sábado, 9 de marzo de 2024

 


PLATOON.


Mítico film sobre la Guerra del Vietnam, fue una exitosa producción tanto taquillera como de crítica, siendo nominada a ocho Oscar (incluidas las candidaturas a Mejor Actor de Reparto para Berenger y Dafoe), ganó cuatro: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Montaje y Mejor Sonido. Una cruda radiografía de la deshumanización a la que nos lleva el Jinete del Apocalipsis de la Guerra, despojando de todo miticismo y heroísmo la contienda bélica, para adentrarnos en un relato humanista sobre la sinrazón. Escrita y dirigida por el ‘enfant terrible’, el neoyorkino Oliver Stone, basada en su experiencia en esta guerra como soldado de infantería, en 1967, Stone se alistó en el ejército USA durante la Guerra de Vietnam. Sirvió de 1967 a 1968 en la 25.ª División de Infantería y resultó herido dos veces en combate. Por su servicio, recibió honores militares como la Estrella de Bronce con el Dispositivo "V" al valor, el Corazón Púrpura con Racimo de Hojas de Roble, la Medalla al Servicio de Defensa Nacional, la Medalla al Servicio de Vietnam con una Estrella de Servicio de Plata. El argumento del film sigue a un nuevo voluntario del ejército estadounidense (Sheen) que sirve en Vietnam mientras su sargento de pelotón y su líder de escuadrón (Berenger y Dafoe) discuten sobre la moralidad del pelotón y de la guerra misma.

 

Stone dijo haber escrito el guion para contrarrestar la visión de la guerra retratada en “Los boinas verdes” de John Wayne.Platoon” (Pelotón) fue la primera película de Hollywood escrita y dirigida por un veterano de la guerra de Vietnam. Esta fue la primera película de una trilogía de la guerra de Vietnam dirigida por Stone, seguida de “Nacido el 4 de julio” (1989) y “El Cielo y Tierra” (1993). Protagonizan Tom Berenger, Willem Dafoe, Charlie Sheen, Keith David, Kevin Dillon, John C. McGinley, Forest Whitaker y Johnny Depp. Stone utiliza el dispositivo narrativo dela voz en off del protagonista exponiendo sus pensamientos, siguiendo su deterioro físico por las extasiantes marchas por la selva, y sobre todo la degradación mental por vivir en este averno, con constantes choques con el enemigo, tiroteos, heridos, muertos, provocando en el pelotón el terror en diferentes modos de afrontarlo, desde la simbiosis con el terreno, disfrutando de la espiral de violencia, o los que desena salir de allí como sea, aunque sea auto lesionándose. Stone consigue que el espectador se sumerja en esta selva asquerosa, hace que sudemos, que nos aterremos, nos hastiemos, nos envuelve en una pesadilla, que no es más que el despertar de la inocencia de su protagonista, que pasa del idealismo de ser un voluntario a sentirse intoxicado por la experiencia, esto ya se siente desde su aterrizaje al aeropuerto de Saigon, donde se cruza con las bolsas de cadáveres que son enviados a USA, los recién llegados novatos no son más el reemplazo de los muertos, y quizás (miles lo fueron) vuelvan también en bolsas mientras también llegan otros en una cadena que no parecía tener fin. Seguimos la labor ordinaria de un batallón en el frente de Guerra.

 

En 1967, Chris Taylor (Sheen), voluntario del ejército estadounidense, llega a Vietnam del Sur y es asignado a un pelotón de infantería de la 25.ª División de Infantería cerca de la frontera con Camboya. Aunque el pelotón está oficialmente bajo el mando del joven e inexperto teniente Wolfe, los soldados ceden ante dos de sus subordinados mayores y más experimentados: el cínico sargento Barnes (Berenger) y el más compasivo sargento Elias (Dafoe). Taylor está desplegado con Barnes, Elias y otros soldados experimentados para una emboscada nocturna a una fuerza del ejército norvietnamita. Aparece una patrulla del EVN, lo que provoca un breve tiroteo. Taylor resulta herido mientras otro nuevo recluta, Gardner, muere. A su regreso a la base desde el puesto de socorro, Taylor se une a Elias y su círculo de fumadores de marihuana, mientras se mantiene distante de Barnes y sus seguidores más acérrimos. Durante una patrulla posterior, dos soldados mueren por una trampa explosiva y otro por asaltantes invisibles. Ya nerviosos, el pelotón se enoja aún más cuando descubren un alijo de suministros enemigo en una aldea cercana. Barnes interroga agresivamente al jefe de la aldea sobre si los aldeanos han estado ayudando al EVN.

 

Mayormente estamos en medio de la selva con el batallón, donde el enemigo es un ente cuasi-invisible, sentimos la sensación de cansancio, de miedo, de peligro latente. Los soldados son una bomba de relojería a punto de estallar por las diferentes fases por las que pasan, hasta que el afán revanchista todo explota en una aldea de campesinos vietnamitas, tramo brutal por el salvajismo empleado por los soldados, segmento este claramente inspirado en La Matanza de My Lai. Entre 347 y 504 civiles fueron asesinados por soldados estadounidenses. Entre las víctimas había hombres, mujeres, niños y bebés. Algunas de las mujeres fueron violadas en grupo y sus cuerpos mutilados, la mayor masacre de civiles perpetrada por las fuerzas estadounidenses en el siglo XX de la que se tiene público conocimiento. También en la vida real hubo un choque entre el que lideró la matanza, el segundo teniente Calley y el oficial de helicópteros Thompson, que ordenó disparar a su tripulación si continuaba la carnicería. Esta del film no llega a los niveles de My Lai, pero en menor escala si deja patente el grado de violencia malsana, donde cualquier moralidad, cualquier asidero humano se pierde en pos del salvajismo más atávico, liderados por el sargento Barnes (con cicatrices que le hacen ver como el monstruo que es) en su brutalidad asesina, y con ello entendemos porque los norteamericanos no tuvieron nunca las simpatías de las zonas rurales en esta guerra. Pero Stone también ofrece un halo de esperanza cuando muestra que hay un sargento, Elias, que si demuestra tener conciencia moral y colisiona con los métodos de Barnes. Este duelo de razones llega a su zenit en otro entente contra el enemigo, que dará origen a la escena mítica del film. Son el Bien vs el Mal, la Brújula Moral contra el Instinto Básico de matar y preguntar después.

 

Todo un desarrollo donde Taylor se encuentra en medio de las dos visiones de la Guerra. El muchacho se irá curtiendo conforme avanzan las semanas, encuentra refugio en el grupo de Elias, fumando marihuana con ellos para huir de la dura realidad. Y ello surtido por diálogos inteligentes sobre la guerra, sobre las motivaciones de unos y otros, siendo el leit-motive la reflexión final desde el helicóptero. Todo en un crescendo gradual muy bien llevado por Stone, con gesto sutiles, sorbe todo en las miradas que en silencio dicen mucho, que desemboca en un clímax apoteósico donde la barbarie macro de la guerra se entrecruza con lo micro del animal emergiendo del protagonista en su pugna contra el mal, pero sobre todo contra sí mismo.  

