domingo, 29 de junio de 2025

 


EL JUEGO DEL CALAMAR. T2

 

Tras el éxito de la primera temporada, la serie más vista de Netflix de todos los tiempos, estaba destinada a ser auto conclusiva, pero se decidió crear una segunda intentando abrir nuevos senderos, no siempre con triunfo. Creado por el escritor y director Hwang Dong-hyuk, mientras la primera era un análisis crítico (bastante de brocha gorda) del capitalismo salvaje, en esta se adentra en los mecanismos de combatirlo mediante la solidaridad, la unión y derivando de ello la revolución contra el sistema, habiendo de por medio una radiografía turbadora de la democracia y como es un imperfecta. En su desarrollo se abordan temas de la primera como es la avaricia, el darwinismo, el egoísmo, el sacrifico por un bien mayor, pero en esta además se exploran los mecanismos del liderazgo, la presión de detentar el poder. Aquí la capacidad de sorpresa es escasa, el argumento es similar a la primera en su premisa, centrado en el concurso titular y en sus pruebas ‘sálvese el que pueda’.

 

Pero como en toda secuela, lo que no puedan generar en originalidad (sigue siendo una especie de reality show Gran Hermano, con 456 participantes y solo puede quedar uno, cual “Los Inmortales” para su premio de 45.600 millones de wones), la estructura, la ambientación, los decorados, los pintorescos vestuarios (inspirados claramente en la hispana serie tv “La casa de Papel”), las motivaciones del creador del concurso iguales, para intentar superarse se aumenta la aparatosidad de violencia, con más gore, más sangre, más muertos, más escenas de acción. En esta hay en su rush final, primero una secuencia de carnicería entre los propios concursantes, ahora ingeniosamente divididos por sus ideas (a favor y en contra de continuar en el concurso), cual partidos políticos, en 0 y X, se matarán atávicamente para menguar al oponente. Y es que las ideas expuestas se manejan en trazo grueso, poco sutilmente. Por supuesto, se introducen personajes nuevos, siendo estos nuevos otro nuevo grupo de perdedores, con deudas derivadas de inversiones en criptomonedas, carreras fracasadas como influencers o facturas médicas, aunque el protagonista se mantiene. Destaca como se ha querido mostrar el otro lado, el de los guardias mostrando sus motivaciones

 

El debate y dilema moral de la primera de que estas dispuesto a hacer por mucho dinero sigue presente, pero se añade la reflexión sobre como la democracia te puede empujar a alago inmoral por la codicia ajena, y ante esta visión individualista de creer que la masa está equivocada solo te queda rebelarte (REVOLUCIÓN). El problema es que el ideólogo de este plan es un tipo que ha pasado del empático de la primera a ser un tipo repelente, se cree con derecho a decirles a los demás lo que deben hacer, algo muy del comunismo y el fascismo (en realidad son lo mismo), un líder que se cree mesiánico (un profeta que sabe lo que va a pasar) y que por ello se cree con derecho para guiar a su pueblo. Aunque entre en el concurso con un plan indefinido, a salto de mata, y cuando al final decide poner en marcha uno que se le ha ocurrido es inverosímil, no soporta el mínimo análisis. Produciéndose un clímax torticero y chapucero, primero es que se convierte en alguien despreciable al sacrificar en su mesianismo a los más débiles (se llama eugenesia), que los ve morir con frialdad, son de los suyos (X), esto ya me resulta vomitivo (por no hacer spoiler sigo en zona spoiler). Este rush final, entiendo lo que quiere decir sobre que hay que rebelarse contra el ‘opresor’, pero está metido con calzador, de forma que se pega varios tiros en el pie en la forma tosca de exponerlo. Y encima está claramente hecho para dejar el ‘cliffhanger’ para la tercera temporada, y termina in media res.

 

La primera temporada del thriller de supervivencia surcoreano siguió a Seong Gi-hun (Lee Jung-jae), padre divorciado y ludópata que se une al Juego del Calamar con la esperanza de ganar suficiente dinero en premios para pagar sus deudas y mantener a su familia. Gi-hun y otros 455 jugadores intentaron salir de la pobreza compitiendo entre sí en nostálgicos juegos de la infancia. Sin embargo, pronto descubrieron que la eliminación significaba la aniquilación total. A pesar de perseverar como el concursante ganador y llevarse a casa 45.600 millones de dólares, Gi-hun sigue atormentado por la experiencia. Incapaz de seguir adelante y disfrutar de su inmensa riqueza, Gi-hun está decidido a desmantelar el juego desde dentro, cueste lo que cueste. Tres años después de ganar, Gin-hun ha hecho poco por cambiar su situación. Paranoico y con problemas emocionales, es solo una sombra de lo que fue, viviendo en un aislamiento casi total. En lugar de seguir a su hija a USA, su único objetivo es encontrar la manera de volver al juego y ponerle fin. Aunque su investigación solo ha dado resultados infructuosos, su suerte cambia cuando se cruza con Hwang Jun-ho (Wi Ha-joon), policía se infiltró en el juego como guardia con la esperanza de encontrar a su hermano desaparecido, Hwang In-ho (Lee Byung-hun). Hasta que Seong encuentra al reclutador (Gong Yoo), misteriosa figura ficha jugadores para el juego.

 

Esta temporada parece haberse estirado demasiado con mucho michelín a liposuccionar, como es que tarde tres capítulos en llegarse a la isla con los juegos, dos tediosos primeros capítulos donde uno hace que preguntarse hacia donde va la serie, cuando el aliciente es precisamente el título y lo cansino de mostrar a un protagonista repelente, ya nos e acuerda de su hija, se jugó la vida por ella y que no se fuera a USA, y ahora ya no existe, obsesionando de modo ridículo con el juego, atacando con ello la libertad personal de cada uno de los concursante que aceptan libremente hacer con su cuerpo lo que les venga en gana. Algo de índole muy fascista y comunista creerse una persona con el derecho de decirle a la masa lo que está bien y mal.

 

Lo bueno son las pruebas o juegos, y volvemos a tener el ya legendario ‘Luz verde, luz roja’ en el gran patio con la gigante muñeca, pero ahora hay un cicerone que intentará alertar a los demás del peligro letal de los juegos, como Casandra, nadie le creerá hasta que sea demasiado tarde y entonces la escabechina. Juegos donde la tensión se vive palpable en como el cainismo de unos y otros aflora con el rally de pequeños juegos o el tiovivo musical. Estableciéndose, como en la primera temporada, alianzas, y traiciones conforme debe primar la individualidad. En esta temporada se añade el componente de líder revolucionario de Gi-hun, que quiere convencer a todos de lo nocivo del juego, y cuando no puede por la palabra, pues como tipo coherente, para combatir la violencia atávica del juego decide acabar con ella con más violencia y muerte (¿?). Aunque toda la ‘intríngulis’ (vaya palabro) tiene que ver con la discusión filosófica que tiene con el Líder (entonces Gi-hun no sabe lo es), consiste en probar la gente puede ser solidaria y pensar en el bien del otro.

 

Gran diferencia, que suma el debate sobre lo bueno o malo de la democracia, es que después de cada juego (y no solo una vez, como en la anterior), los sobrevivientes pueden votar entre irse con el dinero conseguido hasta el momento o continuar acumulando más, secuencias rituales donde vemos lánguidos desfiles que llegan a ser tediosos, cuando quieren imprimir tensión.

 

Tiene taras como todo lo que sucede al policía que investiga desde fuera en un barco con un equipo y un dron, totalmente superflua, sin conexión con lo que ocurre en el juego, un mal aperche ya era en la primera temporada, en esta se aumenta.

 

Entre el elenco repiten dos personajes. Como es Seong Gi-hun encarnado por Lee Jung-jae, protagonista que ganó el juego anterior, pero regresa y vuelve a jugar con objetivo de destruir el juego desde dentro. Pero ahora resulta irritante en su comportamiento de adanista salva patrias. Porque se cree con más razón para acabar con el juego que aquellos que si desean continuarlo. De hecho, él mismo en la primera temporada, tras saber de que iba el juego, ósea, a vida o muerte, se marchó del juego y volvió a decidir libremente volver, incoherente, no puedo empatizar con él, me repele; A su lado estará el concursante Nº 1, que al igual que en la primera temporada (poca originalidad) será el jefe infiltrado (aunque en la primera temporada esto solo se sabrá al final, aquí se sabe de inicio), pasamos del tierno anciano, a Lee Hwang In-ho al que da vida Lee Byung-hun (muy parecido al danés Mads Mikkelsen), en realidad es el supervisor del juego pero se hace pasar por competidor. El actor da bien con el tipo enigmático que no se sabe bien a que juega; El villano entre los concursantes es aquí Thanos al que da vida Choi Seung-hyun (con una interesante intrahistoria *spoiler), un ex rapero que gusta de ser histriónico, un pastillero carismático, perdió todo su dinero en una estafa de criptomonedas impulsada por un YouTuber que precisamente está concursando allí. El actor se nota disfrutando con un papel goloso en su malicia pícara-juguetona; Jung-bae encarnado por Lee Seo-hwan, amigo de Gi-hun de la primera temporada, se convierte en jugador, muy percha del protagonista; Está el rol disfuncional de un hombre císgenero llamado Park Sung-hoon para interpretar a una mujer transgénero llamada Hyun-ju, lo que llevó a algunos a opinar que debería haberse elegido a una actriz trans. Desprende empatía en sus maneras nobles y finas, sin caer en lo fachoso, tiene alma; Hay rizando el rizo una madre y su hijo (Yang Dong-geun y Kang Ae-shim), demasiado caricaturescos en su comportamiento edípico, y sabiéndose como acabaran, no sorprenden; Im Si-wan como Lee Myung-gi, exyoutuber que perdió dinero como resultado de una estafa de criptomonedas en la que estuvo involucrado. Es el exnovio de Kim Jun-hee (correctita Jo Yu-ri) otra de las participantes, tanta coincidencia convierte por momentos la trama en algo telenovelesco; Asimismo conoceremos un poco a uno de los guardias Kang No-eul encarnada por Park Gyu-young, ex soldado y desertora norcoreana, encargada de defender el juego y matar a los jugadores eliminados, quiere la plata para encontrar a su hija que permanece en Corea del Norte. Rol muy esquemático, como si se hubiera perdido metraje en la mesa de edición; Todos ellos y alguno más dan un crisol de personajes interesantillo, pero menos que en la primera parte; me ha llamado la atención para mal lo desaprovechado que está Gong Yoo como el elegante reclutador, rol que se nota interesante y potencial en su flema y sofisticación, pero que desaparece de modo torpe.

 

Spoiler:

 

El actor que da vida a Thanos es Choi Seung-hyun, un rapero famoso en Korea del Sur. En la vida real fue integrante de la banda de k-pop ‘’Big Bang’’ y un escándalo de drogas (lo pillaron con marihuana) acabo con su carrera. Lo condenaron e incluso le prohibieron aparecer en dramas y programas arruinando su reputación. Tras 9 años sin aparecer en ningún sitio, parece haberse vengado de la sociedad surcoreana interpretando un personaje con el que tiene mucho en común.

 

Hay un par de muertes que emocionan: La de Young-Mi (amiga de la Trans, durante el "Carrusel"), y la de Se-Mi, la chica que se la jugó por el cobarde y traidor de Min-Su.

