Catalina, convaleciente en cama, allí gimotea espetando: “No quiero ser una reina. Quiero ser bailarina”. Tras lo que la princesita escucha a su tutor un cuento infantil, donde narra las atrocidades cometidas por los zares Pedro el Grande e Iván el Terrible, mientras los vemos recreados en pantalla en un difuso pero aterrador encadenado de secuencias de torturas, donde se ven tomas de mujeres con los pechos desnudos (retortero que fue estrenada la obra antes de la censura del Codigo Hays), acabando con un reo utilizado como badajo para una gran campana, tras lo que simbólicamente la edición corta líricamente a la princesita columpiándose en el jardín. En una alegoría brillante de como la niña se verá enlazada entre la frivolidad y el horror en rusia.

 

Sobresale el humor tan bizarro que tiene, desde los pícaros encuentros entre Catalina y Alexei, la conversación entre Pedro y Catalina comiendo en una larga mesa a través de un criado, la escena donde Pedro agujerea una pared con un berbiquí para espiar un dormitorio ante la atónita mirada de Catalina, que observa como el agujero es sobre el ojo de un cuadro; la lectura familiar de la carta de Federico de Prusia, los besamanos de Sofía, Catalina con miriñaque en el vestidor, el encuentro entre Catalina y un húsar que desconoce quien es ella y juega con ella; Tenemos juegos pícaros como el de Alexei y Sofia (aun no es Catalina), al poco de conocerla él la besa, ella le espeta: "Por qué hiciste eso?", y él le contesta: "Porque me he enamorado de ti y ahora debes castigarme", le da para ello un látigo, insinuando que le gustan las relaciones sadomasoquistas (que atrevidos! repito, estamos antes del Codigo Hays); Tenemos a la llegada de Sofia a la corte recibida por la emperatriz Isabel, ello mientras de modo flemático un doctor se mete bajo el miriñaque de la recién llegada para hacerle un examen exprés ginecológico para cerciorarse de que es fértil; Tenemos un evocador encuentro que rezuma erotismo entre Catalina y Alexei en un establo, ella se sumerge en el heno, luego se endereza y se mete una pajita en la boca de lado, Alexei se la quita y ella se mete coquetamente otra, y él también se la quita, ya sí varias veces, esto cual running-gag lo repite ella más adelante para burlarse de Alexei (acaso es una metáfora de felación?); Está la escena del banquete de boda, filmado en emocional travelling a lo largo de la infinita mesa desbordada de comida, donde los invitados comen de forma atávica cual si no hubiera mañana; Está el turbador encadenado en que vemos a Catalina que abraza al teniente Dmitri (Gerald Fielding), deja caer el broche del conde Alexei (al que ha repudiado al sorprenderlo en el dormitorio de la Emperatriz), entrelazado esto por el vigoroso montaje a un plano de campanas tañendo celebrando el nacimiento del ‘heredero’ (claramente no siendo el padre Pedro); Como vibrante el tramo ultimo (spoiler).

 

Marlene Dietrich sabe expresar en su expresividad la evolución de su rol, desde la cándida prometida, a la lujuriosa amante, a la rebelde amotinada contra la locura de su marido, y von Sternberg la acaricia con el objetivo, la viste de encajes, con plumas, con pieles, con miradas subjetivas tras velos haciéndola plúmbea, con ropajes suntuosos el que parece hecho de púas de pelo blanco con puntas negras, que ondulan hipnóticamente cuando se mueve, enalteciéndola con la delicada iluminación, esto lo aprovecha la actriz para seducirnos con su encanto. A la apr que se hace creíble en el rush final dirigiendo el motín; Sam Jaffe da vida de modo guiñolescamente divertido a Pedro el Grande, con una sonrisa delirante, tiene una mente infantil, y parece no saber de sexo, cuando su deber es tener un heredero 

 

Spoiler:

 