 

Una inmersión fascinante en este lar perdido de la mano de Dios. Gracias en parte a la gran puesta en escena que nos imbuye del pesaroso estado de ánimo reinante en estos bosques monzónicos. Con un sobresaliente diseño de producción de Bruno Rubeo (“Nacido el 4 de Julio” o “El mercader de Venezia”), filmándose la cinta en Filipinas, en sus selvas, todo un prodigio de sensación de estar allí; azuzado esto por la formidable cinematografía del tri-oscarizado Robert Richardson (“JFK”, “El Aviador” y “La invención de Hugo”), sabiendo ser cámara en mano uno más entre el pelotón, haciéndonos sentir el sopor, jugando con lo velado de la semioscuridad, provocando sensaciones en como confiere un halo fantasmagórico a los norvietnamitas, ello adornado por algunos recursos un tanto artificiosos en algún slow para enfatizar emociones dramáticas, gran trabajo cutáneo; pero sobre todo es omnipresente la banda sonora del maestro galo Georges Delerue (“El desprecio” o “El Conformista”) que dirige a la “The Vancouver Symphony Orchestra” para ejecutar la mejor pieza de la banda sonora, el “Adagio for strings” de Samuel Barber, un epicúreo tema que en comunión con la historia se te opone el vello de punta en varias ocasiones, el contraste cuasi místico del tema entrelazado al carácter salvaje de la violencia a la que asistimos.

 

Charlie Sheen borda su papel, puede que su mejor actuación en cine, transmite todo un arco de desarrollo acompañado de emociones que nos llegan en su dualidad de protagonista y narrador, desde la desorientación inicial, al veterano ajado del rush final, buen rol; Willem Dafoe es estupendo como el sargento Elias, es la luz en la oscuridad, camina entre la fina línea entre ser un chacal en primera línea, buscando enemigos en los famoso túneles vietnamitas, y no volverse un loco asesino. Su rol tiene en su escena final un icono del Séptimo Arte (spoiler); Y está el tercer vértice de es te triángulo sobre el que pivota el joven, el veterano sgto. Barnes, encarnado por un arrollador Tom Berenger, con su rostro marcado por heridas le dotan de una dureza adusta, con un nervio y crudeza que lo convierten en un guerrero desalmado dispuesto a todo, la personificación de la perdida de cualquier moralidad en la guerra, brillante su interpretación; Entre el resto del elenco se hace un hueco Kevin Dillon (hermano de Matt Dillon; actor que se hizo un lugar en los corazones catódicos en los 2000 con su ‘Johnny Drama’ de la popular serie de la HBO “Entourage”), como un joven aprendiz de sgto. Barnes, un psicópata que disfruta matando, muy bueno.

 

Spoiler:

 

Momentos recordables: El tiroteo primero nocturno en medio de la selva; La masacre del pelotón en el poblado rural vietnamita; Pero sobre todo queda la secuencia en que el pelotón se retira en helicópteros de una zona de combate por la llegada de los norvietnamitas, y desde el aire vemos a estos perseguir cual hordas al sargento Elias, que Barnes decía haber visto muerto. Escena a cámara lenta para potenciar el dramatismo teatral, ello flanqueado por el sempiterno tema del Adagio para cuerda de Barber (0pus 11), siendo acribillado ante la impotencia de sus compañeros huyendo, de rodillas y lanzando sus brazos en alto, Épico. Aunque hay un par de elementos que me hacen torcer el ceño. El primero es que, si Barnes ha encontrado a Elias muerto, sui deber de compañero es haberlo recogido para ser enviado a USA. Y segundo, es que, si los helicópteros en su huida ven a un compañero asediado por cientos de enemigos, sui deber es intentar ayudarlo, y en el peor de los casos recoger el cadáver por orgullo y no dejarlo allí.

 

Es muy bueno el rush final con la batalla en la noche, una carnicería de enfrentamientos cuerpo a cuerpo, van cayendo muertos todos los del pelotón. Hassta que se da orden a la aviación que disparen contra sus propias posiciones, provocando el Apocalipsis en el campo de batalla. Hay una elipsis y ya es de día, el panorama es de decenas y decenas de cadáveres esparcidos por la selva. Taylor, que quedó inconsciente tras el bombardeo se recupera, toma un rifle enemigo y encuentra a Barnes arrastrándose lentamente por el suelo. Barnes le ordena que llame a un médico, Taylor no responde. Después de desafiar a Taylor a matarlo, Barnes le dispara varias veces hasta matarlo. Vemos a Francis (Corey Glover, soldado que ansiaba salir de Vietnam como fuera) que se apuñala en la pierna y le recuerda a Taylor que, como han sido heridos dos veces, pueden regresar a casa. Mientras un helicóptero se lleva a los dos hombres, Taylor se despide de Rhah. Sargento (Francesco Quinn). O'Neil (John C. McGinley), lacayo de Barnes que se escondió debajo de un cadáver durante la batalla, recibe el mando del resto del pelotón. Abrumado, Taylor rompe a sollozar mientras mira fijamente los múltiples cráteres llenos de cadáveres y narra cómo la guerra lo ha cambiado para siempre, en off oímos como Taylor piensa que el verdadero enemigo está dentro de cada uno y que la guerra nunca lo abandonará, mensaje del film.

 

Refugiados vietnamitas que vivían en Filipinas en ese momento fueron reclutados para actuar en diferentes papeles vietnamitas en la película. Stone hace un cameo como comandante del 3.º Batallón, 22.º de Infantería en la batalla final, se basó en la histórica Batalla del Día de Año Nuevo de 1968 en la que había participado mientras estaba de servicio en Vietnam del Sur. Dale Dye, interpretó al Capitán Harris, el comandante de la Compañía B, es un veterano de la Guerra de Vietnam del Cuerpo de Marines de los EE. UU. que también se desempeñó como asesor técnico de la película.

 

El rodaje de exteriores comenzó en la isla de Luzón en Filipinas en febrero de 1986, Las escenas se rodaron en Mount Makiling, Laguna (provincia) (para las escenas del bosque), Cavite (para las escenas del río y del pueblo) y la base aérea de Villamor cerca de Manila. aunque la producción casi fue cancelada debido a la agitación política en el país, a causa del entonces presidente Ferdinand Marcos . Con la ayuda del conocido productor asiático Mark Hill, el rodaje comenzó, según lo previsto, dos días después de que Marcos huyera del país. El rodaje comenzó en febrero y duró 54 días y costó 6,5 millones de dólares. La producción llegó a un acuerdo con el ejército filipino para el uso de equipo militar.

 

A su llegada a Filipinas, el elenco fue enviado a un curso de entrenamiento intensivo, durante el cual tuvieron que cavar trincheras y fueron sometidos a marchas forzadas y "emboscadas" nocturnas, en las que se utilizaron explosiones con efectos especiales. Dirigido por el veterano de la guerra de Vietnam Dale Dye , el entrenamiento sometió a los actores principales, incluidos Sheen, Dafoe, Depp y Whitaker, a un régimen de entrenamiento inmersivo de estilo militar de 30 días. Limitaron la cantidad de comida y agua que podían beber y comer y, cuando los actores dormían, dispararon balas de fogueo para mantener despiertos a los cansados ​​actores. Dye también tuvo un pequeño papel como el Capitán Harris. Stone dijo que estaba tratando de doblegarlos, "meterse con sus cabezas para que pudiéramos cansar a ese perro, que no les importe la actitud, la ira, la irritación... el acercamiento casual a la muerte".

 

Fue un éxito de taquilla tras su estreno, recaudando 138,5 millones de dólares a nivel nacional frente a su presupuesto de 6 millones de dólares, convirtiéndose en la tercera película nacional más taquillera de 1986. En 1998, el American Film Institute colocó a Platoon en el puesto 83 en su encuesta " 100 años de AFI... 100 películas". En 2019, la película fue seleccionada para su conservación en el Registro Nacional de Películas de los Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso por ser "cultural, histórica o estéticamente significativa".