 

Luego tenemos que creer que los 0 los dejaran montar el teatrillo de hacerse los muertos, amén de que desde el puesto de vigilancia han podido observar lo que han hecho estos ‘revolucionarios’, que no han participado de la refriega y luego han montado el teatrillo, y es que no tiene ni pies ni cabeza. Se hacen con las armas de los guardias con mucha facilidad. Pero es que lo ridículo es lo sencillo que van ascendiendo por el lugar los revolucionarios, siendo un insulto a la inteligencia que se muevan todos estos como militares entrenados, y que puedan contra los guardias que se les supone adiestrados, pues en los combates de disparos son mejores los revolucionarios, y es que los guardias parecen haber sido entrenados por los clones de Star Wars, que mal disparan y como se exponen como patitos de feria. El colmo es la actitud incomprensible del Nº 1, el jefe infiltrado, que deja hacer a los ‘revolucionarios’ casi hasta llegar a la meta. Mientras hay que creerse que los 0 en la gran sala se mantuvieran quietecitos sabiendo que estaban saboteando sus ganas de continuar en el concurso por el dinero, un sin Dios.

 

En conjunto, esta segunda temporada es entretenida, amena, pero con muchas más lagunas que la primera. Gloria Ucrania!!!

miércoles, 25 de junio de 2025

 


EL JUEGO DEL CALAMAR (T1)

 

Con motivo del pronto estreno de la tercera temporada (9 episodios), voy a hacer la crítica de la primera y exitosa serie surcoreana producida para el gigante del streaming Netflix. La primera temporada se estrenó mundialmente el 17 de septiembre de 2021, con gran éxito de crítica y atención internacional. Se convirtió en la serie más vista de Netflix y recibió numerosos galardones, incluyendo seis Premios Primetime Emmy y un Globo de Oro. Una distopía adictiva con el mantra de la supervivencia darwinista, que indefectiblemente recuerdan a la cinta japo “Battle Royale”, premisa con grupo de gente recluida en un espacio concreto y obligada a luchar a ‘muerte’ entre ellos. Film nipón del que ha manado un subgénero de films con temática parecida al estilo “Los Inmortales” (solo puede quedar uno), como la saga “los juegos del hambre”, la también serie tv “Alice in Borderland”, o hasta la hispana “El método” tienen premisa similar, pero también tiene claras influencias de los concursos asiáticos (epítome el creado y presentado por Takeshi Kitano en Japón, “Fūun! Takeshi Jō”, en España retitulado “Humor Amarillo”) donde ponen en ridículo una y otra vez a los participantes para que el espectador en sus cálidos sillones se solacen de ello sádicamente. Aunque de la que ha sido acusada de tener similitudes es con “As the Gods will” de Takashi Miike, (2015), ello por la referida premisa conjugada con utilización de juegos infantiles para pruebas de supervivencia, una estética colorista que conecta precisamente con la infancia, y el juego con el que comienzan la película y la serie marca aspectos parejos.

 

Con lo que su idea de partida es zero original, es en su forma desarrollarla donde la serie gana. Creada, escrita y dirigida por Hwang Dong-hyuk, aunque escribió la historia en 2009, Hwang no pudo encontrar una compañía de producción que financiara la idea hasta que Netflix se interesó alrededor de 2019 como parte de un impulso para expandir su oferta de programación extranjera. Gira en torno a un concurso secreto en el que 456 jugadores, todos ellos con graves dificultades económicas, arriesgan sus vidas para participar en una serie de juegos infantiles mortales con la oportunidad de ganar un premio de ₩ 45.6 mil millones (US$ 39,86 millones). El título de la serie proviene de ojingeo ("calamar"), juego infantil coreano. Hwang concibió la idea basándose en sus propias luchas económicas, así como en la disparidad de clases en Corea del Sur y el capitalismo.

 

La serie atrapa por su ritmo trepidante, por su estética colorista, sus decorados cual mundo idealizado de los niños (hasta los ataúdes son como cajas de regalo con lazo rosa ¿?), las vestimentas de los concursantes y los guardias (en realidad un pseudo-plagio de los monos y máscaras ‘dalinescas’ de la serie española “La casa de papel”) en cromatismos primarios que se contrastan, con ello edificando una iconografía propia que ha trascendido al planeta Tierra. Combinada con música paradójica clásica. Con ediciones paralelas que imprimen tensión e intensidad en lo que sucede. Me extiendo en la puesta en escena en el enlace.

 

Pero teniendo en cuenta a los personajes, a los que se les da tiempo para delinearse, para darles fondo y entendamos su comportamiento, y con ello empaticemos con sus procederes ante el abismo en que se ven arrastrados, por tanto, seamos testigos de como evolucionan ante las crisis que se les plantean, y esto hace que los que les pase nos importe e incluso impacte o emocione. Y es que en condiciones extremas es cuando sale lo mejor y peor de la Condición Humana, la solidaridad o el egoísmo, la amistad o la traición, la generosidad o la mezquindad, el altruismo o la avaricia. Tienen la derivada que hacen involucrarse al espectador en el dilema moral de que harían ellos en esa misma situación, esto siempre engancha. Ello con guiones ingeniosos en como van enlazando ‘juegos’ que tornan en pruebas psicológicas que reflejan el carácter de cada uno y como van sufriendo a medida que avanzan, que pasan de ser corderitos a lenones que acaban con el de al lado para mantenerse en pie sobre la sangre del ‘compañero’. Añadiendo giros mordaces que alimentan las ganas de ver más. Ello en un crescendo dramático incisivo, con varios picos de dramatismo que muestran con vigor lo terrible de este juego, siendo para culmen de la serie el juego de las canicas en el sexto capítulo, donde el duelo entre el protagonista y el tipo anciano resulta estremecedor por como expresa que las ataduras morales estallan por los aires. Lee Jung-jae y Yeong-su dan un duelo trémulo, de los que te toca la fibra. Pero también el que se da entre el pakistaní Anupam Tripathi (Ali Abdul) y Cho Sang-woo, es entente desgarrador en el poder de manipulación aprovechándose de la nobleza del otro. Asimismo, la serie tiene un punzante sentido del humor, mucho de esto es de índole negro en como se producen las muertes, como también hay elementos de comedia absurda.

 

Lo más controvertido para mí, es la nada sutil crítica al Capitalismo como algo malo y alienante, algo que la entronca con la exitosa película de Bong Joon-ho “Parásitos” (2019), mostrando la brecha social, la lucha de clases. Cuando pese a sus muchos defectos es el mejor sistema socioeconómico que hay, el ejemplo, más claro es que en la misma serie hay una mujer que ha huido del ‘paraíso’ comunista de Corea del Norte, no se sabe que los surcoreano huyan a su vecino-hermano norteño. Hubo otro ‘Juego del Calamar’ en una ciudad europea, la prueba reina era saltar un Muro, si no lo conseguías y eras atrapado el castigo era ser fusilado, eran los atrapados en el ‘edén’ socialista los que ‘incompresiblemente’ anhelaban el ‘Averno’ capitalista. Por lo que en esta caricatura del capitalismo salvaje la serie naufraga por el trazo grueso, creando a disolutos muchimillonarios que disfrutan con el sufrimiento y las muertes ajenas, sentados cual emperadores romanos en sus palcos observando con una copa de vino como los ‘pobres’ y desgraciados infortunados se matan entre sí para su solaz entretenimiento. Incluso, para guiñolizarlos más se hace que todos estos magnates VIPs lleven máscaras grotescas para deshumanizarlos más. Cuando en realidad, veo como se les da la oportunidad a unos perdedores de obtener un dinero que no solo los saque de su desdicha, si no que los haga ricos, el que quiere hacerlo que lo acepte y el que no es libre de dejarlo, como bien muestra la serie, pero cuando lo abandonan luego deciden regresar con libertad (¿?). Pero es que todos los personajes con carácter (excepto Abdul), son despojos humanos, gente que está en su ‘problemática’ situación por su mala cabeza, no ha habido opresión capitalista que los empuje a tener que jugarse la vida en un cara o cruz, vemos al protagonista que es capaz de robarle a su anciana madre para gastarlo en las apuestas, hay un estafador malversador, un médico que trafica con órganos, hay un mafiosillo matón, gentuza de mala calaña que nada tiene que ver con personas trabajadoras. Por lo que no siento rencor por el organizador del concurso. Es algo libre. Y por tanto, mientras disfruto de la serie, tengo que hacer el ejercicio de abstraerme de esta sal gorda. Encima critica el capitalismo, cuando la serie se retroalimenta de ello al querer alargar la serie por el bien pecuario, que más da que solo sea estirar sin aportar nada más, convirtiéndose en un producto consumista más de la cadena de churros de Ted Sarandos (CEO de Netflix), igual él debería estar tras una máscara VIP.

 

En Corea del Sur, Seong Gi-hun (Lee Jung-jae), padre divorciado y ludópata endeudado vive con su madre anciana, es invitado a participar en una serie de juegos infantiles para tener la oportunidad de ganar un gran premio en efectivo. Al aceptar la oferta, es llevado a un lugar desconocido donde se encuentra entre otros 455 jugadores que están en serios problemas financieros. Los jugadores están obligados a usar chándales verdes y son vigilados en todo momento por guardias enmascarados con monos rosas, con las partidas supervisadas por el Front Man, que usa una máscara negra y uniforme negro. Los jugadores pronto descubren que perder una partida resulta en su muerte, y cada muerte contribuye con ₩ 100 millones (US$ 87,400) al gran premio potencial de ₩ 45.6 mil millones (US$ 39.86 millones). Gi-hun se alía con otros jugadores, incluido su amigo de la infancia Cho Sang-woo (Park Hae-soo) y la desertora norcoreano Kang Sae-byeok (Jung Ho-yeon), para intentar sobrevivir a los giros físicos y psicológicos de los juegos, mientras que el detective Hwang Jun-ho (Wi Ha-joon) se infiltra en los juegos como uno de los guardias para encontrar a su hermano desaparecido.

 

No es una serie perfecta, dista de serlo, es un entretenimiento bueno. Los personajes caen en tópicos mil, algunas arbitrariedades resultan chirriantes, la mencionada crítica al capitalismo es de lo más bufonesca, la sub trama del policía Hwang Jun-ho (inane Wi Ha-joon), investigando es un parche que no lleva a lado alguno. Pero sobre todo su final podría haber sido mejor uy no caer su clímax en lo acomodaticio, seguramente pensando en una segunda temporada (que al final se ha dado).

 

Lee Jung-jae como Seong Gi-hun (456), da una actuación buena, aunque se nos quiere hacer ver en la isla como alguien bueno, cuando lo hemos visto haciendo cosas no muy buenas con su familia, y además tenemos el momento parteaguas del juego de canicas, nadie puede presumir en el juego de ser noble, y menos él; Park Hae-soo como Cho Sang-woo (218), exjefe del equipo de inversiones de una compañía de valores, fue compañero de clase de Gi-hun y estudió en la Universidad Nacional de Seúl. Se une al juego para escapar de la policía, que lo busca por robar dinero a sus clientes y acumular enormes deudas por malas inversiones. Actuación muy de estirado, como si tuviera metido un palo en el culo; Jung Ho-yeon como Kang Sae-byeok (067), desertora norcoreana. Entra al juego para pagar a un intermediario que pueda rescatar a sus padres al otro lado de la frontera y para comprar una casa para su familia reunida. Otra que está todo el tiempo con cara de estreñida; Yeong-su cómo Oh Il-nam (001), anciano con tumor cerebral que prefiere jugar el juego en lugar de esperar a morir en el mundo exterior. Sin duda la mejor de las interpretaciones, cargada de emoción, de carisma, de naturalidad, magnífico; Heo Sung-tae como Jang Deok-su (101), gánster entra al juego para saldar sus enormes deudas de juego, incluido el dinero que robó a su jefe y subordinados. Actuación bufonesca de malo plano; Anupam Tripathi como Ali Abdul (199), trabajador migrante de Pakistán , ingresa al juego para mantener a su joven familia después de que su empleador retiene su salario durante meses. Interpretación cálida que desprende humanidad en su buenismo; Kim Joo-ryoung como Han Mi-nyeo (212), mujer ruidosa y manipuladora. Histriónica y sobrepasada actuación; Hay más, pero sin punch.