Rush final: Un intertítulo dice, "Y mientras su Majestad Imperial Pedro III aterrorizaba a Rusia, Catalina añadió fríamente el ejército a su lista de conquistas". Catalina inspecciona a los oficiales del regimiento favorito de Alexei y destaca al teniente Dmitri al tomar prestada una de las condecoraciones de Alexei para recompensarlo por su valentía. También le llama la atención Orlov, el capitán de Dmitri. Esa noche, Catalina, se había negado a ver a Alexi en privado desde que lo admitió en las habitaciones de Isabel, le permite visitarla. Cuando están solos en su habitación, ella juega con él antes de enviarlo por la escalera secreta para abrirle la puerta al hombre que espera allí. Ve al Capitán Orlov y comprende que su oportunidad de tener una relación con Catalina ha pasado. Durante la cena, el archimandrita recoge limosnas para los pobres. Catalina se quita las pulseras del brazo, Orlov dona gemas, Alexéi regala una bolsa llena de monedas, el canciller añade una sola moneda y la amante de Pedro pone un trozo de comida en el plato. Pedro abofetea al archimandrita y luego propone un brindis por su amante, pero Catalina se niega a participar. Pedro la llama tonta y ella se va con Orlov. Pedro despoja a Orlov de su rango y lo destituye del servicio militar al trono. Luego pone a Catalina bajo arresto domiciliario, ocultándolo al emitir una proclamación pública de que está muriendo. En mitad de la noche, Orlov se cuela en la habitación de Catalina y la despierta. De uniforme, huye del palacio con sus tropas leales. Alexei la ve partir y murmura: "Sale Pedro III, entra Catalina II". Cabalga durante la noche, reuniendo hombres para su causa. En la catedral, el archimandrita bendice a Catalina y ella hace sonar la campana que señala el inicio del golpe. Pedro se despierta y abre la puerta, encontrando a Orlov haciendo guardia. Orlov dice "No hay emperador. Sólo hay una emperatriz" y lo mata, ello visto fuera de campo con una silueta negra de un gran crucifijo. Catalina ataviada de uniforme militar virginal blanco con gorro ruso, en una muy bella y operística escena suben las escaleras del palacio y entran atronadoramente en la sala del trono para hacerse con el poder en una asonada, mientras las campanas se unen a la Obertura de 1812. Su gobierno es seguro.

 

Me queda uno de esos films que es mejor pro partes que, en conjunto, pero esas partes son la mayoría brillantes, de las que calan. Gloria Ucrania!!!

 

PD. Hace el debut en la cinta la pequeña María, hija de Marlene, con una pequeña aparición al principio como Catalina niña.

domingo, 21 de abril de 2024

 


Los Chicos del Coro.

 

Sobrevalorado film francés, con más fama que poder de calado emocional, seguramente por aquello de que un elemento accesorio (la música del coro, creada por el maestro Bruno Coulais e interpretada por interpretada por el coro infantil de Saint-Marc: fundado en 1986 y disuelto en 2019) ha popularizado un film que por otro lado no pasa de enmarcado en el sub género de instituciones con alumnos problemáticos al que llega un nuevo profesor, de ir tirando uno por uno de todos los clichés, sin sorprender nunca, sin haber giro alguno que te remueva, con personajes estereotipados hasta lo rancio, los buenos y los malos, y con un desarrollo ultra previsible, lo que da una sensación constante de déjà vu, y eso que era la vez primera que la veía, la he visto por el 20 aniversario de su estreno (17/03/2004). Primera dirección en largometraje de Christophe Barratier, que guioniza en colaboración con Philippe Lopes-Curval, inspirándose en la experiencia personal del realizador, que tras el divorcio de sus progenitores vivió en un internado en su infancia, antes de convertirse en director de cine, tuvo una formación musical clásica como guitarrista, estudió en la École Normale de Musique de París y obtuvo premios en varios concursos internacionales. Aunque la cinta es una adaptación de la película de Jean Dréville “La Cage aux rossignols” (1945) con Noël-Noël, en la que participaron los Pequeños Cantores de la Cruz de Madera, basada a su vez en una idea de Georges Chaperot y René Wheeler. La historia de “La Cage aux rossignols” se inspira directamente en la de un centro educativo existente, Ker Goat, situado en Pleurtuit, entre Dinan y St Malo, cuyos equipos creados por los pedagogos Jacques Dietz y Roger Riffier, trabajaron en el desarrollo de los niños en dificultades a través de la práctica del canto coral de forma innovadora como método de enseñanza.