 

La música de la película fue de George Delerue. La música utilizada en la película incluye Adagio for Strings de Samuel Barber, "White Rabbit" de Jefferson Airplane y "Okie from Muskogee" de Merle Haggard (lo cual es un anacronismo, ya que la película está ambientada en 1967, pero la canción de Haggard fue no publicado hasta 1969). Durante una escena en "Underworld", los soldados cantan "The Tracks of My Tears" de Smokey Robinson y The Miracles , que también apareció en el avance de la película. La banda sonora incluye "Groovin'" de The Rascals y "(Sittin' On) The Dock of the Bay" de Otis Redding.

 

Notable film bélico anti-bélico, la fina línea entre un concepto y otro es muy difusa. Gloria Ucrania!!!

 

SUCEDIÓ UNA NOCHE 

Cautivadora comedia romántica, todo un clásico atemporal, que no pierde frescura a pesar de los 90 años desde su estreno, precisamente la he (re) visto por este motivo (18/02/1934), plagada de elementos pícaros propios de estar realizada antes de la instauración del Código de Censura Hays, que añaden salsa a una divertida historia de lucha de sexos. Dirigida y coproducida por Frank Capra, adaptando el ingenioso y chispeante  guión de Robert Riskin (colaborador habitual capriano: el año anterior había escrito para él “Dama por un día”, y posteriormente “El secreto de vivir”, “Vive como quieras”, y “Horizontes perdidos”), se basa en el cuento de 1933 "Night Bus" de Samuel Hopkins Adams, teniendo de cabecera a una brillante pareja en Claudette Colbert como snob caprichosa hija de un millonario, y Clark Gable como un reportero en horas bajas que encuentra un filón en la dama de la socialité, versando la historia en estilo road-movie sobre un viaje por USA que por azar les une desde el sur floridano a Nueva York.

 

La heredera mimada Ellen "Ellie" Andrews (Colbert) se ha fugado con el piloto y cazafortunas King Westley (poco más que un cameo de Jameson Thomas) en contra de los deseos de su padre extremadamente rico, Alexander Andrews (Walter Connolly), quien quiere anular el matrimonio porque sabe que Westley en realidad sólo está interesado en el dinero de Ellie. Ellie abandona el barco en Florida y se escapa y sube a un autobús Greyhound a la ciudad de Nueva York para reunirse con su marido. Conoce a su compañero de viaje Peter Warne (Gable), un periodista que recientemente perdió su trabajo. Pronto, Peter la reconoce y le da una opción. Si ella le da una exclusiva sobre su historia, él la ayudará a reunirse con Westley. Si no, le dirá a su padre dónde está. Ellie acepta ayudar.

 

Obra maravillosa de la que han bebido desde entonces muchas comedias, homenajeando-plagiando sus escenas más populares, desde la jocosa descripción del reportero sobre los tres métodos infalibles de Peter de hacer auto stop, la respuesta de ella a la forma efectiva de parar un coche (la transgresora latente sexualidad imperante en el film), como se mantienen separadas dos camas en una habitación con un no matrimonio (“Las Murallas de Jericó”), como él le muestra con narrativa como se desviste un hombre (tuvo que ser la monda para el espectador de entonces el striptease del famoso galán) como la forma en que el protagonista ‘acojona’ a un ‘listillo’ pasajero (estupendo Oscar Shapeley) que pretende sacar tajada de una recompensa, la lección sobre cómo se come un buñuelo con leche, la improvisada discusión de matrimonio de paletos para despistar a unos detectives, la forma en que cruza la parejita un rio (mención especial a como el reportero ‘castiga’ a ella), todo el running gag de comer zanahorias (soy muy retorcido, o esto tiene un doble sentido tirando a lo fálico?), momentos esto que quedan para siempre en el subconsciente cinéfilo.

 

Habiendo un gran equilibrio entre la comedia y mostrar la entonces reinante Gran Depresión USA, donde Capra no solo no la elude, muestra una secuencia en que el protagonista saluda con entusiasmo a unos vagabundos que viajan en un tren de mercancías, se sirve de ella para mostrar el espíritu indomable de la sociedad norteamericana, mostrándooslos como gente alegre que hace frente a la adversidad con optimismo, como lo demuestra la canción popular que cantan en el bus los pasajeros a coro, o la solidaridad reinante cuando una mujer hambrienta es ayudada con dinero. Todo ello con un desarrollo trepidante, con ritmo fluido, con diálogos inteligentes, mordaces, corrosivos, con situaciones agudamente hiladas para provocar al espectador, ello evolucionando emitiendo alegría de vivir. Primando mantras caprianos sobre la libertad individual, la solidaridad, la loa de las clases necesitadas, el ataque al hedonismo de los ricos, ello con solidez narrativa.

 

La película juega con sinergia la batalla de sexos, poniendo virtudes y falencias en cada lado de la balanza, donde la mujer no es un ente pasivo mujer- florero, despliega carácter, tiene ideas buenas, tiene inventiva, sabe improvisar, es solidaria, se rebela ante las injusticias, se rebela ante quien quiere controlarla, y frente a ella un hombre ingenioso, valiente, habla de compartir su vida con una mujer, no de que sea su mansa ama de casa. Entre los dos intérpretes surge una química extraordinaria, de esas que traspasan la pantalla con su vigor. Colbert con su frágil figura derrocha ternura y encanto, así como sabe proyectar picardía, también un gradual arco de desarrollo de amor por su partenaire compañero de viaje; Gable, pues es Gable, un macho Alpha arrollado con su encanto natural, con una expresividad sutil maravillosa; Entre ambos hay chispas vigorosas que nos llegan. 

 

Tiene buenos actuaciones de apoyo, como Walter Connolly como Alexander Andrews, el padre millonario de Ellie, emite la arrogancia de un tipo omnipotente en su dinero; el siempre efectivo Alan Hale como Danker, un conductor simpático que recoge a la pareja; Charles C. Wilson como Joe Gordon, editor de un periódico y jefe de Peter, se hace un lugar en unas pocas escenas.

 

Entre lo negativo está su apresurado rush final, que da la impresión Clark Gable se le acabó el contrato de préstamo a la Columbia cedido por la Metro y ya no pudieron sacarlo más, esto provoca grima por la forma chusca en que nos quieren hacer ver que está cuando es evidente que no. No es un final satisfactorio. Hay otro detalle políticamente incorrecto, pero esto es debido al contexto de hace 90 años, pero no por ello es menos chirriante en su machismo paternalista, ello, que no se había dado en el resto del metraje se da y hace torcer el gesto, cuando el padre de Ellie le pregunta a Peter si realmente la ama, él responde: "Lo que ella necesita es un chico que la golpee una vez al día, le venga bien o no", y el padre queda encantado con esta visión de violencia machista hacia su retoña (¿?).

  

La puesta en escena destaca por ofrecer un mosaico naturalista de la USA de la Gran Depresión, por lo que destaca la dirección artística del no acreditado Stephen Goosson (“La Dama de Shanghái” u “Horizontes perdidos”), emitiendo un gran sentido humanista en como sentimos la realidad ambiental, con sus estaciones de bus, bares de carretera, moteles, granjas, oficinas de prensa, e incluso la naturaleza de bosques y ríos; ello enaltecido por la vigorosa fotografía en glorioso b/n de Joseph Walker (“La Dama de Shanghái” o “Que bello es vivir”), colaborador habitual de Capra en los 30 y 40, con contrastes de grises dramáticos, con descriptivos travellings, con sentido bucólico inherentes a alguna tomas, como la del rio con el sol pegando fuerte, siendo cálida en el interior del bus. Transmitiendo compañerismo vitalista entre los pasajeros; Sobre la música destacan dos canciones tradicionales: "The Man On The Flying Trapeze" (cantada a coro en el bus, en un jolgorioso interludio) y "Who's Afraid Of The Big Bad Wolf" (canta Gable).