 

Spoiler:

 

Al final gana el dineral del premio el protagonista Seong Gi-hun. Había hecho la promesa a Kang Sae-byeok de cuidar de su hermano, pero de esto se olvida nada más salir de la isla (¿?); No hay búsqueda de familiares de los compañeros en la isla para ayudarlos, como podría haber sido los del pakistaní; Tampoco lo vemos que salde la deuda que Tenía y por la que aceptó jugar (¿?); Me ha sido ridículo lo fácil que el poli se infiltra en la isla (¿?).

 

Alrededor de 2008, Hwang Dong-hyuk intentó sin éxito obtener inversión para un guión de película diferente que había escrito, y él, su madre y su abuela tuvieron que pedir préstamos para mantenerse a flote, pero aún luchaban en medio de la crisis de deuda dentro del país. Pasaba su tiempo libre en un manhwabang (cafetería de cómics de Corea del Sur) leyendo manga de supervivencia japonés como Battle Royale, Liar Game y Gambling Apocalypse: Kaiji. Hwang comparó la situación de los personajes en estas obras con su propia situación actual y consideró la idea de poder unirse a un juego de supervivencia para ganar dinero y salir de deudas, lo que lo llevó a escribir un guion de película sobre ese concepto a lo largo de 2009. Hwang declaró: "Quería escribir una historia que fuera una alegoría o fábula sobre la sociedad capitalista moderna, algo que retratara una competencia extrema, algo así como la competencia extrema de la vida. Pero quería que usara el tipo de personajes que todos hemos conocido en la vida real".

 

Hwang basó la narrativa en los juegos coreanos de su infancia para mostrar la ironía de un juego infantil donde la competencia no era importante convirtiéndose en una competencia extrema con vidas de personas en juego. Además, como su guion inicial estaba destinado a una película, optó por utilizar juegos infantiles con reglas simples que fueran fáciles de explicar en contraste con otras películas de tipo supervivencia que utilizan juegos con reglas complejas. El juego central que seleccionó, el juego del calamar , fue un popular juego infantil coreano de las décadas de 1970 y 1980. Hwang recordó el juego del calamar como "el juego infantil más agresivo físicamente al que jugué en los callejones del vecindario cuando era niño, por eso también era el que más me encantaba", y debido a esto "es el juego más simbólico que refleja la sociedad competitiva actual, así que lo elegí como título del programa". Los colores del ddakji en el juego inicial, que son azul y rojo, se inspiraron en la leyenda urbana japonesa Red Paper, Blue Paper. El juego Red Light, Green Light fue seleccionado por su potencial para hacer muchos perdedores de una sola vez. Con respecto a la selección, Hwang dijo: "El juego fue seleccionado porque la escena llena de tanta gente moviéndose y deteniéndose al azar podría verse como un baile grupal ridículo pero triste".

 

A lo largo de la serie, el trío de círculos, triángulos y cuadrados aparece con frecuencia en las tarjetas que se entregan a los jugadores reclutados, en las máscaras de los guardias y en la tarjeta de título del programa en la mayoría de las adaptaciones lingüísticas. Estas formas se asocian con el campo de juego del juego infantil del Calamar. También se utilizan para representar la jerarquía de los guardias dentro del complejo. Siguiendo la comparación con una colonia de hormigas, los guardias con círculos se consideran los trabajadores, los triángulos los soldados y los cuadrados los administradores (véase también: honoríficos coreanos).

 

Los coloridos decorados y vestuario fueron diseñados para parecer un mundo de fantasía. Los jugadores y soldados visten cada uno un color distintivo, para reducir la sensación de individualidad y enfatizar la diferencia entre los dos grupos. Los chándales verdes que usan los jugadores se inspiraron en la ropa deportiva de la década de 1970, conocida como trainingbok. Los pasillos y escaleras laberínticos se inspiraron en los dibujos de escaleras en 4 dimensiones de MC Escher, incluyendo Relativity . El diseñador de producción Chae Kyoung-sun dijo que estas escaleras aparentemente infinitas representaban "una forma de esclavitud para los concursantes". La compleja red de túneles entre la arena, el dormitorio y la oficina administrativa se inspiró en colonias de hormigas.

 

La muñeca robot del primer episodio, "Luz roja, luz verde", se inspiró en Younghee, personaje que apareció en las portadas de los libros de texto surcoreanos Chul-soo y Young-hee en las décadas de 1970 y 1980, y su peinado se inspiró en el de la hija de Hwang. La muñeca canta, en coreano, "La flor Mugunghwa ha florecido", refiriéndose al hibisco siriaco, la flor nacional de Corea del Sur. El uso de este personaje familiar tenía como objetivo yuxtaponer recuerdos de la infancia y el miedo inquietante en los jugadores, según Chae. De manera similar, el escenario para el juego de dalgona, utilizaba piezas gigantes de equipo de juegos, debía evocar los recuerdos de la infancia de los jugadores, y era un lugar común donde los niños surcoreanos habrían jugado dalgona con amigos.

 

Jung Jae-il, previamente compuso la banda sonora de Parasite, compuso y dirigió la banda sonora de Squid Game. Para evitar se volviera aburrido, pidió la ayuda de los compositores Park Min-ju y Kim Sung-soo, director musical de musicales usa el nombre artístico "23" como compositor. Dos piezas de música clásica también se utilizan a lo largo del espectáculo como parte de la rutina de los jugadores: el tercer movimiento del "Concierto para trompeta" de Joseph Haydn se utiliza para despertar a los jugadores, y "El Danubio Azul" de Johann Strauss II se utiliza para indicar el inicio de una nueva partida. La " Quinta Sinfonía " de Ludwig van Beethoven también se escucha en la sala VIP. Una versión de "Fly Me to the Moon", arreglada por Jung e interpretada por el artista surcoreano Joo Won Shin, se utilizó sobre la partida "Luz roja, luz verde" del primer episodio; según Joo, Hwang quería un contraste entre la brutal matanza de los jugadores y la "letra y melodía románticas y hermosas" de la canción, de modo que la escena "encarne la sociedad capitalista cada vez más polarizada en la que vivimos hoy de una manera muy condensada y cínica"; Para la canción "Way Back Then", acompaña a los niños jugando a "El Juego del Calamar", Jung quiso usar instrumentos que practicaba en la primaria, como flautas dulces y castañuelas. El ritmo de la canción se basa en un ritmo de palmas 3-3-7, común en Corea del Sur para animar a alguien. La flauta dulce, tocada por el propio Jung, emitió un ligero pitido involuntario. La canción "Round VI" fue interpretada por la Orquesta de Actuación de Budapest.

 

Muy ameno pasatiempo que pretende más de lo que puede, aun así, producto adictivo. Gloria Ucrania!!!

 

PD. La producción de la segunda temporada comenzó en julio de 2023 y se estrenó el 26 de diciembre de 2024. La tercera y última temporada se filmó simultáneamente con la segunda temporada y su estreno está previsto para el 27 de junio de 2025.

viernes, 20 de junio de 2025

 


EL HONOR PRIZZI.

 

Entretenida comedia negra enmarcada en el sub género del mundo de la mafia, al que el tiempo no le ha sentado bien, claramente influenciada por la saga “El Padrino” (empieza como “El padrino”, con una boda), en como coge códigos internos de estas ‘logias’ para luego darles la vuelta y con ello hacer una sutil y retorcida cinta romántica. La he visto con motivo del 40 aniversario de su estreno (13/06/1985), y me he encontrado con una amena realización, que noto el director se toma con ligereza, disfrutando sin tomársela en serio. Fue la última realización del enfant terrible John Huston (la filmó con 79 años y un enfisema que le hacía depender de un tanque de oxígeno) que vio en vida (luego rodaría “Los Dublineses”, pero no llegaría a verla estrenada, murió antes). El guion de Janet Roach (“Mr. North”) y Richard Condon, se basa en la novela homónima de 1982 de este último, libro este que se convertiría, en la primera parte de una saga de novelas donde Condon radiografiaría el crimen con mordacidad. El libreto se mantiene bastante fiel bastante fiel al original, desde las primeras líneas que describen el semidormido rostro del patriarca Prizzi, Corrado, durante la boda inicial.

 

Film protagonizado por dos estrellas en la cima de sus carreras, como Jack Nicholson y Kathleen Turner, como dos asesinos de la mafia altamente calificados que terminan enamorándose y casándose, lo cual conllevará algún ‘problemilla’, muy al estilo de la posterior “Mr. and Mrs. Smith”. Les secundan un elenco de intérpretes que brillan y tiene su espacio para exhibir carácter, como Anjelica Huston (hija del director y entonces pareja de Jack Nicholson), Robert Loggia, John Randolph, CCH Pounder, Lawrence Tierney y William Hickey. Una trama con asesinatos, secuestros, traiciones, sicarios, amores, mucho de componente de azar (poco verosímil), pero sobre todo con el dilema moral final a afrontar sobre si debe primar el sentido del deber a tu ‘tribu’ o tu verdadero amor. Todo ello con un John Huston que no se toma en serio, toma tropos del género gangsteril para jugar con ellos, con los códigos éticos, pone al frente del clan protagonista a una parodia de Marlon Brando que se asemeja en su maquillaje a un cuasi zombi, un sicario pide ser llevado por la poli a una celebración cual si fuera un Uber (pero más barato), los subalternos se traicionan entre sí, hay un romance exprés que se da por una mirada, el ‘pelar la pava’ del cortejo se da con un montaje chistoso de un avión yendo y viniendo entre Nueva York y Los Ángeles, con diálogos pastueños entre ellos que solo pueden buscar que el espectador se ría, hay un rapto con un plan desternillante en lo fachoso que resulta, y más jocosos momentos. Y es que Huston nunca busca senderos originales en la historia, no anhela profundidad, solo un producto de entretenimiento.