 

Glenn Ford en "Semilla de maldad" (1955), Sidney Poitier en "Rebelión en las aulas" (1967), Meryl Streep en "Música del corazón" (1999), Morgan Freeman en "Escuela de rebeldes" (1989), Michelle Pfeiffer en "Mentes peligrosas", Keanu Reeves en "Hardball" (2001), Kevin Costner en "McFarland, U.S.A." (2015), Jon Voight en "Conrack" (1974), Samuel L. Jackson en "Coach Carter" (2005), Antonio Banderas en "Déjate llevar" (2006), Hilary Swank en "Diarios de la calle" (2007), Aidan Quinn "Los niños de San Judas" (2003), todo un reguero de films cortados por el mismo patrón y molde, nada se sale de lo esperado, aquí aderezado por una estructura en flash-back a lo “Cinema Paradiso” (1988), hasta hace un personaje similar Jacques Perrin en ambos films, mezclado con el fondo musical extraído de “Sonrisas y Lágrimas” (1965). Esta vez el profesor se llama Clement Mathieu, en películas anteriores eran el señor Chips, la señorita Jean Brodie, el señor Holland, el señor Crocker-Harris (en " La versión Browning "), John Keating (en "El Club de los Poetas Muertos "), Joe Clark (en " Lean on Me"), Katherine Anne Watson (en " Mona Lisa Smile"), Jaime A. Escalante (en "Stand and Deliver") o Roberta Guaspari (en "Music of the Heart"), y más, en este sub género de loa a la docencia como vocación natural, y donde los discípulos quedan marcados de por vida. Pues en este “Los Chicos del Coro” se atiene a unas coordenadas básicas que explota sin pizca de originalidad, cayendo en la complacencia, derrochando buenismo, sin arriesgar. Film este de los que busca agradar, quiere dejar buen regusto con su ración de azúcar, pero desde un sinfín de lugares comunes. Lo del nuevo maestro que llega al lugar para hacerse cargo de un grupo problemático de individuos, y que termina convirtiéndolos en mejores personas a base de mano izquierda y a través de una actividad diferente a la habitual (en este caso la música).

 

Aquí, como en casi todos los mencionados films, se atacan los métodos rígidos de disciplinar a los alumnos punitivamente, en pos de ensalzar el entendimiento, ser flexible, comprensivo, saber buscar algo que una a los jóvenes para con ello motivarlos e ilusionarlos, para dotarlos de autoestima

 

La película se desarrolla en 1949. Clément Mathieu, un profesor de música desempleado, acepta un puesto de supervisor en un internado para niños llamado “Fond de l'étang”; El sistema represivo aplicado por el director Rachin molesta a Mathieu. Introduciendo a estos niños difíciles en la música y el canto coral, Mathieu conseguirá transformar su vida cotidiana.

 

En 2003, mientras se preparaba para dar uno de sus conciertos en Estados Unidos, el director Pierre Morhange se enteró de que su madre había muerto. Regresa a su casa en Francia después de su concierto (donde se le ve dirigiendo el vals Künstlerleben de Johann Strauss II) para su funeral. Uno de sus amigos, Pépinot, llega a su puerta con un diario que perteneció a Clément Mathieu, uno de sus supervisores. Lo leen juntos. Unos cincuenta años antes, en 1949, Clément Mathieu, músico fracasado y profesor de música en paro, llegó al "Fond de l'Étang", un internado para niños, para trabajar como supervisor. Cerca de la puerta, ve a un niño muy joven llamado Pépinot, esperando el sábado, día en el que, según él, su padre vendrá a recogerlo. Más tarde nos enteramos de que los padres de Pépinot murieron durante la ocupación , pero Pépinot se niega a admitirlo. Clément descubre que los chicos del internado son severamente castigados por Rachin, el director: castigos corporales, servicios comunitarios, aislamiento en un calabozo durante varias semanas y castigos arbitrarios para fomentar la denuncia de los estudiantes equivocados. Luego intenta utilizar el humor y la amabilidad para hacer valer su autoridad, lo que, para su sorpresa, funciona.

 