 

Spoiler:

 

Escena catarsis: En el último motel, una vez los dos acostados con Las Murallas de Jericó de por medio, Peter admite su sueño de estar en una isla desierta con una mujer para experimentar "noches en las que tú, la luna y el agua se vuelven uno, y sientes que eres parte de algo grande y maravilloso". Es en ese momento cuando Ellie rodea Las Murallas. Al principio, el plano medio parece bastante normal desde la perspectiva de Peter. Luego pasa a un primer plano filtrado suavemente, lo que sugiere que Peter ahora ve a Ellie como interés amoroso. Ella se acerca a él con lágrimas en los ojos. “Llévame contigo”, solloza, declarando su amor. Pero él la envía de regreso al otro lado del muro.

 

Los dueños del Motel en el que se hospedan notan que el auto de Peter ya no está (se ha ido de madrugada a Nueva York a pedir dinero prestado a su ex jefe por la historia que ha vivido con Ellie). Esto me es estridente, pues a que viene esas prisas de é? Para que necesita plata tan rápidamente? Como si debiera algo. Porque no le deja una nota a Ellie por sis e despierta? Esta parte queda regularmente trabajada orgánicamente. La echan a Ellie del Motel, ella creyendo la abandonado Peter llama su padre, que ya accedido a que se case con Westley, ella por despecho a Peter lo hará. Peter ha tenido éxito en su visita a su ex jefe, pero cuando vuelve se cruza con Ellie que va en el gran auto de su padre, uy él piensa que ella lo ha abandonado. El día de la boda, finalmente le cuenta toda la historia a su padre. Cuando Peter llega a la casa de Ellie, Andrews le ofrece el dinero de la recompensa, pero Peter insiste le paguen sólo sus gastos, 39,60 dólares por artículos que se había visto obligado a vender para comprar gasolina. Cuando Andrews presiona a Peter para que le explique su extraño comportamiento y le exige saber si la ama, Peter primero intenta esquivar las preguntas, pero luego admite que ama a Ellie y se marcha furioso. Westley llega a su boda en un autogiro, pero en la ceremonia, Andrews le revela a su hija Peter la negativa de su hija Peter a recibir el dinero de la recompensa y le dice que su auto está esperando en la puerta trasera en caso de que cambie de opinión. En el último minuto, justo antes de decir "Sí, quiero", decide no seguir adelante con la boda. Ellie deja a Westley en el altar, sale corriendo hacia su auto y se aleja mientras las cámaras del noticiero encienden. Dejando constancia de la libertad y carácter de una mujer que hace lo que quiere. Unos días más tarde, Andrews está trabajando en su escritorio cuando Westley lo llama para decirle que aceptará el acuerdo financiero y no impugnará la anulación. Su asistente ejecutivo le trae un telegrama de Peter: "Qué está retrasando la anulación, lento? Los Muros de Jericó se están derrumbando!". Con la anulación en la mano, Andrews envía la respuesta: "Déjenlos caer". La última escena muestra el maltratado Modelo T (robado a Danker ¿?), estacionado en un patio de automóviles en Glen Falls- Michigan. Los dueños de la familia hablan y se preguntan por qué, en una noche tan cálida, los recién casados ​​(había visto la licencia de matrimonio) querían un tendedero, una manta extra y la trompeta de hojalata que él les había comprado. Mientras miran la cabaña, la trompeta de juguete suena una fanfarria, la manta cae al suelo y las luces de la cabaña se apagan. Pues bien, tras hablar Peter con Alexander Andrews ya no vuelve a salir más en pantalla. No vemos el reencuentro entre la pareja, nos hurtan el momento, solo debemos intuir que están dentro de la habitación del Motel, esto me cruje.

 

Fue la primera de sólo tres películas (junto con Alguien voló sobre el nido del cuco y El silencio de los corderos) en ganar los cinco premios principales de la Academia: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actriz y Mejor Adaptación. Guión. En 1993, la Biblioteca del Congreso la seleccionó para su conservación en el Registro Nacional de Películas de EE. UU., por considerarse "cultural, histórica o estéticamente significativa".

 

Me queda una notable película de las que deja una sonrisa agradable por tiempo. Gloria Ucrania!!!

 

CARGO 200.


Perturbador film ruso dirigido y guionizado por Alekséi Balabánov, un thriller agrio, con toques malsanos de humor que te dejan mal cuerpo, un retrato putrefacto de la sociedad soviética cuando se cernía ya el colapso que provocó la llegada al poder de Gorbachov y su Perestroika. La acción se desarrolla durante la culminación de la guerra soviética en Afganistán en 1984. El título alude al número de muertos de esta guerra que cargaba un avión militar. Los desembarcaban de 200 en 200 y se calcula que la URSS tuvo alrededor de 15 mil bajas metidas en ataúdes de zinc en esa guerra considerada El Vietnam soviético, maravillosa en este sentido la escena en que vemos llegar los ataúdes y en estos mismos aviones se montan los jóvenes que van al matadero centroasiático. Es un lienzo desolador de una sociedad enferma de corrupción, un descenso a lo peor de la naturaleza humana, un desarrollo con trazos al cine de terror, donde hay cabida para los abusos de poder, asesinatos, violaciones, ejecuciones, secuestros, todo ello de la forma más brutal, para un sub mundo poblado por seres patéticos, miserables, dementes, seres presos de lo peor de sus bajos instintos. Obra que te deja mal cuerpo, te provoca incomodidad en sus situaciones aberrantes muchísimas de ellas.

 

Asistimos al derrumbe del monolítico régimen soviético ser miembro preminente del Partido Comunista ya carecía del poder de antaño. Los jóvenes, los políticos, la policía, la justicia (lo del juicio farsa sumarísimo, y como se ejecuta la sentencia es aberrante), el ejército estaban ‘sembrados’ de podredumbre moral. Ser parte del apparatchik ya no rentaba, los jóvenes ya no tenían de referentes a estos (lo veían como parte de la decoración chic, como demuestra la camiseta del joven Valera), veían el vellocino de oro en los negocios espurios (las destilerías clandestinas o el tráfico ilegal de pieles; las mafias floreciendo en Rusia), y estos serán más tarde los oligarcas de hoy día.

 

Artemy (Leonid Grómov), profesor de ateísmo científico en la Universidad Estatal de Leningrado, visita a su hermano en un pueblo pequeño. Allí conoce a Valery (Leonid Bichevin), un joven que está saliendo con su sobrina y ha venido a llevarla a una fiesta. En el camino de vuelta de Léninsk a Leningrado, el automóvil de Artemy se descompone y entra en una granja aislada para obtener ayuda. Artemy habla con el dueño de la granja, Alexey (Alekséi Serebryakov). Los dos beben alcohol casero y discuten sobre la fe en Dios y la retribución de los pecados, el profesor que defiende la cosmovisión ateísta soviética. Artemy también se encuentra con la esposa de Alexey, Antonina (Natalya Akímova), así como Sunka (Mijaíl Skryabin), un trabajador vietnamita que trabaja en la granja, que parece ser prácticamente un esclavo personal de Alexey, y un tercer extraño que no se explica en el momento. El trabajador de Sunka (cróitrivcca a como incluso en el ‘paraíso’ del proletariado comunista había racismo, pues a este hombre lo tiene semi-esclavizado, al menos eso parece), finalmente arregla el automóvil de Artemy y el profesor conduce. Como está demasiado ebrio, prefiere volver con su hermano. Mientras tanto, Valery va a una fiesta solo, ya que su novia (la sobrina de Artemy) necesita estudiar. En el concierto, Valery conoce a otra amiga estudiante de su nombre, Angelika (Ágniya Kuznetsova), hija de un alto funcionario del Partido Comunista, y beben juntos. Después de la fiesta, en busca de más alcohol, Valery conduce con ella a una granja de moonshiners, que resulta ser la misma granja que Artemy había visitado antes. Valery le dice a Angelika que se quede en el auto mientras él toma el alcohol. Sin embargo, en lugar de regresar directamente al automóvil, se emborracha sin sentido con el alcohol ilegal, Alexey. Angelika, esperando en el auto, se da cuenta de que está siendo observada por un hombre extraño. Ella se asusta y trata de obtener ayuda de Antonina, que le da a la niña una escopeta y la esconde en un granero. El extraño, que resulta ser un oficial de policía, el Capitán Zhúrov (Alekséi Poluyán), entra al establo y le quita el arma.