 

Charley Partanna (Nicholson) es un sicario de una familia de la mafia de Nueva York encabezada por el anciano Don Corrado Prizzi (Hickey), cuyos negocios generalmente son manejados por sus hijos Dominic (Lee Richardson) y Eduardo (Robert Loggia) y por su mano derecha de toda la vida, Angelo (John Randolph), quien es el padre de Charley. En una boda familiar, Charley se enamora perdidamente de una hermosa mujer no italiana (Turner) a la que no reconoce. Le pregunta a Maerose Prizzi (Huston), hija separada de Dominic, si la reconoce, ignorando que Maerose aún siente algo por Charley, tras haber sido su amante. Maerose está en desacuerdo con su padre por haberse fugado con otro hombre antes de terminar su romance con Charley. Charley vuela a California para ejecutar un contrato de asesinato contra Marxie Heller (Joseph Ruskin), quien asaltó un casino en Nevada. Se sorprende al descubrir que Marxie es el exmarido de Irene Walker, la mujer de la boda. Ella le devuelve parte del dinero que Marxie robó, ya que Charley, ingenuamente (o voluntariamente), cree que Irene no estuvo involucrada en la estafa del casino. Para entonces, se han enamorado y finalmente viajan a México para casarse. Maerose, celosa, viaja sola al oeste para demostrar que Irene ha traicionado a la organización. Esta información le devuelve la confianza a Maerose con su padre y el capo. El padre de Charley revela más tarde que Irene (decía ser asesora fiscal) es una "contratista" que, al igual que Charley, comete asesinatos para la mafia.

 

Tiene el defectillo el ritmo del film que tarda en despegar, con un primer tramo algo parsimonioso centrado en el pasteloso romance entre los protagonistas, Charley termina enamorándola mientras en un bar se oye “Ronda de noche”. En esta primera parte se da una joya de conversación (pertenece al libro) entre Maerose y Charley preguntando él lo que debe hacer con Irene cuando se ha enterado es una asesina a sueldo y ladrona: "La mato? Me caso con ella?", y Maerose cáusticamente le responde: "Que sea una ladrona y una asesina no significa que no sea una buena mujer en todo lo demás". Cuando ya terminan casándose la fluidez despega, sobre todo cuando planean el secuestro del banquero, ella se postula para intervenir y Charley suelta: ‘No me casé para que mi esposa pudiera seguir trabajando’. Comienzan los giros inesperados, los secretos, las conspiraciones soterradas, los juegos de poder, las maquinaciones de los ‘capitanes’ de este clan y del patriarca. En un retrato descarnado, desprovisto de glamur y desmitificando a las ‘familias’ de la mafia, como cainitas, carroñeras, avariciosas, amorales, de hecho, el titulo no es más que una sátira de la realidad.

 

Jack Nicholson me parece algo desubicado, cumple, pero lejos del nervio y garra de sus grandes papeles. Asimismo carece de la compenetración necesaria con Irene/Turner como para hacernos sentir pasión por Irene, todo parec3e por imperativo del guion; Kathleen Turner hace una pequeña variación con más humanidad (y eso que es sicaria!) de su mítico debut en cine con su extraordinaria Matty Walker de “Body Hheat” (1981), una mujer fatal con aristas y con carácter para exigir lo que es suyo, le añade dosis de humor pícaro. Pero adolece de chispa con Nicholson, y esto resta, pues debe ser el deux machine del relato; Anjelica Huston, hija del director, es la revelación con una actuación fabulosa, cargada de humanidad, de naturalidad, de complejidad en sus maquinaciones, en el dolor que lleva con flema, ella si tiene gran química con Nicholson (no en vano eran pareja en la vida real entonces), el ejemplo del verso suelto de la familia Prizzi, la que al des-honorado a la familia con su actitud, tiene para ello una gran frase: ‘Soy un escándalo familiar. Tengo que mantener mi reputación’. Su maravillosa actuación le valió el Oscar a Mejor Actriz de Reparto; William Hickey como el Don, se nota disfrutando en esta parodia de un tipo de rostro cadavérico arrugado hasta en las arrugas, un formidable roba-escenas, con ese habla que parece se le agotaran las pilas en cualquier momento, con esa gestualidad histriónica que le va tan bien al rol, demuestra unas dotes sibilinas fascinantes en como manipula de forma pasivo-agresiva, tremendo. Fue nominado al Oscar de Mejor Actor de Reparto (perdió injustamente [según mi subjetivo criterio] ante el Don Ameche de Coccon); Robert Loggia (también fue nominado al Oscar a secundario) y John Randolph demuestran su carisma de veteranos en sus papeles de lugartenientes del Don, imprimiéndoles dosis de comedia.

 

Tiene un desarrollo con agujeros en su incoherencia ya alguna laguna que la impiden ser más. Como es el componente casualidad de que parezca que en el mundo no hay más asesina a sueldo que Irene, o que la única víctima del secuestro sea la mujer del jefe de policía nada menos (¡!); El plan para raptar al banquero resulta una chapuza, cuando nos lo presentan como metódico; El comportamiento de Maerose me resulta muy arbitrario y caótico, primero ‘empuja’ a Charley a Irene, y luego maquina para acabar con ella, sin que se sepa el porque de este veletismo; Maerose además, tiene una escena que descoloca y parece que se coló en la edición, pue4s no hay contexto alguno para ello. Me refiero a cuando Maerose hace de comer para su padre, cuando la única vez que los vimos juntos fue en la boda, y el padre la insultó llamándola puta, y ella lloró. Sin que nada se nos mostrara por medio está aparentemente cariñosamente haciéndole de comer (¿?). Luego resulta que cuando come el padre comienza a tener arcadas y cae al suelo, ella se nota por su comportamiento pasando de él que le ha puesto algo malo en la comida, podemos pensar que veneno. Pero más tarde lo vemos a él bien, maquinando en contra de Charley, y no se hace mención alguna a esto, como si no hubiera sucedido, me deja con la ceja levantada; Al padre de Charley le parece bien el matrimonio del hijo con una ‘polaca’, pero luego se muestra firme en que hay que acabar con ella, esgrimiendo para ello (entre otras cosas) que no es de raíces italianas (¿?); El clímax me ha sido poco satisfactorio por lo inverosímil de la situación (*Spoiler).

 

La puesta en escena es elegante, empezando por la notable ambientación creada por el diseño de producción de Dennis Washington (“Cuenta conmigo” o “Los Dublineses”), creando en sus interiores y exteriores sensación vintage delos años 70; esto reforzado por la granulada cinematografía de fotografía del polaco Andrzej Bartkowiak (“Veredicto final” o “Un día de furia”), moviéndose con sofisticación por las escenas; y esto adornado por la evocadora música de Alex North (“Un tranvía llamado Deseo” o “Spartacus”), que juega con melodías clásicas italianas de Rossini, Puccini, y Verdi

 

Spoiler:

 

Rush final: Dominic, actuando por su cuenta, quiere deshacerse de Charley y contrata a alguien para que cometa el asesinato, sin saber que acaba de encargarle el trabajo a la propia esposa de Charley. Angelo se pone del lado de su hijo, y Eduardo, tan consternado por las acciones de su hermano, contribuye a que Dominic sea separado definitivamente de la familia. Irene y Charley se unen para llevar a cabo un secuestro que enriquecerá a la familia, pero ella le dispara a la esposa de un capitán de policía en el proceso, poniendo en peligro la relación comercial de la organización con la policía. El capo también le sigue exigiendo a Irene una gran suma de dinero por sus actividades no autorizadas en Nevada, que ella no quiere pagar. Con el tiempo, el capo le dice a Charley que su esposa "tiene que irse". La situación se complica en California cuando, fingiendo que todo está bien, Charley llega a casa con su esposa. Ambos sacan un arma simultáneamente en el dormitorio. Irene acaba muerta, y Charley regresa a Nueva York, extrañándola, pero consolándose con Maerose.

 

Cuando ya Charley ha sido convencido para que mate a su esposa me ha resultado grimante. Primero no entiendo el porque de tener este que viajar a Los Ángeles a encontrarse con ella, a no ser que sea para alargar el running-gag del avión de un lado a otro. Pero lo de que Irene no acierte a unos tres metros a darle a Charley acostado me cuesta aceptarlo. Y que Charley decida que su arma sea una navaja, cuando pues utilizar una pistola me chirría más que el Titanic partiéndose en dos. Si nos hubieran hecho ver que Irene falla adrede a Charley para sacrificarse se podría aceptar, pero de esto no hay atisbo.

 

De nominaciones al Óscar de la película, Huston recibió su quinta a Mejor Director (ganó por El Tesoro de la Sierra Madre ) y, hasta la fecha, sigue siendo el nominado de mayor edad en la historia de esa categoría. (Huston acumuló 15 nominaciones a lo largo de su carrera, incluyendo premios a la escritura y la producción). Nicholson recibió su octava nominación como actor (actualmente tiene 12); una de sus nominaciones anteriores fue por Chinatown , en la que apareció con Huston. Esta fue la única vez que Nicholson actuó bajo la dirección de Huston.

 

Stanley Tucci aparece en un papel secundario en su debut cinematográfico.

 

Tuvo el film ocho nominaciones en los Óscar (incluyendo Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor y Mejor Guion Adaptado), y Anjelica Huston ganó el premio a Mejor Actriz de Reparto. La película también ganó cuatro Globos de Oro, incluyendo Mejor Actor en una Película Musical o de Comedia y Mejor Actriz en una Película de Comedia o Musical para Nicholson y Turner, respectivamente.

 

Además de trabajar con su hija actriz, John Huston contrató a Meta Carpenter Wilde, supervisor de guion que trabajó con él en El halcón maltés (1941) y a Rudi Fehr, su editor de cine en Key Largo (1948).

 

Amena propuesta, pero lejos de la magnificencia de del Olimpo de Huston con films como “El halcón maltés”, “El Tesoro de Sierra Madre”, “La Jungla de Asfalto”, “La Reina de África” o “El Hombre que pudo reinar” o su canto del cisne “Los dublineses”. Gloria Ucrania!!!


miércoles, 4 de junio de 2025

 


MCMAFIA. (Serie TV1TC)

 

Buena y por momentos muy didáctica serie tv británica de 8 capítulos (no se renovó para más), un drama épico creada por Hossein Amini (“El Alienista”) y James Watkins (“Eden Lake”), y dirigida por Watkins, inspirada en el libro “McMafia: Un viaje a través del submundo criminal global” del periodista británico de ascendencia rusa Misha Glenny (2008), sobre hechos reales de la mafia rusa en Londres durante la primera década de este siglo, la serie ha tomado con libertad el libro, es una coproducción de la BBC y AMC. Los mafiosos se nos presentan como empresarios que tienen sus reuniones de "negocios" en distintos países, cierran tratos, ganan millones con solo un click de ratón, nada de maletines repletos de dinero, tiroteos indiscriminados, encuentros en sórdidos puticlubs ni prostitutas. La serie aborda esta globalización del crimen organizado por todo el mundo, como la mafia, carteles de la droga, traficantes de armas, etc… actúan a imagen y semejanza de cualquier corporación empresarial multinacional, de ahí el título de la serie y libro, extraído de una frase de un personaje que asemeja las nuevas corporaciones criminales a la multinacional McDonald’s. La acción tiene lugar entre Londres, Tel Aviv, Praga, Bombay, Estambul y Moscú, con un hilo conductor en un protagonista que busca venganza tras el asesinato de su tío, un arco de desarrollo similar al mítico Michael Corleone de la saga “El Padrino”. Ello desarrollándolo con un ritmo sereno, pero sin ser lento, cambiando de escenario continuamente para dar sensación de estar todo el mundo vinculado, con algunas buenas escenas de acción salpicadas, pero sin ser esto el fuerte. Esto que quiere ser macro en cuanto a los múltiples continentes sobre los que saltamos, puede ser un inconveniente por acumular personajes de un lado y otro y puedes llegar a perderte entre quien es leal a quien o para quien trabaja, incluso han comenzado sub trama que luego han abandonado, ejemplo la que tiene lugar en la India, o lo a la ligera que tratan el tráfico de mujeres secuestradas.