La cinta sigue el sendero ya ajado por multitud de obras similares anteriores, mezclando drama y humor queriendo en ello manipularnos emocionalmente a empellones. Aquí el nuevo profesor se encuentra una institución represiva para los alumnos, en realidad traviesillos sin más (él único malo de verdad llega in media res, Pascal Mondain [Pascal en su mejor momento da una versión soez de À la claire Fontaine], un joven delincuente de un reformatorio, y desaparece cuando da problemas de robos), cual presidio se castiga a los alumnos con celda de aislamiento por ‘fechorías’. Clément comienza a hacerse con la confianza de los chicos por delatar a uno de ellos; Luego recoge una ‘afrenta’ como que los chicos escriben una canción grosera sobre él y le da la vuelta a la situación, para si es que gustan de cantar, pues que canten, y crea un coro escolar, lo que termina (oh, sorpresa!) haciendo que los niños tengan ilusión por algo, y no se sientan desorientados y sin referentes morales; tenemos a un alumno problemático (en realidad solo travieso) y rebelde que se niega a hacer el casting, y (oh, sorpresa!) termina teniendo la mejor voz de todos; Hay un romance platónico metido con calzador entre el profesor inspirador y Violette Morhange (cumplidora Marie Bunel), la madre del alumno rebelde, que termina demostrando que el docente es un perdedor; Hay el clásico movimiento desde el poder saboteando la nueva ilusión del coro, convirtiéndose este en algo clandestino, cual ‘La Resistencia’ en tiempos de ocupación nazi, lo que es un acto de rebeldía contra la opresión del poder dictatorial; para al final el profesor terminar como lo hacen casi todos los que desafían al poder establecido. Y con ello el ya manido acto de reconocimiento de los alumnos, pero en este caso no me emociono, pues hay un error manifiesto (*spoiler); para coronarlo todo con un epílogo sensiblero en el presente.

 

Las actuaciones resultan solventes, sin más. Gérard Jugnot como el profesor Clément cumple sin alardes, nunca llega a tener el carisma necesario para llegar a calarnos; François Berléand está correcto como Rachin, el tiránico director de la institución, en un rol sin matices; Jean-Paul Bonnaire como el padre Mexence cumple en un papel de apoyo bondadoso a Clément; de los alumnos todos resultan difusos en conjunto, solo Jean-Baptiste Maunier como Pierre Morhange tiene algo de peso en un papel demasiado edulcorado, y Mexence Perrin como el huérfano Pépinot es el otro con un rol almibarado sin más; Ah, entre los chicos, se me olvidaba, pues se salía del molde, está Grégory Gatignol como el bad-ass Mondain, este si tiene una notable presencia con su maldad que transmite su rostro.

Spoiler:

 

Cuando Rachin se marcha para aceptar un premio en nombre del internado después de decir que fue él quien inició el coro, Clément y el padre Maxence se toman el día libre y llevan a los niños a dar un paseo por un bosque cercano. Mientras la escuela está desatendida, Mondain regresa y prende fuego al internado. Clément es despedido por violar las reglas, aunque salvó la vida de los estudiantes. Cuando Clément se va, los chicos del internado, a quienes tienen prohibido despedirse de él, se encierran en su clase, cantan –para gran disgusto de Rachin– y le lanzan mensajes de despedida en aviones de papel. Esto lo ve Clément desde el exterior, mientras se marcha con su maleta. *Esto carece de poder emocional, pues no vemos los rostros de los chicos, anulando el poder conmovedor de los chicos emitiendo quedarse huérfanos de referentes allí); De vuelta al presente, Pierre Morhange, ya adulto, termina de leer el diario y cuenta lo que sucedió después: después de que Clément Mathieu fuera expulsado, su madre lo sacó del internado y ganó su beca para ir al conservatorio de Lyon. Ante la negativa de Violette a llevar a su hijo de nuevo al internado, el ingeniero los abandonó. El padre Maxence y demás profesores denunciaron métodos abusivos de Rachin, tras investigación en que se interrogó a los niños, fue despedido. Según Pépinot, Clément Mathieu continuó dando lecciones de música hasta el final de su vida sin volver a intentar dar a conocer sus composiciones. La escena final, en el pasado, muestra a Clément esperando su autobús. Al entrar, mira hacia atrás y ve a Pépinot corriendo detrás de él, insistiendo en que la lleve consigo. Clément se niega al principio, al no estar autorizado, y abandona Pépinot. Sin embargo, el autobús se detiene unos instantes después y Clément acepta: los dos se van juntos. La película termina con la última frase de Pierre en off: “Pépinot tenía razón al creerlo, el día del despido de Mathieu era sábado. »

 

La película fue gran éxito y consiguió ocho millones y medio de entradas. Nominado ocho veces al César del cine en 2005, ganó el César a la mejor música y al mejor sonido. También estuvo nominada dos veces a los Oscar: Mejor Canción Original y Mejor Película en Lengua Extranjera (perdió ante la española “Mar adentro”).

 

La mayoría de los niños no son actores profesionales y fueron seleccionados en escuelas y colegios de la región de Clermont-Ferrand en Auvernia, excepto dos, de París.