 

Película de una sordidez seca, que muestra la grieta generacional entre la vieja guardia bolchevique y los advenedizos jóvenes, estos se mueven por el estilo de vida occidental (estadounidense), su vestimenta, las discotecas, la música rock frente al folk tradicional ruso. En este sentido es aleccionador el inicio, donde dos hermanos de mediana edad, uno coronel del ejército, el otro profesor de ateísmo científico en una universidad marxista leninista, comen lo que ha llevado el segundo, discutiendo sobre la actitud irrespetuosa de los jóvenes. Ven llegar a la hija del coronel con su novio Valera, este viste con jeans y chupa de cuero, el militar comenta que gana más que el en sus trapicheos, luego vemos al jovenzuelo melenudo hablar con displicencia a estos mayores del apparatchik.

 

Es un film donde el hilo conductor es disperso, solo parece interesado Balabanov en mostrarnos una radiografía ácida y maloliente de este tiempo y lugar como epítome de toda la URSS, proyectarnos un estado de ánimo edificado sobre el feísmo, en el marco de la crisis de referentes morales soviética, un reflejo de la decadencia de un Imperio que se autodestruye. Nos pasean, gracias a la climática fotografía de Aleksandr Simonov (“Paraíso” o “El cartero de las noches blancas”) por paisajes ocres-macilentos para hacernos sentir en los 80, exteriores donde nunca se ve el sol, solo cielos grisáceos, interiores con poca luz, ello en el mugriento cuasi ruinoso escenario de la ciudad industrial de Leninsk, edificios colmenas asquerosos, cochambrosos, con el horizonte de fábricas, autos antiguos que se estropean, discotecas clandestinas en naves abandonadas de paredes desconchadas, donde nadie quiere hacerse cargo de los féretros de los caídos por la URSS en Afganistán. Los jóvenes queman sus penas en alcohol prohibido.  

 

Un juego perverso donde se interconectan los dos mencionados apparatchik, un advenedizo joven oportunista y cobarde, un corrupto policía secuestrador y violador, una infortunada joven, un pobre vietnamita, un traficante de vodka ilegal, una madre atolondrada por los programas de tv (seguramente el director pretende criticar este opio del pueblo con programas atontadores), y hasta un cadáver heroico que en un giro perturbador se convierte en un pelele con ínfulas necrófilas. Y con ello lanzando un torpedo contra el patriotismo ruso, es desolador este tramo en que sacan al muerto en la guerra de su ataúd como si fuera una lata de sardinas y ver como lo tiran junto a una mujer violada es de los momentos que te hacen incomodar y removerte.

 

Hay incluso lugar para que se diserte sobre la existencia o no de Dios, ello en un debate extraño (es decir poco) entre un profesor de ateísmo que se emborracha con vodka, y el traficante de alcohol ilegal creyente que limpia su escopeta, este sueña con crear una comunidad granjera utópica, mostrando en el choque de ideas la grieta existente en Rusia entre las ciudades más manipulables por el estado soviético frente a la ruralidad más hermética y tradicionalista con su fe religiosa arraigada.

 

Balabánov construye un film adusto plagado, edificando una tensión y violencia latente que termina explotando en varios crueles escenas. Epítome de esto es el tramo en la cabaña de los ‘vodkaleros’. Como por casualidad (esta licencia es complicado de otorgársela en como juega el azar de modo singular como poco) primero llega allí el mencionado profesor de ateísmo. Pero también llega el novio de su sobrina a comprar vodka ilegal, dejando muestras del alcoholismo innato de los rusos, esto primero lo exponen en una escena de humor negro cuando el joven alardea de como se bebe vodka como un hombre y conforme lo hace cae desvanecido por el vodka al suelo. Lo malo es que el joven llevaba en su auto a una chica, la hija de un alto mandatario político ruso, esta aterrorizada por ser acosada en el coche por un tipo va pedir ayuda a la granja, allí su pareja está en el suelo desmayado. Una mujer la ‘ayuda’ dándole ‘refugio’, pero la cosa termina de forma, primero asesina y luego con una violación aterradora con una botella. Donde la joven se muestra como muy idiota, no sé si es que el director pretende nos provoque risa la secuencia, pero lo que me provoca es una mueca de irritabilidad.

 

El director decide dejar su film in media res, da un final nada complaciente, pienso que no por no saber acabarlo, si no por querer decirnos que no hay esperanza.

 

Aleksey Poluyan como el capitán Zhurov es impresionante, aterrador en el modo flemático en que se comporta, amenazante sin armar ruido, te crees el dominio que tiene sobre la joven; Leonid Gromov comoe l profesor ateísta está muy bien en su patetismo, reflejando el precisamente la alegoría de un régimen que viraba según el viento que venía; Leonid Bichevin como el advenedizo Valera borda su rol de símbolo de los emergentes vividores que buscan oportunidades en este mar revuelto, y que en su cobardía calla saber la verdad de la desaparición de Angelika; Agniya Kuznetsova como la joven Angelika vejada y violada, estremece lo que padece, emite una fragilidad que te cala, excelente. En realidad, hay quien la puede ver como que ella es Rusia, una hermosa joven en flor de la vida abusada por la corrupción, moral más extrema, a la que incluso le llevan sus héroes para ridiculizarlos.

 

Spoiler:

 

Momentos recordables: La violación con la botella de vodka a una Angelika virgen; Cuando ponen el cuerpo sin vida del novio de Angelika junto a la joven desnuda y esposada; El tipo que le ha ayudado al secuestrador a llevar el cuerpo del novio le deja violar a la joven y mientras lo hace, fuera de campo (la cámara observa a la demente madre del raptador viendo la tv), le pega un tiro que oímos, luego vemos el cuerpo desangrado junto a la joven y también el féretro del novio, ello mientras el Zhurov lee las cartas del novio (que ha conseguido con arteros métodos) a ella mientras esta solloza. Menuda escena retorcida, donde decir que te deja mal cuerpo es quedarse muy corto; Aparte queda el proceder de Zhurov y las charlas con su madre sobre la chica secuestrada, al que el raptador llama novia y comenta a la madre que no le quiere (¿?), esto quizás pretendiendo que nos provoque risa (¿?); Está el juicio a Alexei, un teatrillo burdo, y como acaba todo con un disparo en un pasillo en la nuca; El rush final en que Antonina, esposa de Alexei , desentierra una escopeta, va a visitar a Zhurov con ella, y mientras este lleva  las cartas a Angelika lo sorprende y dispara, matándolo y dejando una escena propia del Averno, gritando a una desnuda Angelika rodeada y esposada con tres cadáveres, y en la habitación e al lado una atolondrada vieja viendo la tv, espeluznante es quedarse a varios pueblos; Vemos al profesor de ateísmo en el final, ingresar en una iglesia pidiendo ser bautizado, aunque esto no es de donde viene y porque (¿?). Entiendo el mensaje del viraje de Rusia, pero no porque lo hace Artemy; Valery (que escapó ileso de todo el asunto y sin que nadie sepa que él sepa nada), se muestra discutiendo propuestas comerciales con un amigo suyo (el hijo de Artemy, eslavo). Los dos están entusiasmados con la cantidad de dinero que se puede hacer en el país en desintegración.