 

Historia de Alex Godman (James Norton), primogénito de una familia rusa establecida en Londres. Alex, se verá obligado a entrar en los negocios ilegales para poner a salvo a su familia pese a no querer hacerlo en primera instancia. Por el camino conocerá innumerables negocios sucios que su padre, Dmitri (Aleksey Serebryakov), hizo a lo largo de los años y que aseguraron la fortuna familiar. En cambio, con cierta rebeldía, se comporta como un modelo de asimilación. Criado en Gran Bretaña y con estudios en Harvard, Alex incluso se niega a hablar ruso a menos que sea imprescindible, en parte por su insistencia en ganarse la vida de forma más honesta como banquero de inversiones. Mientras tanto, la madre de Alex, Oksana (Mariya Shukshina), es profundamente infeliz en su matrimonio y tiene una relación inestable con su hermana Katya (Faye Marsay). Aparte del habitual drama familiar, la vida de Alex transcurre a la perfección al comienzo de la serie. Su novia, Rebecca (Juliet Rylance), es guapa, inteligente y sumamente íntegra, y trabaja como asesora de un acaudalado "capitalista ético". Pero cuando un miembro de su familia es asesinado, se ve envuelto en una imprudente pero innegablemente seductora búsqueda de venganza contra una familia rusa rival, encabezada por el cerebro letal Vadim (Merab Ninidze). Para ello, se alía con el carismático pero poco fiable Semiyon Kleinman (David Strathairn), un político israelí y magnate naviero igualmente interesado en debilitar el poder de Vadim. Esta búsqueda lleva a Alex y Semiyon desde un fondo global con sede en el Reino Unido al mercado de bolsos falsificados en las calles de Praga y a la importación de heroína lucrativa de Pakistán a las calles de Mumbai en la India.

 

Tiene de protagonista a James Norton, como Alex Godman, hijo criado en Gran Bretaña de un jefe de la mafia rusa que vive en Londres, este es uno de los defectos de la serie, un tipo inexpresivo, que no parece sentir, ni padecer, todo el actor parece estar desfilando en una pasarela de modelos con trajes de diseño lujosos, esto lastra la serie; Para compensar hay unos excelentes secundarios en los antagonistas encarnados por el californiano David Strathaim como Semiyon Kleiman, exiliado ruso ha establecido su imperio en Israel, aporta su sutil carisma a un rol cargado de ambigüedad moral, que no se termina de saber a que juega en como manipula a Alex en su beneficio, muy bueno; Pero el MVP de la serie es Merab Ninidze como el poderoso mafioso Vadim Kalyagin, interpretado por Merab Ninidze, cada aparición suyo es un destello de garra, de garra, derrocha fuerte personalidad, mundo interior, no es un villano monocorde, tiene sus motivaciones, amor a su hija, y tiene un arco de desarrollo brillante, para desembocar en una última presencia en pantalla que deja huella en su contundencia emocional; David Dencik que en apenas un episodio deja huella por esa vitalidad genuina que transmite, esa sensación de tipo Bigger Than Life.

 

Hay unos estupendos créditos iniciales, cuna línea roja que se delinea por diferentes grandes urbes internacionales  (Londres, Dubái, Bombay, Praga), es la línea por la que fluye en ambos sentidos el dinero y sus contraprestaciones en forma de armas (se ven proyectiles fluir), drogas y trata de blancas, hojas de cálculo animadas, gráficos, diagramas circulares y mapas se superponen con imágenes de actividades delictivas sobre el terreno, sobornos de funcionarios públicos, coches bomba incendiados y mujeres víctimas de trata sexual empujadas a la parte trasera de una furgoneta sin distintivos. Esto se refleja en la serie cuando vemos que pulsando una tecla de ordenador en Londres flujo de dinero pasa al paraíso de las Islas Caimán y luego a Emiratos Árabes Unidos, rebotando hacia Bombay, donde un mafioso recoge la plata blanqueada. Y al final de los créditos el título de la serie aparece en el centro de la imagen, traducido del inglés al ruso, israelí, árabe y otros idiomas.

 

El primer capítulo es ya declaración de intenciones, mezclando escenas de acción vigorosas, como el atentado a Vadim, o la Invasion Home a Boris, secuencias de un realismo que impacta. Hay momentos de tensión cortante, ya en el primer capítulo el encuentro en una fiesta de lujo entre Alex y Vadim, el aire se trasga entre ellos, pero la flema predomina en su diálogo educado, donde la rabia navega por lo bajini. Esta es una de las marcas de la serie, las conversaciones que bajo su educación y elegancia esconden mensajes soterrados. Es la miscelánea entre elujo y boato y lo descarnado de como se sostiene este nivel de vida. Esto exhibido en uno d ellos mejores tramos de la serie, cuando Alex está con el mafioso mexicano Antonio Mendez (en realidad el español Caio Blat) en una plácida tarde en la terraza de una casona en la costa azul, el anfitrión azteca se lleva a Alex al interior de la vivienda, lo baja al sótano y allí hay un tipo ensangrentado siendo torturado por los sicarios de Antonio, como ofrenda a Alex, perturbador.

 

Escenas de gran intensidad hay un reguero, dos protagonizadas por un fenomenal y amenazante sutil Nawazuddin Siddiqui como Dilly, un gángster hindú que derrocha personalidad y temor, primero en una secuencia con un oficinista que aparece en el lugar no indicado., como maneja la situación el rol es escalofriante, sobre todo como acaba; la otra es cuando invade una casa de un hacker con un bate de cricket envuelto en papel de regalo, apabullante como intimida sin histrionismo simplistas. Lástima que la serie termine olvidándose de esta sub tema a mitad de serie. También habiendo aquí un muy bien llevado tramo de acción en el milimétrico asalto al puerto para robar un contenedor.

 

Está en la parte final un tramo electrizante cuando a uno de los socios de Alex, al checo Karel Benes (notable Karel Roden) le agreden a la hija, dando una paliza al agresor descubre el motivo, hay una elipsis y está entrevistándose con Alex en Londres, y al checo se le escapa algo que pone en alerta a Alex por su novia, produciéndose una punzante carrera contra reloj por llegar a salvarla.

 

La serie es una especie de Breaking Bad a la europea, asistimos a como con un motivo entendible el protagonista se embarca en un objetivo vengativo, por el camino sus ‘nobles’ motivos se van retorciendo, con ello va perdiendo su humanidad, dándose cuenta que su alma la perdiendo y con ello sus sentimientos se van congelando, reflejado esto en como termina tratando a su novia.

 

La serie peca de querer meter demasiadas sub historias, que en realidad no suman. Ejemplo la referente a la chica rusa raptada en Egipto, Lyudmilla Nikolayeva (inane Sofia Lebedeva), que termina vendida a Kleiman, la usa no como esclava sexual, sino como compañera social platónica para hombres ricos a los que Kleiman quiere manipular. Esto a su vez tiene una ramificación al guardaespaldas de Kleiman, Joseph (insípido Oshri Cohen), que se enamora de ella y la quiere ayudar a escapar. Es como si en la mente de los guionistas esto hubiera tenido más recorrido, pero una vez filmado o editado hubiera quedado muy sesgado y parece metido con calzador; Como tampoco entiendo que aporta la sub trama del patriarca Dimitri Godman (histriónico e insoportablemente siempre borracho Aleksey Serebryakov), con es triángulo que forma entre su hastiada esposa Oksana (buena Maria Shukshina), y como se agria su relación por la amante de él que termina dejándola preñada, esto es una sección melodramática que parece un parche de otra serie; La sub trama de Alex con su novia Rebecca (flojita Juliet Rylance), como bien he leído una especie de Kay Corleone, tiene una relación que nunc allega a sentirse cálida entre ambos, nunca siente amor entre ambos, aparecen dos compañeros de piso más que novios, esto resta en sentir empatía por lo que les pase.

 

Spoiler:

 

Rush final: Vadim ha ordenado el asesinato de Alex en Londres. Mientras está en una fiesta en honor de su hija decide no matar a Alex, como diciéndose que basta de espiral de violencia, y justo cuando el sicario esta con el arma en la mano par amatar a un Alex de espaldas, le llega al asesino por el móvil ‘Abortar’. Pero cuando su hija esta afuera en la fiesta llega un tipo y comienza a disparar, matando a la hija de Vadim. Alex sin saberlo viaja a Moscú para entrevistarse con unos que manejan los puertos rusos. Alex es detenido en el aeropuerto, y puesto a disposición de Vadim para lo ante, le echa la culpa de la muerte de su hija (en realidad ordenada por el padre de Alex, sin saberlo este): Alex consigue escapar por el metro de Moscú. Tras lo que hace su entrevista, lo que lleva a ser Vadim juguete roto a eliminar. Acaba malherido y traicionado por un leal amigo. Alex irá al piso donde está Vadim sangrando por el costado. Vadim nos e defiende, le dice a Alex que no podrá tener familia seis e mete en este mundillo de criminales, tras lo que le pide le de la foto de su hija, se la da y Alex le ejecuta con una pistola. Hace una negociación con Antonio y su gente, pero ahora se ha cambiado de bando A>lex, siendo parte de los rusos, con ello traicionando a Antonio, al que ni siquiera le da la mano. Vemos a Alex salir de lugar altivo, y triunfador. Le llama por tfno. Rebecca y él no le contesta, haciendo valer lo que le dijo Vadim que no podría tener familia. Y Fin.

 

Buena serie, lastrada por algunos michelines que la contrapesan y hacen algo fofa. Gloria Ucrania!!!

 

PD. Lugares de rodaje incluyeron Londres, Zagreb, Split, Opatija, Primošten, Qatar, Bombay, Praga, El Cairo, Belgrado, Belice, Estambul, Moscú y Tel Aviv.

domingo, 1 de junio de 2025

 


EL CUENTO DE LA CRIADA. (6TC)

 

Acabado de ver el último capítulo de la sexta y última temporada (empezó en 2017 y acaba en 2025) de esta serie tv (66 capítulos en total) distópica, mi veredicto es de producción que ha ido muy mas a muy menos, perdiendo fuelle notoriamente una vez la serie pasaba de lo micro a lo macro, una vez la protagonista consigue huir, el desarrollo entra en una fase en que pretende ser algo que no puede, convirtiéndose en una serie de acción y violencia que por momentos da grima. Lo que era apasionante en la descripción de este sub mundo cerril atávico de Gilead, se transforma en algo mundano, con intrigas simplistas, venganzas desaforadas, con unas constantes idas y venidas de la prota, que no se sabe bien como se convierte en una heroína en el manejo de armas, se pega varios tiros en el pie, repitiendo una y otra vez los mismos recursos cambiando algunos detalles. Para desembocar en un rush final, que es lo que tengo más fresco en la memoria, fallido no, lo muy siguiente. Y es que como botón de prueba, que un jet con los comandantes de Guilead  en un aeropuerto despegue en medio de la guerra como si nada, que alguien pueda meter dentro un explosivo sin que nadie lo registre, que en el aeropuerto haya nada de seguridad, como puede ser que el comandante topo este en el lado de sus enemigos y a la siguiente escena este en el aeropuerto con la muy buscada protagonista, un sin sentido, pero como gran parte de toda la serie como avanza sin respeto a la inteligencia del espectador. Con comportamientos arbitrarios de los personajes, variando de postura de forma tosca.