 

Maxence Perrin (Pépinot) es el hijo de Jacques Perrin, que abre y cierra la película. Jean-Baptiste Maunier (Morhange) es miembro de la maestría de los Petits Chanteurs de Saint-Marc.

 

Se rodó en Auvernia, en el parque natural regional de Livradois-Forez, en parte en los municipios de Courpière y Ravel (Puy-de-Dôme); esto permitió al castillo de Ravel adquirir mayor notoriedad y triplicar su número anual de visitantes. La escena de la condesa se rodó en el castillo de la Garde de Albaret-Sainte-Marie (Lozère).

 

El éxito de la película se debe en gran medida a la música escrita por Bruno Coulais y, en particular, a la canción Vois sur ton chemin; Las voces utilizadas para las canciones de la película son en parte las de los Petits Chanteurs de Saint-Marc, de Lyon, dirigidas por Nicolas Porte. Posteriormente, el coro actuó en numerosos escenarios de toda Francia. Disfrutaron del éxito en todo el mundo y realizaron giras por Europa, Asia y América (Canadá).

 

La banda sonora recoge 20 temas, entre los que destacan "Les Choristes", "Sous la pluie", "Nous sommes de Found de l'Etang" y sobre todo "Vois sur ton chemin", tema este último nominado al Oscar.

 

Igual es que me ha pillado en un mal momento, pero no es una peli para conmover, y ni de lejos lo ha conseguido, pues me ha resultado muy trillado lo que sucede. Gloria Ucrania!!!

5

 

Tucker, un hombre y su sueño

 

Buenista y demasiado plana hagiografía del emprendedor y visionario inventor (dejó para la posterioridad los cinturones de seguridad y los frenos de disco, entre otros elementos que perduran) Preston Tucker. Proyecto personal del productor y director Francis Ford Coppola, relata la historia de Tucker y su intento de producir y comercializar el Tucker 48, encontrándose con el boicot de las tres grandes de Detroit (General Motors, Ford y Chrysler), que derivó en acusaciones de fraude bursátil por parte de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. La cinta es un lienzo bondadoso del Sueño Americano, que termina cono la lucha del Bien vs Mal, donde Tucker es un particular David enfrentándose al Goliat del todopoderoso lobby del automóvil. Tucker como un soñador con un vitalismo a prueba de bombas, un optimista irredento, al que Coppola se paraleliza, se ve a sí mismo como una versión contemporánea de Tucker, Francis dice que ha estado fascinado por la leyenda de Tucker desde que vio por primera vez un automóvil Tucker a finales de los años 40, su padre Carmine compró acciones de la compañía Tucker, y adquirió un modelo, que el hijo director de cine conserva. Muchos detalles coinciden entre el fabricante de automóviles y el cineasta, como la esposa leal, la gran familia, el grupo muy unido de amigos que colaboran a todas horas, los proyectos grandiosos, el verdadero genio, la creación de una compañía para realizar sus sueños y que colapsó (para Coppola su compañía Zoetrope Studios).

 

Coppola despliega una elegancia manifiesta, un film de los 80 que brilla, en el mejor sentido, como de los 40, con un ritmo ágil y muy fluido. Con una cinematografía del maestro Vittorio Storaro (“El Conformista” o “Apocalypse Now”) lúcida que destila fulgor enérgico, jugando a engrandecer la figura de este particular Charles Foster Kane (Coppola dijo haber sido fuente de inspiración la ‘wellesiana” “Ciudadano Kane”) con contrapicados, ello adornado por una bella recreación del tiempo fruto del gran trabajo del gran diseñador de producción Dean Tavoularis (“Apocalypse Now” o “El Padrino III”), el estupendo vestuario creado por la cuatri-oscarizada Milena Canonero (“Barry Lyndon”, “Carros de fuego”, “Cotton Club”, y “El Gran Hotel Budapest”), así como neurálgica la música jazzística del inglés Joe Jackson con big band. Tenemos a un más que competente elenco de intérpretes, encabezados por un carismático Jeff Bridges, calcando de modo fenomenal a su Preston Tucker, una vivaraz Joan Allen como su esposa que siempre le apoya, un brillante Martin Landau (nominado al Oscar como Mejor Secundario, ganando por esta actuación el Globo de Oro) como el fiel consejero, un formidable Dean Stockwell , que en una sola escena desborda la pantalla con su encarnación de Howard Hughes, amén de otros con menos peso dramático como Elias Koteas, Frederic Forrest y Christian Slater.