 

Me queda una cinta malsana, que imperfecta, con taras evidentes en un guion artificioso, pero que en sus metáforas cala, con un retrato agrio de la Rusia que venía. Gloria Ucrania!!!

 

 


LADY SNOWBLOOD.

Entretenido y por momentos bello film japonés adscrito al género jidaigeki (películas de época en Japón; transcurren en el período Tokugawa o período Edo entre 1600-1868). Dirige Toshiya Fujita, con guión de Norio Osada (colaborador casual de Fukasaku, “Bajo la bandera del Sol naciente” o “Nihon boryoku-dan: Kumicho”), basándose en la serie de manga homónima de Kazuo Koike y Kazuo Kamimura, cuenta la historia de Yuki, mujer que busca venganza contra tres de las personas que violaron a su madre y mataron a su esposo. Siendo protagonizada por la famosa cantante entonces en el País del Sol Naciente, Meiko Kaji.  La narrativa de la película está contada fuera de orden cronológico, saltando entre eventos presentes y pasados. Además de Kaji, el reparto de la película incluye a Toshio Kurosawa, Masaaki Daimonm, Miyoko Akaza y Kō Nishimura.

 

El director exhibe gran sentido estético-sensorial por lo pictórico gracias a la miscelánea entre el excelente diseño de producción de Kazuo Satsuya (“Hausu”) y la cinematografía de Masaki Tamura (“Moe no Suzaku”), jugando con elementos naturales como la nieve, el mar rompiendo contra la playa o rocas, el viento azuzando los cuerpos el humo, o las flores, contrastando en ello la belleza con el salvajismo atávico. También en este sentido hay incluso un tramo de narrar acontecimientos con dibujos, en (entiendo yo) homenaje al anime. Film de bella factura visual destacando sus escenas sobre el manto de nieve, donde el rojo de la sangre contrasta de forma cruda, o la turbadora ejecución en la playa, vista desde las alturas, cual Ojo de Dios. Ello adornado por el tema que abre y cierra el film, "Shura no hana" interpretado por la propia Meiko Kaji (protagonista).

 

Film que cobró fama cuando Tarantino dijo le sirvió de inspiración para su bilogía “Kill Bill”, habiendo muchas similitudes, como es una mujer embarcada en una espiral de venganza contra varias personas, sus métodos para ello son de artes marciales con katana, la narrativa es fracturada en su no linealidad, tenemos un duro aprendizaje con una especie de monje con barba blanca, hay escenas de lucha en la nieve, como un duelo clímax en “Kill Bill”, incluso QT tomó el tema principal, “The Flower of Carnage”, cantado por la propia Meiko Kaji, como tema de su heroína La Novia. Aunque esto de la influencia en “Kill Bill”, también lo había leído de dos films más, como el francés “La novia vestía de negro” (1968) protagonizado por Jeanne Moreau y del western inglés “Ana Caulder” (1971), liderado por la vengadora Raquel Welch.

 

En 1874, una mujer llamada Sayo (Miyoko Akaza) da a luz a una niña en una prisión de mujeres. Sayo nombra a la niña Yuki (Mayumi Maemura) por ver la nieve afuera y les confía a los reclusos que ayudaron a dar a luz cómo fue brutalmente violada por tres de los cuatro criminales que asesinaron a su esposo Tora y a su hijo Shiro hace un año. Si bien logró matar a puñaladas a su captor Shokei Tokuichi (Takeo Chii) cuando se presentó la oportunidad, fue arrestada y encarcelada de por vida. Luego, Sayo sedujo a muchos guardias de prisión para concebir a Yuki. Debido a dificultades durante el parto, muere poco después de contar su historia. Sus últimas palabras son que la niña sea criada para llevar a cabo la venganza contra los tres verdugos restantes. En Meiji 15 (1882), la niña Yuki se somete a un entrenamiento brutal en la lucha con espada bajo la dirección del sacerdote Dōkai (Kô Nishimura) para convertirse en la encarnación de la ira de su madre. Hay una elipsis, y ahora Yuki (Meiko Kaji), tiene veinte años y es una asesina llamada Shurayuki-hime, que comienza su diáspora vengativa.

 

Una historia cargada de simpleza, estructurada en cuatro capítulos, sin buscar dobles lecturas, directa al mentón, con personajes clichés en los que nunca se ahonda, una historia de venganza, donde la particularidad es que la ejecutora es la hija de la agraviada, que fue engendrada única y exclusivamente para este vengativo motivo. Las peleas son rápidas, sin acrobacias, sin alardes físicos.

 

Aunque pretende en los márgenes criticar (en modo esbozo) la corrupción que sufrió la nación nipona cuando entró en tratos con las potencias extranjeras. Arremete contra la política en la convulsa era post-Tokugawa. La restauración Meiji no trajo para los japoneses la prosperidad que esperaban, asintieron que la infiltración occidental y progresivo saqueo de riquezas del país por parte de la nueva casta burguesa parasitaria y plutocrática. Aquí se muestra como los criminales medraron en este panorama de cambios. Con ello se perdieron valores tradicionales en favor de la decadencia foránea (reflejada en la vestimenta y sobre todo en las armas de fuego). Ambientada en la era Meiji, a finales del siglo XIX, época de gran transición y cambio, los valores tradicionales japoneses chocaron con la creciente influencia e incursión de la cultura occidental, uno de los objetivos de la protagonista es un traficante de armas que pretende vender armamento moderno al Imperio, en este sentido es muy alegórica una secuencia de muerte en que uno de los malos cae ensangrentado deslizándose sobre las banderas de Japón y USA.

 

Tiene un enervador inicio el film, cuando vemos en una mugrienta prisión de Tokyo dar a luz un bebe en condiciones insalubres, la madre va a morir por el parto, no sin antes aleccionar a las compañeras de celda sobre que futuro debe tener el bebé, ser la vengadora de los males que la madre ha sufrido. Tras lo que aparece el título bañado en rojo sangre. Tras lo que nos adentramos en una odisea desmitificadora de las vendettas, una cruel travesía descarnada en el dolor, paseándonos por un japón desesperanzado. Comenzando su huida hacia adelante la vengadora por poderes en una hermosa visualmente escena sobre la nieve, cuando la protagonista se cruza con varios hombres que llevan un rickshaw con un hombre en él, Shibayama. Ella no les deja pasar y los portadores deciden acabar con ella y sacan sus katanas, y entonces vemos el gadget que ella lleva para su espada, el mango de un bonito paraguas japonés, ejemplo de su carácter contradictorio, acabando secamente ella con ellos, sin grandes alaracas coreográficas, secamente y rápido les asesta letales tajos, y también entonces vemos otra de las marcas del film, el híper realismo de que con los cortes brota la sangre cual geiser de los cuerpos, cañones de hemoglobina cual volcanes, en realidad algo muy propio de esa era nipona en el cine chambara.

 

Tras ello seguiremos las andanzas de esta anti-heroína de modo fragmentario cronológicamente, pasamos a su niñez en su adiestramiento para ser una gran luchadora, para luego pasar a las tres venganzas que le quedan, Takemura, Kitahama y Tsukamoto (Eiji Okada). Ello desarrollado de modo fluido, con encuentros tangenciales a la misión principal, como el encuentro de la protagonista con el grupo de pedigüeños organizados jerárquicamente criminal; el que tiene con Kobue (Yoshiko Nakada), hija de una de sus potenciales víctimas, Takemura Banzō (Noboru Nakaya). Esta parte parece un film sintetizado en sí aparte por su tono de melodrama con sabor a Mizoguchi; o el que acontece con el reportero Ryūrei Ashio (Toshio Kurosawa), que pretende narrar sus ‘aventuras’ en un periódico para atraer a uno de los objetivos; Añadiendo estas sub tramas sustancia a la historia. Todo sin caer en sensiblerías, todo directo y seco en su objetivo de entretener al espectador.