 

Serie de tv creada por Bruce Miller, basada en la novela de 1985 “El cuento de la criada” de la autora canadiense Margaret Atwood. encargada por el servicio de streaming Hulu. La trama presenta una distopía tras la Segunda Guerra Civil estadounidense, donde una sociedad teonómica y totalitaria somete a las mujeres fértiles, llamadas "Criadas", a la esclavitud reproductiva.

 

La serie se ha ido estirando sin rumbo, hay que tener en cuenta que la trama de la novela acaba justo cuando acaba la primera temporada, por lo que las restantes cinco sesiones son invención es de los guionistas. La primera y segunda temporada, que mantiene el espíritu (aun estando fuera ya del libro), es absorbente en como van goteando las rígidas y medievales normas de este ‘Reino fundamentalista’, como el hogar Waterford, se convierte en una prisión atosigante, oscura residencia de pasillos punzantes. Entonces la alegoría feminista queda maravillosamente plasmada sobre hacia a donde podemos dirigirnos. Aunque da grima pensar que todo esto que critican y con razón de esta hedionda Gilead, es en realidad incluso menor que lo que pasa en las autocracias islamistas de Afganistán, Arabia o Irán, tirar del catolicismo es lo fácil cuando es el ‘pim pam pum’ al que todos le dan y nadie la defiende, pero hay que recordar que el peligro real de retroceso de los derechos de las mujeres no será por el cristianismo, será por el islam.

 

Me he desviado de analizar la serie. En estas dos temporadas marca a fuego la maravillosa puesta en escena de la cinematografía que es marcada por Colin Watkinson (“The Fall: El sueño de Alexandria”), que crea cuadros de una beldad expresionista sublime, sobre todo en los interiores semioscuros, jugando con la luz que entra del exterior por las ventanas cual rayos divinos, haciéndonos impactantes las sádicas liturgias de violación a la criada, con imágenes aterradoras de los ahorcados en el muro, con secuencias hipnóticas de las criadas desfilando cual ejercito por las calles. En la segunda temporada, amplia esta cultura arcaica-religiosa-yihadista, con personajes bien construidos, con aristas, con complejidades. Pero desgraciadamente la serie fue tornado en otra cosa y patina, La he seguido viendo, pero ya nunca me atrapó, la veía por lo que quise en sus comienzos, pero ya los protagonistas se convierten en clichés. Epitome de todo esto malo es su última y muy pésima temporada, y no digamos ya su último y parche de episodio conclusivo, chusco en extremis. Desde que June (en la novela la autora Atwood nunca le dio nombre aparte del Offred) escapa de Gillead son idas y venidas sin avances. Se une se separa June y Luke y vuelta a repetirse, el continuo debate interno de June entre elegir entre Nik y Luke (Nick con el que una y otra vez, desafiando toda lógica el azar une), las dudas de serena sobre su lealtad a Gilead, las conspiraciones de Lawrence siempre en medio de la nada, y más.

 

Donde lo único que se prodigaban eran las lagunas e incoherencias argumentales. Lo que en sus primeras temporadas eran elementos incisivos como los slows para enfatizar puntuales acciones devienen en una parodia de si mismas, sobreutilizadas hasta dar la sensación de que sin las cámaras lentas igual la serie hubiera durado cuando menos la mitad. Y también están los primeros planos de la protagonista Elizabeth Moss, que se nota que fue cada vez dirigiendo más episodios y con ello parece en plan onanista enamorada de sí misma y con ello se sobreexpone con esas miradas de reojo que han terminado por exasperarme hasta ser una caricatura de sí mismas, esto aderezado por las que han acabado por ser bufonescas rupturas de la cuarta pared, unas pocas son originalidad, pero cuando resultan miles hastían. Y habrá que hablar de sus diálogos, la mayoría, tan denos como irritantes en su petulancia, mención aparte es el gusto de meter exabruptos fuera de lugar una y otra vez, como si esto fuera asimismo de interpretación intensa (puaj!!!). Una vez que llega June a Canadá la serie baja muchos enteros, los problemas allí resultan poca cosa comparados con los vividos en Gilead, tenemos una sub trama hosca con la Corte Penal Internacional. Aparece en escena un ‘hombre-orquesta, Mark Tuello (Sam Jaeger), te vale para abogado, burócrata, dirigir ataques militares y ser vanguardia en oncursiones de invasión, nada creíble. Como los guionistas parecen percibir el error de este escenario canadiense se sacan de la manga que la nación ártica termina renegando de los refugiados estadounidenses. Ello mientras nos cuelan vivencias de Serena en Canadá de modo poco verosímil.  

 

En un mundo donde las tasas de fertilidad han colapsado como resultado de enfermedades de transmisión sexual y contaminación ambiental, el gobierno totalitario y teonómico de Gilead ha establecido su dominio en los antiguos Estados Unidos tras una guerra civil. La sociedad está organizada por líderes ávidos de poder junto con una nueva teonomía jerárquica militarizada y clases sociales recién creadas, en las que las mujeres son brutalmente subyugadas. Por ley, las mujeres en Gilead están obligadas a trabajar en roles severamente limitados, incluyendo algunas como esclavas natales, no se les permite poseer propiedades, tener carreras, manejar dinero o incluso leer y escribir (aparte de las Tías). La infertilidad mundial ha llevado a la esclavización de mujeres fértiles en Galaad, a quienes el nuevo régimen considera mujeres caídas, citando una interpretación extremista del relato bíblico de Bilha. Entre estas mujeres se incluyen a menudo aquellas que se han casado tras un divorcio (denominadas "adúlteras", ya que el divorcio no está reconocido por la ley de Galaad), madres solteras, lesbianas (los homosexuales son considerados "traidores de género"), no cristianos, seguidores de denominaciones cristianas distintas a los "Hijos de Jacob", disidentes políticos y académicos.  Estas mujeres, llamadas Criadas, son asignadas a los hogares de la élite gobernante, deben someterse a una violación ritualizada (conocida como "la ceremonia") por sus amos masculinos ("Comandantes") en presencia de sus esposas con la intención de quedar embarazadas y tener hijos para ellas. Las criadas reciben nombres creados añadiendo el prefijo "Of-" al nombre de pila del hombre que las tiene. Al ser transferidas, sus nombres se cambian. Junto con las Criadas, gran parte de la sociedad se agrupa ahora en clases dictan sus libertades y deberes. Las mujeres se dividen en pequeño grupo de categorías sociales, cada una representada por un vestido sencillo de un color específico. El atuendo de una Criada consiste en un vestido largo rojo, una capa roja, botas marrones gruesas y una cofia blanca, con un gorro blanco más grande (conocido como "alas") para usar en el exterior, que la oculta de la vista del público y restringe su visión.

 

En la cuarta temporada desaparece el gran y carismático villano de la serie, y lo hace en una escena que da grima (*spoiler), y seguro que no es esa la sensación que desea transmitir, como la asume la serie es como un acto épico y me revuelve las tripas que para combatir el mal hay que convertirse en alimañas linchadoras. No hay dilema moral alguno por la salvajada carroñera vomitiva. Y hasta como si fuera algo alabable se envía el dedo con el anillo a su mujer, detestable.

 

Para la sexta conclusiva temporada (la que tengo más reciente), la serie introduce un elemento que podría haber tenido su chucha, con esa ciudad Nueva belén donde se pretendía se hicieran reformas para que el resto del mundo viera que Gilead avanzaba por ‘buen’ camino. Pero esto termina en un bosquejo sin explotar más que en apunte a pie de página; También entra en acción un rico personaje en la figura del Comandante Gabriel Wharton (Josh Charles), que tiene sus aristas, pero también sus ambigüedades, se podría haber explotado a este rol, pero cuando parece que tendrá jugo acaba la serie.

 

June Osborne, rebautizada como Offred, es la Criada asignada al hogar del comandante galaadiano Fred Waterford y su esposa Serena Joy, figuras clave en la formación y el auge de Gilead, lidian con las realidades de la sociedad que ayudaron a crear. Durante "el tiempo anterior", June estuvo casada con Luke y tuvo una hija, Hannah. Al principio de la historia, mientras intentaba huir de Gilead con su esposo e hija, June fue capturada y obligada a convertirse en Criada debido al adulterio que cometieron ella y su esposo. Su hija fue secuestrada y entregada a una familia de clase alta para que la criara, y su esposo escapó a Canadá. Gran parte de la trama gira en torno al deseo de June de reunirse con su esposo e hija y la evolución interna de su fuerza hacia una versión más oscura. La actriz Elizabeth Moss comienza otorgando una intensidad y fuerza dramática sensacional a su rol, empatizamos con ella y su sufrimiento en este ‘zulo’ en que se convierte su ‘hogar’, pero una vez parece liberada se convierte en un ser que quiere ser el contraparte de testosterona de un hombre sediento de venganza tóxica y aquí la actuación patina, no digamos ya en los episodios en que se nota y mucho dirigidos por ella misma (10 en total); Joseph Fiennes como el comandante Fred Waterford, entrega una actuación notable, sin histrionismos, sin sobreactuación, es el mal sibilino, son aspavientos, mesurado, elegante, sofisticado, cuando el cae de la serie deja un socavón; Yvonne Strahovski como Serena Joy Waterford, esposa de Fred, ex activista cultural conservadora y autora. Profundamente religiosa, pero capaz de una gran crueldad y a menudo insensible con June. Anhela ser madre. La actriz borda su personaje con una evolución gradual que no resulta aparatosa o forzada, sigue con sus fuertes creencias, pero se va dando cuenta de las injusticias, tiene una estupenda química con la Moss; Max Minghella como Nick, el ‘chófer’ del comandante Waterford. Tiene una relación de tiras y afloja con June. Me falta hondura ene l rol, pues sus acciones me resultan forzadas, no me creo su ascenso, cuando a todas luces no está implicado en este retorcido idealismo de Gilead; Ann Dowd como la tía Lydia, encargada de supervisar a las Criadas en su reeducación sexual y sus deberes. Una presencia cargada de carisma, aunque sus vaivenes me resultan grimantes, más pronto rígida como otros quieren nos de lástima, me resulta imposible como la bambolea el guion de un lado a otro, una veleta; Madeline Brewer como Janine Lindo /Of… de muchas parejas, amiga de June, una mujer rebelde que por ella es castigada dejándolo sin un ojo. Su arco de desarrollo siempre es desde Gilead, la vemos pasar por muchísimas etapas de sufrimiento. La actriz deja una grata impresión, empatizamos con su padecer; Aunque el que mejor aprovecha su papel es el gran Bradley Whitford como el comandante Joseph Lawrence de Gilead, actor infravalorado, que deja huella con su formidable personaje, siempre en la cuerda floja, derrocha humanidad en una jungla de fundamentalismo, cínico, sardónico, ingenioso, siempre con naturalidad y credibilidad; Hay muchos más, pero los mejores estos.

 

Su primera temporada ganó ocho premios Primetime Emmy de 13 nominaciones, incluyendo Mejor serie dramática. Fue el primer programa producido por Hulu en ganar un premio importante y la primera serie en un servicio de streaming en ganar un Emmy a Mejor serie dramática. También ganó el Globo de Oro a Mejor serie dramática de televisión. Elisabeth Moss fue galardonada con el premio Primetime Emmy a Mejor actriz principal en una serie dramática y el Globo de Oro a Mejor actriz en una serie dramática de televisión.