 

Pero es su tono de ligereza envuelto en el estilo ultra optimista ‘capriano’ lo que hace perder lo bueno en pos de un almibarado mensaje de la batalla del individuo contra los oligopolios, todo rezuma azúcar en este relato. Su historia está demasiado romantizada, sin aristas, directa al mentón, el idealismo de Tucker arrollado por el capitalismo más salvaje, no hay sutilidad, ni complejidad, no hay profundización en Preston, en que lo motiva, no hay introspección de donde le viene su arrojo en el mundo de crear inventos es así y punto. No tiene conflicto alguno con su familia que le sigue y alienta a ciegas. Se entra en el mundo del marketing tan importante cuando se quiere vender algo, se entra en el mundillo de la prensa tan importante como soporte de este marketing, se entra en la cloaca política tan importante para no ser saboteado, se entra en la ciénaga de los oligopolios tan importantes para no ser laminado, se colisona con el estamento judicial, tan importante como sibilino instrumento de los poderosos intereses ocultos tras la cortina. Pero a todo esto referido se le da cobertura de modo simplista, se caricaturiza en exceso todo esto como para ofrecernos una fotografía de calado de esta cosmovisión. Se cae en la complacencia, en la simpleza y con ello se queda en la superficie.

 

El ingeniero de Detroit Preston Tucker (Jeff Bridges) ha estado interesado en la construcción de automóviles desde la infancia. Durante la Segunda Guerra Mundial, diseñó un vehículo blindado para el ejército y ganó dinero construyendo torretas para aviones en un pequeño taller junto a su casa en Ypsilanti-Michigan. Tucker cuenta con el apoyo de su numerosa familia, en particular su esposa Vera (Joan Allen), sus hijos Preston Jr. (Christian Slater) y Noble (Corin Nemec (el eterno Parker Lewis), y su hija Marilyn Lee (Nina Siemaszko). A medida que la guerra termina, Tucker se inspira para construir el "automóvil del futuro". El "Tucker Torpedo" contará con diseños de seguridad revolucionarios, que incluyen frenos de disco, cinturones de seguridad, un parabrisas desplegable y faros que giran cuando el automóvil gira. Tucker contrata al joven diseñador Alex Tremulis (Elias Koteas) para que le ayude con el diseño y recluta al financiero neoyorquino Abe Karatz (Martin Landau) para conseguir apoyo financiero. Al recaudar el dinero mediante una emisión de acciones, Tucker y Karatz adquieren la enorme planta Dodge Chicago para comenzar a fabricar. Abe contrata a Robert Bennington (Dean Goodman) para dirigir la nueva Tucker Corporation en el día a día. Las tres grandes de Detroit (General Motors, Ford y Chrysler) le boicotearan al ver en peligro su negocio.

 

Siendo un film bonito de ver, que no aburre, tampoco te deja alguna escena para el recuerdo, tiene enfrentamientos entre el idealismo vs el pragmatismo, tenemos el tramo de la presentación a prensa del Tucker 48, cuando Tucker se apartado de su propia empresa, el alegato durante el juicio, pero en realidad solo medio recuerdas, la escena del encuentro entre los dos visionarios Preston Tucker con Howard Hughes, especie de impulsor del proyecto cuando este estaba en sus peores momentos. Es una obra amena, pero a la que le falta intensidad dramática, absorbida por la banalidad con que se aborda todo, tanta que llegados al final se ve con interés, pero nunca se conecta emocionalmente con este protagonista idealizado y nunca humanizado.

 

Es una cinta a la que le falta chispa y le sobran buenas intenciones. Tiene a un gran protagonista Jeff Bridges, saboreando su rol con ímpetu y frescura, emitiendo buen rollo con sus embrujadora perenne sonrisa, pero este en realidad es solo un charlatán de barraca intentando vender su crépelo, y es que él en realidad no inventa nada, él ‘sueña’ con un auto y son los ingenieros los que deben dar forma. Es como el que dice va a inventar la radio a color, y a continuación pone a técnicos a crearla. Muchos sea que no soñara con un coche volador y anfibio que se moviera de forma autónoma.