 

Tenemos también las raíces de todo, relatándonos de donde viene el afán vengativo de la madre, narrado con gran sentido de la historia de Japón, con unos estafadores surgidos de una nueva ley imperial, que deriva en un brutal asesinato (por el color de vestimenta ¿?) y posterior violación de la madre. Esto se encadena con el plan maquiavélico de la misma de engendrar una hija entre rejas, para ello se convierte en una gata en celo permanente.

 

Todo desembocando en un rush final con claro sentido de ataque a las alianzas extrajeras de Japón, pues el escenario de sangre y muerte será un baile de amistad entre Japón-USA, ello en una nación menos de 30 años atrás fue ocupada por la nación norteamericana después de hacer caer las dos bombas H. Una especie de juego de matrioshkas el último objetivo, con máscaras a lo Misión Imposible, con espejos secretos, y con la aparición de para muchos tradicionalistas japoneses de la representación de los males de occidente, una pistola (había ya aparecido en otra escena anterior), dando un enfrentamiento padre-hijo, para acabar la cinta en una vigorosa escena sobre la nieve, con una coda nada acomodaticia (Spoiler), dejando un grato sabor de boca cinéfilo.

 

La gran protagonista es la hermosa Meiko Kaji como la vengadora Yuki, ataviada con un kimono y pertrechada de una sombrilla púrpura con mango-katana, su dualidad de dulce ‘geisha’ se transforma cuando saca la espada. Ofece una buena actuación como la fría vengadora, exhibiendo vacío interior, no es más que eso, sin fondo, siemptre hac ia el siguiente objetivo. La cantante y actriz Meiko Kaji, célebre en la época por su rol de mujer rebelde e inconformista que lograra gracias a las sagas de "Stray Cat Rock" y "Joshu Sasori", presta su preciosa voz (para el mítico tema principal).

 

Spoiler:

 

Momentos recordables (aparte de los ya mencionados): En la casa de apuestas, Banzo es pillado haciendo trampas. Yuki intercede para salvarlo del castigo al que los yakuza van a someterlo (porque quiere ser ella quien lo mate). Banzo es un despojo humano, para el cual el mayor castigo sería en realidad seguir viviendo. No obstante, Yuki lo ultima con su katana a la orilla del mar, y las olas se tragan el cadáver tiñéndose de sangre. Visto el asesinato en una dramática toma cenital; Okono (Sanae Nakahara) envía hombres a secuestrar a Ashio, amenazándolo con torturarlo para saber la ubicación de Yuki, Ashio se niega a decírselo. Yuki entra en la propiedad de Okono y mata a varios de sus hombres mientras lo persigue. Yuki y Ryūrei encuentran el cuerpo moribundo de Okono ahorcada en una habitación, se ha suicidado para no ser matada por Yuki. Al escuchar los últimos latidos del corazón de Okono, Yuki la corta por la mitad; Ashio le dice a Yuki que Gishirō es su padre y que había fingido su muerte cuando se enteró de la misión de Yuki. Encuentra a Gishirō en un baile de máscaras y mata a un hombre (con un máscara) que actúa como su señuelo. Ashio y Yuki encuentran y siguen al verdadero Gishirō, quien le dispara a Ashio. Herido, Ashio lucha con Gishirō y le impide dispararle a Yuki mientras ella se balancea sobre una lámpara entre los balcones. Yuki apuñala a Ashio en el pecho de Gishirō. Luego le corta el cuello a Gishirō mientras él le dispara. Cae por una barandilla y cae a la planta baja llena de invitados. Yuki, herida, sale a trompicones donde es apuñalada por Kobue (a su padre lo mató Yuki en su espiral vengativa) que la estaba esperando, quien ha estado persiguiendo a Yuki todo este tiempo en su propia búsqueda para vengar el asesinato de su padre. Yuki logra escapar, sólo para colapsar sobre la nieve, aparentemente muerta. Sin embargo, a la mañana siguiente abre los ojos.

 

Muy entretenido film de acción chambara, cumple sin más pretensión que hacerte pasar un rato ameno. Gloria Ucrania!!!

 

El éxito del film dio lugar a una secuela, “Love Song of Vengeance” (1974).

domingo, 3 de marzo de 2024

 


La Gran Prueba.

Deliciosa dramedia, que aun con sus defectillos (sobre todo en su atrompicado tramo final), deja un grato sabor de boca cinéfilo en la enternecedora radiografía de una familia. Produce y dirige el perfeccionista William Wyler, adaptando el guión del (miembro de la execrable por del pérfido senador McCarthy) Black List (no le dieron crédito oficial hasta 1996) Michael Wilson basado libremente en la novela de 1945 “The Friendly Persuasion” de Jessamyn West, contando la historia de una familia cuáquera en el sur de Indiana durante la Guerra Civil USA y la forma en que la guerra pone a prueba sus creencias pacifistas.

 

Protagonizada por un excelente Gary Cooper como el patriarca, derrochando carisma, humanidad, sentimientos encontrados, fabuloso en la química que tiene con su partenaire; Dorothy McGuire como la dura matriarca de armas tomar, que demuestra grietas en sus convicciones, maravillosa; Anthony Perkins como el voluble hijo preso de su conciencia, en su segundo papel en cine está espléndido trasluciendo todo un maremoto interno de dudas; Richard Eyer bordando es poco su rol de benjamín familiar en disputa con la ganso Samantha, una presencia que apabulla con su naturalidad; Phyllis Love como la hija enamorada de un soldado, desprende candidez pura en su amor, trémula en su carrera; o Robert Middleton como el amigo familiar en competencia dominical con sus calesas y equinos, con una brillante cómica compenetración con Cooper.

 

Un lienzo cargado de frescura de una prole fundamentalista religiosa en colisión con las tentaciones ‘pecaminosas’ que la rodean, tu radical fe vs los placeres de la vida, poniendo en ristre sus convicciones morales, que a veces deben torcerse para compaginarlas con lo mundano. Todo ello Wyler sin faltar el respeto a los cuáqueros, mostrando su costumbrismo, llamándome la atención que una mujer sea especie de sacerdote de su religión, su modus vivendi pacifista, su particular forma de expresión (esto solo se percibe en versión original y si sobre todo sabes ingles).

 

Relato ambientado en el condado de Jennings, Indiana, en 1862. Jess Birdwell (Gary Cooper) es un granjero y patriarca de la familia Birdwell cuya religión cuáquera entra en conflicto con su amor por los placeres mundanos de la música y las carreras de caballos. La esposa de Jess, Eliza, (Dorothy McGuire), ministra cuáquera, es profundamente religiosa y firme en su negativa a participar en la violencia. La hija de Jess, Mattie (Phyllis Love), quiere seguir siendo cuáquera, pero se ha enamorado del apuesto oficial de caballería Gard Jordan (Peter Mark Richman), amor que va en contra de los deseos de su madre. El hijo menor de Jess, "Little" Jess (Richard Eyer), es un niño con una divertida y cómica enemistad con el ganso mascota de su madre. El hijo mayor de Jess, Josh (Anthony Perkins), se debate entre su odio a la violencia y la convicción de que para proteger a su familia debe unirse a la guardia local y luchar contra los invasores. Enoch (Joel Fluellen), un esclavo fugitivo, trabaja en su granja; sus hijos todavía están esclavizados en el Sur. 