 

Es muy complicado resumir seis temporadas en estas líneas, sobre todo porque siempre es más fresco lo último que has visto. Aun así valoro sus meritorias dos temporadas iniciales, resto solo tiene pequeños oasis, en medio de unas tramas imposibles. Gloria Ucrania!!!

 

Pd. Sabemos que Gilead no va a derrumbarse pronto: Hulu avanza con una adaptación televisiva de Los Testamentos, una serie secuela basada en la novela homónima de Atwood, ambientada 15 años después de su predecesora, cuando Gilead aún existe. La última temporada de La Criada claramente no nos ofrecerá una conclusión triunfal del reinado de terror de Gilead.

sábado, 31 de mayo de 2025

 


THE YOUNG POPE. (Serie TV 1TC)


Sugestiva y por momentos fascinante serie televisiva de diez episodios creada por el mejor de los realizadores actuales italianos, el oscarizado napolitano Paolo Sorrentino, que escribe (junto a Stefano Rulli, Tony Grisoni y Umberto Contarello) y dirige todos los capítulos para la HBO, teniendo como buque insignia de la realización la majestuosa actuación del londinense Jude Law como el titular pontífice llamado Papa Pío XIII. Con un relato con ínfulas a una mezcla entre “Juego de Tronos” y “House of Cards”, pasado por el singular filtro del director de “La Gran Belleza”, creando un tapiz adusto sobre un Vaticano plagado de intrigas, de envidias, de egoístas, de conspiradores que anhelan el trono de San Pedro. Hablándonos de temas como la necesidad de referentes (busca desesperadamente a sus padres el Papa), el dolor por la pérdida, de los sacrificios, de la búsqueda de la fe, del aislamiento del que tiene el poder y le cuesta fiarse de los que tiene junto a él.


Un joven cardenal neoyorquino, Lenny Belardo (Law), se convierte en papa, cabeza de la Iglesia católica, cuando los principales contendientes del cónclave papal no ganan las elecciones. Instalado como candidato de compromiso, Belardo adopta el nombre papal de Pío XIII e inmediatamente procede a desafiar las tradiciones y prácticas establecidas del Vaticano. En uno de sus primeros actos, decreta que la gente común no es digna de contemplar el rostro del papa y se presenta al público en el balcón de la Basílica de San Pedro, envuelto en la oscuridad. Posteriormente, durante una reunión con el cardenal secretario de Estado, el papa declara que a partir de ahora se involucrará directamente en los asuntos políticos del Vaticano, asumiendo efectivamente el control de la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Alarmados por sus cambios radicales en la Iglesia, varios cardenales de alto rango idean un plan para intentar controlar al papa y disuadirlo de ideas aún más peligrosas para la Iglesia. En respuesta, el papa designó a la hermana Mary (Keaton), la monja que lo crio en un orfanato, como su principal consejera, y denunció públicamente a varios cardenales. Asimismo, amenazó con confiscar todas las propiedades de varias órdenes religiosas, en particular la de los franciscanos, si no aceptaban su liderazgo incuestionable.

 

PS despliega su particular sentido sensorial aunando una estética formidable con la iconoclasta música, creando secuencias fabulosas en su poder cautivador, ello ya desde los fenomenales títulos de crédito en flashes de neón, con el Joven Papa paseando por un pasillo al ritmo de la música pop, la versión instrumental de “All along the watchtower” a cargo del rapero Devlin, mientras un meteorito perfora los lienzos de pinturas religiosas, acabando el ‘viaje’ en La Nona Ora del escultor Maurizio Cattelan, que cae mientras el Papa hace un guiño rompiendo la cuarta pared, marcando el tono sarcástico de la serie. Mezcla de modo turbador lo espiritual con lo carnal del sexo, con el humor y con hondas pizcas de profundidad reflexiva, ello con su marcado estilo preciosista, con recursos de slows, zoom, primeros planos incisivos, travellings, planos aéreos, con un juego cromático brillante, con iluminación artificiosa prodigiosa en enfatizar emociones, gracias a la labor de su habitual DP Luca Bigazzi. Recrea el director este modus vivendi de forma realista con los aposentos de la Basílica de San Pedro, la Capilla Sixtina, o las azoteas de El Vaticano. Todo ello con el peculiar gusto de PS para removernos, para no dejarnos indiferentes, como ejemplo el brillante tramo en que (con otro de los elementos que PS maneja maravillosamente) en la banda sonora se escucha “I’m sexy and I Know it”, ello mientras se viste el Papa (¿?). Demostrando ser alumno adelantado del gran Federico Fellini, ello demostrado en como juega con la iconografía católica de modo perturbador, haciendo sexual ver a una moja jugar al basket.

 

Siempre con epicentro en el carismático Papa al que da vida un gran Jude Law, tipo irreverente, cínico (‘Evitemos las herejías, el conformismo es la muerte en vida’), egocéntrico, traumatizado por el pasado de ser abandonado por sus padres de niño, con una visión ultraconservadora de la Iglesia Católica, empezando porque no quiere apariciones públicas (prefiere el misticismo de lo inaccesible cual Salinger, Bansky o el dúo Daft Punk). Desde su ancestral catolicismo ataca la homosexualidad, el aborto, la eutanasia. Pero tras estas rígidas y beligerantes convicciones se esconde un tipo inseguro, que se cuestiona su fe, su amor a Dios, alberga dudas que se expresa en sustanciosas charlas, sobre todo en la terraza de las cúpulas del Vaticano mientras fuma (Cuando le dicen que no puede fumar en el Palacio Papal, dice: ‘Hay un nuevo Papa!’), uno de sus vicios que lo humanizan, como lo es desayunar Coca Cola Zero de Cereza. Una bicoca de personaje par ale actor que borda con mucha frescura y valentía.

 

Rodeado Jude de un reguero de sensacionales intérpretes: La angelina Diane Keaton como la fiel consejera del Young Pope, impregna de jovialidad su papel, ejemplo es esa camiseta que lleva para dormir con el lema “I’m a virgin, but this is an old shirt” (Soy virgen, pero esta es una camiseta vieja); Aunque el roba escenas por excelencia es el magnífico Silvio Orlando como el sibilino cardenal Voiello, compleja personalidad, el prototípico poder en la sombra, en este caso con fetiches que lo humanizan de modo estupendo, como es que sea aficionado (uno de los mantras de Sorrentino es su gusto por el futbol y su fanatismo por el la escuadra de su ciudad) al Napoli (lo vemos vestido con la equipación del equipo partenopea, la ciudad del director), encomendándose a ‘San Pipita’ (Higuain, por entonces delantero del equipo), muy divertido cuando mira en Youtube el mítico video de Maradona calentando en el San Paolo al ritmo de ‘Live is life’. Tiene sudores fríos fetichistas con una figurita horrenda, y sobre todo cuida a su hermano con parálisis cerebral. Tiene una química extrañamente primorosa con Law, saltan chispas en sus ententes; También James Cromwell como el despechado aspirante al papado que se cree traicionado por su pupilo, arrolladores sus apariciones; Cecile de France esta maravillosamente sexy como la encargada del marketing del Vaticano; Javier Cámara es el apocado asistente de Pio XIII, un frágil clérigo, consciente de sus defectos; Ludivine Sagnier encarna a una dulce joven encandilada por el joven Papa; El cardenal Andrew Dussolier  embestido por Scott Shepherd, un viejo amigo de Belardo del orfanato, un clérigo defectuoso en su perdición por la carne.

 

La primera secuencia el Papa, siete minutos sin palabras se imagina moviéndose lentamente hacia el micrófono para pronunciar su primer discurso. Llega al balcón, abre los brazos, hay una espectacular toma cenital que nos sitúa con épica en la situación con una copiosa lluvia que para cuando emerge a la vista de la gente, saliendo el sol, y habla: “Nos hemos olvidado de masturbarnos, de usar anticonceptivos, de abortar, de celebrar matrimonios gays, de dejar que los curas se amen, e incluso, de que se casen. Nos hemos olvidado de que se puede optar por la muerte si detestas la vida, nos hemos olvidado de tener relaciones sexuales con más objetivos que la procreación sin sentirnos culpables, del divorcio, de dejar que las monjas den misa, de tener hijos de todas las formas que la ciencia ha descubierto y seguirá descubriendo”.  Todo es parte de una pesadilla del recién elegido Papa.

 

Es una serie con secuencias que recordarás pro siempre en su poder de fascinar y turbar, algunas ya mencionadas en la sección de las interpretaciones. Otras hay decenas, como ese canguro paseándose por los jardines del Vaticano; ese padre Tomasso, confesor ingenuo que es sonsacado pro el papa, para saber de los secretos de los cardenales de su alrededor; la reunión del Papa con el primer ministro italiano, donde el pontífice asusta al político con un recurso (‘Non expedit’, y con ello obligando a no votar a los católicos), pidiendo en sus exigencias desmesuradas hasta expandir el Vaticano; la audiencia papal a la primera ministra de Groenlandia que deriva en un baile de la sexy mandataria glaciar al son de un tema italiano; esos cardenales espiando con un catalejo al papa con una joven mientras uno de ellos lee los labios del jerarca; el papa rezando de noche en el jardín con chándal blanco para que una joven quede embarazada (es estéril ella), mientras vemos enel fragmentado montaje como al joven fornica con su pareja apasionadamente; el presumido Papa esperando la tiara papal que llega en helicóptero (muy del Fellini de “La Dolce Vita”); el primer discurso a los cardenales, toda la liturgia es hipnotizante con sede y epicentro en la capilla Sixtina, filmada con espectaculares tomas cenitales, mientras el Papa es llevado bajo palio. Tras lo que hace le besen los pies, a Voiello lo empuja divertidamente con el otro pie; la escena en que el papa y su amigo se encuentran en restaurante con una scort; la divertida reunión del papa con un famoso escritor; el debate del papa con su mentor Spencer en la Capilla Sixtina; el Papa rezando en una gasolinera; la confesión en África a un cura que no entiende su idioma; y muchas más.

 

Pero, tiene peros, todo el apasionante hilo argumental vira, como si el guionista hubiera cambiado sin saber bien como era hasta entonces. A partir del séptimo episodio lo que era adentrarnos en ver cómo era un Papa radical y ultraconservador, amendrentando a todos con sus ideas se abandona. Ya no hay rastro d ellos conspiradores. Se desvía a sub tramas poco atractivas, ejemplo es la del padre Gutiérrez en Nueva York intentando ‘atrapar’ al poderoso pederasta clerical Kurtwell (buen Guy Boyd), se habla durante gran aparte de la serie, y luego la montaña pare un ratón. Se vuelve esto muy pedante, abriéndose a la tonta amistad de Gutiérrez con una oronda mujer encamada. Por cierto, lo de Kurtwell es atrapado de modo idiotesco, pero es que su castigo me resultó un insultro a la inteligencia en lo idiotesco; Hay un viaje del Papa a África en apoyo de una beata (que no lo es tanto) Antonia, que se resuelve de forma que me chirría; Cayendo en un elemento muy sobado en otras tropecientas historias de exitosos personajes que buscan a sus padres, lo cual trivializa al gran personaje de Lenny Belardo; Por cierto, (pregunta sin respuesta) porque dejan in media res la sub trama prometedora de Tonino Pettola.