 

Spoiler:

 

Rush final: Incapaz de cambiar el diseño de Bennington, Tucker modifica el nuevo motor y lo instala en un Tucker de prueba en el secreto de su taller de herramientas y troqueles en el patio trasero. Este prototipo resulta exitoso, tanto en durabilidad como en pruebas de choque. Sin embargo, Tucker se enfrenta a acusaciones de fraude bursátil. La investigación de Ferguson con la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) hace que Karatz, una vez condenado por fraude bancario, renuncie por temor a que sus antecedentes penales perjudiquen las audiencias. El periodismo amarillista casi arruina la imagen pública de Tucker, pero la batalla judicial se resuelve cuando muestra toda su producción de cincuenta Tucker 48, lo que demuestra que ha alcanzado el estado de producción. Después de dar un discurso ante el jurado sobre cómo el capitalismo en los Estados Unidos se ve perjudicado por los esfuerzos de las grandes corporaciones contra los pequeños empresarios como él, Tucker es absuelto de todos los cargos, pero Tucker Corporation cae en quiebra. En el plano final de la película, toda la línea de producción de Tucker (cincuenta "autos del futuro") circula por las calles del centro de Chicago, admirada por todos al pasar.

 

Epílogo: Preston Tucker murió de cáncer de pulmón seis años después del juicio. Aunque sólo se produjeron 50 Tucker 48, 46 de ellos permanecían aptos para circular y en uso en 1988. Muchas de las innovaciones de Tucker (estilo aerodinámico, tablero acolchado, ventanas emergentes, cinturones de seguridad, inyección de combustible y frenos de disco) fueron adoptadas gradualmente por fabricantes de automóviles más grandes y se encuentran en la mayoría de los automóviles modernos.

 

Desde niño, Coppola imaginó una película sobre el automóvil Tucker y, mientras asistía a la Escuela de Teatro, Cine y Televisión de UCLA a principios de la década de 1960, perfeccionó aún más un concepto cinematográfico basado en la vida de Preston Tucker. En junio de 1973, durante el rodaje de El Padrino II (1974), Coppola anunció su intención de iniciar el desarrollo en American Zoetrope como escritor, productor y director. Ya se había acercado a Marlon Brando para el papel principal. Luego compró los derechos de Tucker Estate en 1976, y, además de Brando, discutió el papel principal con Jack Nicholson y también consideró a Burt Reynolds. Inspirándose en Ciudadano Kane (1941), el teatro Kabuki y la obra de Bertolt Brecht, Coppola inicialmente planeó hacer a Tucker como un "musical oscuro". Más tarde dijo que la idea se aproximaba al estilo de una película experimental, similar a Mishima: Una vida en cuatro capítulos (1985), que él produjo. El musical habría presentado predominantemente a Tucker, pero las historias habrían entrelazado a Thomas Edison, Henry Ford, Harvey Samuel Firestone y Andrew Carnegie como personajes secundarios. Leonard Bernstein aceptó escribir la música y Betty Comden y Adolph Green fueron contratados para escribir la letra. Todos pasaron una semana en la casa de Coppola en California, planeando el musical, lo que resultó en que Bernstein escribiera una canción. Coppola también se acercó a Gene Kelly como consultor para la coreografía de danza. Sin embargo, la financiación de Tucker fracasó cuando la productora de Coppola, American Zoetrope, se declaró en quiebra tras los fracasos de taquilla de One from the Heart (1982) y The Cotton Club (1984).  Coppola abandonó a Tucker por el momento y se puso a trabajar en Peggy Sue Got Married (1986).

 

En 1986, durante la producción de Captain EO (1986), el amigo de Coppola, George Lucas, lo animó a revivir el desarrollo de Tucker , creyendo que era "la mejor película en la que Francis había estado involucrado". Además, Lucas aceptó servir como productor ejecutivo y ofreció el uso de sus compañías cinematográficas, Lucasfilm e Industrial Light & Magic. También convenció a Coppola de que abandonara la idea musical en favor de hacer un homenaje a las películas de Frank Capra, especialmente “El señor Smith va a Washington” (1939). Coppola se interesó en el aspecto del sueño americano de la historia, así como en el capitalismo y la política posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En un momento, Coppola se acercó a Capra para producir la película con Lucas, sin embargo, Capra pensó Tucker era un fracaso y Coppola abandonó ese plan.