 

El episodio final se da de modo hermoso en Venezia, cuando por fin el papa Pio XIII decide mostrarse en público, para dar una emociónate homilía desde la terraza de la Catedral de San Marcos.  

 

Spoiler:

 

Acabada la homilía, Lenny coge un catalejo para hacer una pasada sobre el público asistente en la Plaza San Marcos, cree ver a una pareja ataviada de ‘hippis’, y como Voiello le dijo que seguramente sus padres eran de esta sub cultura, los observa como se alejan de allí, pero entonces el papa sufre un infarto. Fin.

 

The Young Pope fue planeada como una serie limitada. Sin embargo, más tarde fue seguido por The New Pope, con el regreso de Law y la incorporación de John Malkovich.

 

Estupenda serie, aun con sus defectos, tiene fases magníficas que la hacen un gusto verla. Gloria Ucrania!!!

 

PD. La fotografía principal, que duró siete meses, comenzó en agosto de 2015 y se desarrolló principalmente en los estudios Cinecittà, donde se recreó el interior del Vaticano. Se rodaron exteriores y escenas de jardines en varias villas, principalmente Villa Lante (Bagnaia), Villa Medici y el Orto Botanico dell'Università di Roma "La Sapienza", mientras que también se rodaron algunos interiores en el Palazzo Venezia. Partes del último episodio se rodaron en la plaza de San Marcos de Venecia.

viernes, 30 de mayo de 2025

 


A LA CAZA.

 

Frustrante thriller, film que tras su escaparate de la exhibición del morbo del submundo sadomaso gay se esconde la nada. Escrita y dirigida por William Friedkin, basada libremente en la novela del periodista del New York Times Gerald Walker sobre un asesino en serie que atacaba a hombres homosexuales, en particular a los hombres relacionados con el mundo del cuero a finales de los 70. La visión del director de los ochenteros ambientes gay se refleja en guetos sado-maso repletos de velludos ‘ositos’ con cuero, cuero, botas, látigos, cadenas y gorras de policía, que se juntan en clubs nocturnos para saciar sus más bajos instintos a la vista de todos los voyeurs presentes. Había 40 minutos más de perversiones homosexuales donde Friedkin parecía querer saciar los instintos onanistas de los degustadores de este género, pero la censura le hizo eliminarlos. Es un retrato sórdido de un universo de calles, bares, (los mencionados) clubs, edificios de apartamentos, donde todos son gays (¿?), me resulta harto complicado dar veracidad a este cosmos, donde para retorcerlo más aun en el inicio nos muestran a un par de patrulleros policías que de modo homófobo arremeten contra dos gays, para luego forzarlos sexualmente, para espetarnos ese recurso simplista que detrás de uno que odia a los homosexuales hay un gay latente en él (¿?). Esta forma de representar a la comunidad gay como dodne impera el sadomasoquismo, la violencia y hasta los asesinatos provocó una oleada de protestas de los colectivos homosexuales.

 

En la ciudad de Nueva York, en pleno verano, aparecen restos humanos en el río Hudson. La policía sospecha que se trata de un asesino en serie que secuestra a hombres homosexuales en bares del West Village como el Eagle's Nest, el Ramrod y el Cock Pit, y los lleva a pensiones o moteles baratos, donde los ata y los apuñala hasta la muerte. El capitán Edelson (Sorvino) le pide al oficial Steve Burns (Pacino), delgado y moreno como las víctimas, que se infiltre en el mundo del sadomasoquismo gay y los bares de cuero del Meatpacking District para dar con el asesino. Burns acepta la misión, considerando este caso de alto perfil como una forma de ascender rápidamente en su carrera. Alquila un apartamento en la zona y se hace amigo de su vecino Ted Bailey (inane Don Scardino), joven dramaturgo gay con dificultades. El trabajo encubierto de Burns afecta negativamente su relación con su novia Nancy (Allen), debido a su incapacidad para contarle los detalles de su misión actual.

 

Tras este trampantojo del morbo hay la nada más absoluta, un guion atrofiado, donde nada funciona y todo se ve forzado. Tenemos a un Al Pacino de protagonista desubicado, que n o sabe bien lo que hace y lo demuestra en cada ataráxica aparición. No le ayuda un guion que nunca nos cuenta quien es, que quiere, cuales son sus aspiraciones, lo vemos en plan voyeur en los clubs pero nunca sabemos si él por mor de su misión o por gusto participa de los saraos gays. Pacino se mantiene todo el tiempo con una cara de alelado que te hace pensar si alguien lo engañó para estar ahí. No mejoran los secundarios, meros clichés acartonados con pies y ojos, con un Paul Sorvino pidiendo a gritos coger el cheque y salir corriendo; y una Karen Allen (única mujer del reparto) que parece una extraterrestre por como no entiende que hace ahí, al menos un año después le vino a tocar el gordo con su papel en “En busca del Arca perdida”.

 

El argumento no hay por donde cogerlo en la forma atropellada de acontecer, notándose lagunas que no se si son por una mala edición o por una pésima realización. Un desarrollo plano, con diálogos chuscos, con situaciones muchas ridículas, se lleva la palma el caricaturesco interrogatorio policial a un ‘sospechoso’ gay en que para ‘agilizar’ respuestas aparece de vez en cuando un negro de dos metros con sombrero texano y ataviado únicamente con un taparrabos que da unos guantazos pantagruélicos para luego volver a desaparecer a la habitación de al lado donde lee un periódico (propio esto de un sketch desechado de José Mota). Un manejo de la intriga y la tensión propio de alguien desganado. Todo para desembocar en un rush final atropellado, con un clímax del baratillo, y coronado por un pretendido epílogo ambiguo que por como ha evolucionado la peli me importa un bledo lo que signifique.

 

Puede que en el centro de la historia esté como le afecta al protagonista el tener que infiltrarse en este mundillo perverso gay, pero esto me resulta sin chicha alguna, nunca se empatiza mínimamente con el rol de Pacino que parece hueco. Por mucho que mientras fornica con su pareja hetero le vengan flashes de los ambientes gays, esto me es metido con fórceps, no hay asideros emocionales a los que cogerse, mero artificio huero.  No hay intensidad alguna en la caracterización de Burns, un robot. Friedkin parece pretende jugar con la ambigüedad del prota y le queda muy tosco por que no sabe abordar a este para darle matices y aristas, es más plano que un folio.

 

Los asesinatos se producen en un contexto de atavismo de muy bajo calado para el espectador (ósea, yo). Como se produce la investigación de Burns es propia de un tarugo, con uno de los sospechosos alardea de espiarlo e incluso de haber allanado su apartamento, ello sin sentido alguno.   

 

Spoiler:

 

Rush final: Siguiendo una nueva pista, Burns investiga a estudiantes de la Universidad de Columbia que estudiaron con una de las víctimas anteriores, un profesor universitario. Burns cree haber encontrado al asesino en serie: Stuart Richards (Richard Cox), estudiante gay de posgrado en música con esquizofrenia. Allana su apartamento y encuentra una caja con cartas para su padre. Burns se encuentra con Richards en Morningside Park y lo invita a tener relaciones sexuales. Después de que Burns le pida que se baje los pantalones, Richards intenta apuñalarlo, pero Burns lo apuñala en el costado, dejándolo incapacitado. Burns detiene a Richards, y sus huellas dactilares coinciden con las encontradas en uno de los apuñalamientos. Vamos, que al final cogen al primero que pasa por allí (¿?); Poco después, se encuentra el cuerpo mutilado de Ted. La policía descarta el asesinato como una pelea amorosa que se volvió violenta y emite una orden de arresto contra Gregory (inane James Remar), con quien Burns tuvo un enfrentamiento previo debido a los celos de Gregory. Esto que pinta en la peli?; Burns, ahora ascendido a detective, regresa a casa de Nancy. Mientras Burns se afeita la barba en el baño, Nancy se pone su chaqueta de cuero, gorra y gafas de aviador, exactamente las mismas que llevaba el asesino. Burns se mira en el espejo y fundido a fin; Que nos quiere decir Friedkin? Que el asesino es Burns? Que se ha vuelto un asesino copycat? Por eso lo del asesinado Ted, pero porque mataría él a este que era su amigo?; Nos viene a decir que conviviendo con gays Burns se ha coinvertido en gay? Y si es así que?; Pacino ha declarado que Friedkin no le explicó cómo interpretar el final de la película, diciendo: "Soy el asesino al final de la película o me he vuelto gay? A día de hoy no lo sé, porque Friedkin nunca me dijo cómo interpretar mi escena final".

 

Friedkin se interesó por el proyecto tras una serie de asesinatos sin resolver en bares de cuero gay en la década de 1970 y los artículos escritos sobre los asesinatos por el periodista del Village Voice Arthur Bell. Friedkin también conocía a un oficial de policía llamado Randy Jurgensen, que había recurrido al mismo tipo de encubrimiento que Steve Burns de Pacino para investigar una serie anterior de asesinatos gay; Paul Bateson, un asistente médico que había aparecido en la película de Friedkin de 1973, El exorcista, estuvo implicado (pero nunca acusado) en seis de los asesinatos en los bares de cuero, mientras que fue procesado por otro asesinato. Todos estos factores le dieron a Friedkin el ángulo que quería perseguir al hacer la película. Jurgensen y Bateson se desempeñaron como consultores cinematográficos, al igual que Sonny Grosso, quien anteriormente había asesorado a Friedkin en The French Connection. Jurgensen y Grosso aparecen en pequeños papeles en la película.

 

La película pretendía representar el cruising gay tal como se daba en el Mineshaft, que sí aparece en la novela. Sin embargo, ese bar no se nombra en la película porque no permitía filmar. Las escenas de la película se filmaron en el Hellfire Club, decorado para parecerse al Mineshaft. Los clientes habituales del Mineshaft también aparecieron como extras, y se rodaron escenas en calles y otros lugares cercanos al Mineshaft. Además, Pacino visitó el Mineshaft mientras investigaba para su papel.

 

La Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA) otorgó originalmente a Cruising una clasificación X. Friedkin afirma que presentó la película a la junta de la MPAA "50 veces" a un costo de $50,000 y eliminó 40 minutos de metraje del corte original antes de obtener la clasificación R. El metraje eliminado, según Friedkin, consistía íntegramente en imágenes de los clubes, donde se filmaron partes de la película, y contenía "sexualidad absolutamente explícita... ese material mostraba la homosexualidad más explícita con Pacino observando, y con la insinuación de que podría haber estado participando". En algunas discusiones, Friedkin afirma que los 40 minutos faltantes no afectaron la historia ni las caracterizaciones, pero en otras, afirma que el metraje creó "giros misteriosos (que la película ya no tiene)"; que el metraje adicional aclaró la sospecha de que el personaje de Pacino pudiera haberse convertido en un asesino; y que el metraje faltante simultáneamente hizo que la película fuera más y menos ambigua. Cuando Friedkin intentó restaurar el metraje faltante para el lanzamiento en DVD, descubrió que United Artists ya no lo poseía. Cree que UA lo destruyó. Cierta actividad sexual oculta sigue siendo visible en la película tal como se estrenó, y Friedkin intercaló algunos fotogramas de pornografía gay en la primera escena, en la que se representa un asesinato.

 

Tras el escándalo del film se haya la nada más olvidable. Gloria Ucrania!!!

 

PD. El título tiene un doble sentido, ya que "cruising" puede describir tanto a policías en patrulla como a hombres que buscan sexo.