 

Coppola originalmente tenía la intención de escribir el guión él mismo, pero debido a su compromiso con el rodaje de Jardines de piedra (1987), contrató a Arnold Schulman, quien escribió el guión de Un agujero en la cabeza (1959) de Capra. Schulman se enojó cuando la WGA le concedió al guionista David Seidler, que había estado previamente vinculado al proyecto, un crédito de coautoría, afirmando: "Créanme, estaba enojado por la apropiación del crédito de Tucker. Todavía estoy "Estoy cabreado. Ese es un caso en el que cada palabra del guión es mía". Coppola también estaba disgustado por el crédito de Seidler, afirmando: "Le dieron el crédito a un escritor que no tenía nada que ver con el guión que usé". Los realizadores idearon un presupuesto de producción de 24 millones de dólares, pero Universal Pictures, Walt Disney Pictures, TriStar Pictures y Paramount Pictures querían Coppola y Lucas lo redujeran a 15 millones de dólares. Los distribuidores también tenían dudas sobre trabajar con Lucas después de los fracasos comerciales y críticos de 1986 tanto de Labyrinth como de Howard the Duck. Lucas decidió cubrir él mismo el presupuesto de 24 millones de dólares y comenzó la preproducción.

 

El desarrollo y producción de Tucker: The Man and His Dream incluyeron la participación de los hijos y nietos de Tucker. Jeff Bridges fue elegido para el papel principal y, con fines de investigación, estudió los gestos y movimientos de Preston Tucker a través de películas caseras. Los descendientes de Tucker también le dieron a Bridges la oportunidad de lucir el anillo de perlas negras y los gemelos del hombre en su guardarropa. El hijo de Preston, John Tucker, dijo que Bridges "lo tiene todo en los gestos y la apariencia. Mi padre era muy positivo, siempre pensando en lo que vendría después. Jeff capta eso". La familia de Coppola atravesaba un momento estresante durante la producción y dedicó la película a Gio, su hijo mayor, que murió antes de comenzar el rodaje.

 

Cuarenta y siete de los 51 Tucker '48 originales todavía existen, y muchos están en excelentes condiciones. Veintiuno de los coches fueron tomados prestados de miembros del Tucker Automobile Club of America y se utilizaron ampliamente como "decoración de escenario" y en papeles protagónicos.

 

Coppola tenía cierta afinidad personal con el efímero legado de Preston Tucker. Su padre, Carmine Coppola, había sido uno de los inversores originales en las acciones de Tucker y compró uno de los coches de la línea de producción. Coppola incluyó la participación de los hijos, nietos y miembros de Tucker Estate de Preston Tucker durante el desarrollo de Tucker a fines de la década de 1970, así como durante el rodaje en 1987. Coppola y Lucas reconocieron tenían la intención de retratar Tucker de manera comprensiva. Ambos cineastas poseían cada uno dos Tuckers,  aunque Lucas finalmente vendió uno de sus autos en septiembre de 2005 por 385.500 dólares.

 

Imprecisiones históricas. Preston Tucker en realidad no tenía una línea de montaje; hay una en la película; En realidad, tuvo cinco hijos, en la película sólo hay cuatro; Nuestra historia se desarrolla en un año, la historia real se desarrolló a lo largo de cuatro años; Cosas como el presidente de la Tucker Company era un buen tipo, pero necesitábamos un villano, así que lo convertimos en villano; Alex Tremulis , quien sirvió como uno de los consultores históricos durante la producción, es representado como el diseñador jefe de automóviles del Tucker Torpedo en lugar de como el estilista, y la película ignora la participación del diseñador Philip Egan.

 

En 1973, Coppola comenzó el desarrollo de una película basada en la vida de Tucker, originalmente con Marlon Brando en el papel principal. A partir de 1976, Coppola planeó que Tucker fuera una película tanto musical como experimental con música y letras escritas por Leonard Bernstein, Betty Comden y Adolph Green. El proyecto finalmente colapsó cuando el American Zoetrope de Coppola experimentó problemas financieros. Tucker revivió en 1986 cuando el amigo de Coppola, George Lucas, se incorporó como productor ejecutivo.

 

Sus conexiones emocionales con los autos Tucker y este proyecto son inextricables: Coppola en realidad posee algunos autos Tucker; su padre compró uno recién salido de línea en la década de 1940; su hijo Gian Carlo, un gran fanático de los autos Tucker, y a quien está dedicado "Tucker", murió en un espantoso accidente de navegación el año pasado. Y esa pasión sincera parece haber impulsado lo que podría ser un avance comercial necesario y satisfactorio para Coppola.

 

Es un film interesante, pero espero mucho más de Coppola que ser un trivial aprendiz de Frank Capra. Gloria Ucrania!!!