 

Wyler nos regala un prodigio de inicio en la presentación de la familia Birdwell, todo ello imbuido de un cálido humor que hace que empatices con ellos, con lo que provoca nos importe lo que les pase. Estamos en domingo, primero vemos al pequeño Jess jr. en la granja en pugna jocosa con Samantha (el ganso en una actuación de mérito), como este ataca bélicamente al chico, y cuando aparece la matriarca el animal se comporta inteligentemente de modo manso. El matrimonio Birdwell se dirige en calesa a la reunión dominical cuáquera, y por el camino tenemos una delirante carrera de Jess contra su amigo (un metodista que va a su iglesia) Sam Jordan (Robert Middleton), el rostro de Gary Cooper haciendo ver que no compite, cuando se nota miente, es descacharrante. Tenemos la reunión de la comunidad cuáquera en silencio, mientras Wyler hace ingeniosos cortes a la Iglesia Metodista donde cantan alegremente, contrastando el jolgorio con el ascetismo cuáquero. Hasta que varios cuáqueros pronuncian loas a la vida, dando gracias pro diferentes parabienes (cual concurso de Misses). Pero este remanso de paz es socavado por la irrupción de un oficial militar yanki que pretende remover las pacifistas conciencias cuáqueras para que se unan al ejército de la Unión los hombres, haciéndonos ver que tras este bucólico panorama pastoral está cerca el Jinete del Apocalipsis de la Guerra. Varios cuáqueros se muestran inflexibles en su No a la Guerra, mientras el hijo Birdwell, Josh, se muestra dubitativo, siendo este el eje por el que se moverá el film en el rush final. Tras ello, la película vuelve a su tono de comedia costumbrista.

 

Con un tramo chistoso en la feria del condado, donde habrá varios conflictos entre las tentaciones placenteras del mundo contra el radicalismo cuáquero, donde la juez es la adusta matriarca. Tenemos a Mattie enamorada de un soldado, romance no del gusto de la madre, que en la feria acaba bailando felizmente con su amor en un escenario, ello en una aguda secuencia vemos a la (inquisitorial) madre observando mientras mueve los pies siguiendo el ritmo (las debilidades del cuerpo son ingobernables!); Josh disfruta de una competencia de lucha libre, acaba con una trifulca entre unos abusones frente a la mansedumbre cuáquera (seguro el guionista de “Único testigo” bebió de ella para una clásica escena de su libreto); Y por otro lado el patriarca queda maravillado por como suena un harmonio, y acaba comprándolo (lo que derivará en un conmovedor tramo tras una batalla de voluntades con su esposa), tras disfrutar con el comprador y su amigo Jordan de sus melodías; Hay una muy graciosa visita de Jess y Josh a una familia para venderles semillas, esta proel solo compuesta por mujeres sedientas de hombres (¿?), al final el que hace negocio son ellas vendiéndole a la yegua Lady (¿?); Hay un trémulo tramo cuando el amado de Mattie la visita y la ofende por haberla espiado, acaba en una carrera de la que se pone el vello de punta (y no me considero fácil de emocionar) en como transmiten el amor puro; Y este clima idealizado se ve bruscamente cortado por una imagen hábil de fondo, una estruendosa columna de humo en el horizonte como presagio del Mal. Tras lo que Josh llega narrando lo que ha visto, los rescoldos calcinados de la guerra, los horrores de los muertos y la destrucción. Alterado por lo visto, Josh decide que debe unirse a la milicia que defienda sus tierras del invasor sudista, lo que provocará la colisión con la guardiana de las esencias cuáqueras que es su madre, purista que incluso le dice que luchar contra cualquiera es luchar contra ella.

 

Este conflicto entre el pacifismo cuáquero puesto frente a la amenaza violenta a tu familia, se convierte en el leit-motive emocional del film. Y termina siendo la tara de la historia, pues es muy ambiguo el tratamiento de la disyuntiva entre la conciencia individual y tu sumisión a una idea de fe, no termina de decantarse y se queda en tierra de nadie, y para ello incluso hace trampas al solitario para no tener que proponer dramatismo final que nos posicione en un lado u otro, acaba en este sentido muy blandito para quizás no ofender. Cuando debería haber sido el despertar de la inocencia de un joven, un relato iniciático sobre la nueva generación mejorada, se queda no queriendo ahondar. El enfrentamiento entre fe pacifista y sui hay motivos excepcionales para romperla, no termina de definirse y se me queda plúmbeo esto.

 

Lo que prima es la maestría de Wyler en su dominio del ritmo, hace que más dos horas se te pasen sin darte cuenta, sabiendo atraparte con esta familia, filmado con elegancia, creando vínculos afectivos con los Birdwell por la humanidad que transmiten, Y es que eso es sobre todo el film, un fresco humanista (con sus taras) estupendo. Sobre todo por lo bien que entrelaza el drama, el romanticismo y el humor de modo sinérgico formidable. Moviéndose por el fino hilo del humor y no demonizar una religión. Ejemplo es el sensacional tramo en que van a visitar a los Birdwell unos ancianos guardianes de las esencias cuáqueras, Mattie se esconde con su amor en el ático con el harmonio, se ponen a tocarlo, y se oye abajo, para ‘esconder’ el sonido Jess se pone a lanzar loas bíblicas en voz alta. Lo que es tomado por los ministros religiosos con regocijo. Estos se marchan, Jess y Eliza escuchan como tocan Mattie y su novio, ella escandalizada por ese aparato del demonio vanidoso. Pero lo peor es cuando este ya no se oye, entonces Eliza se pregunta que hacen (¿?), todos sabemos que pasa, se besan, y Jess decide que él también lo hará con Eliza, entonces son ‘pillados’ por Mattie que se escandaliza por la muestra efusiva de amor, sintiéndose ruborizada Eliza. Todo un prodigio de manejo de los tiempos de Wyler, habiendo varias escenas más de estas maravillosas, como la reconciliación en el granero de Jess y Eliza.

 

Con una fenomenal puesta en escena. Sobresaliendo la cinematografía de Elsworth Fredericks (“La invasión de los ultracuerpos” o “Siete días de mayo”), componiendo tomas de una gran beldad, cuadros de valor dramático que cala; Esto adornado por la grácil música del ruso Dimitri Tiomkin (“Solo ante el peligro” o “Gigante”), que eleva el valor emocional de muchas escenas.

 

Spoiler:

 

Tramos recordables (aparte delos ya mencionados): Tras comprar Jess un harmonio sin el consentimiento de su mujer, ella le espeta que o ella o el harmonio en la casa, y Jess entra el harmonio en casa, provocando que Eliza se destierre al granero. Tras acostaerse los hijos, Jess coge una manta para acompañar a su esposa en el granero. Allí vemos como ella a dado calor al lugar poniendo una rosa sobre un tonel. Vemos a Jess tumbarse en el heno. Hay una elipsis, y ya es por la mañana, y vemos al matrimonio volver abrazados al hogar con sus mantas, mientras Jess le pregunta pícaramente a Eliza si podrían volver alguna vez al granero, dejando entrever la noche de sexo que han tenido. Tras lo que el amigo Jordan llega a la granja, este pretende le enseñe su nueva adquisición de yegua Lady. Jordan ve indicios de lo que ha pasado por la noche en la rosa del tonel y en las briznas de paja en la camisa de Jess partiéndose de risa. Homérico; Maravilloso como Jordan defiende a su amigo Jess de los ataques de un cuáquero que lo acusa de egoísta por no querer luchar en la guerra, Jordan arremete contra la hipocresía del atacante; Como capea Eliza la irrupción de un grupo de soldados confederados al hogar, ofreciéndoles de comer en su hogar y que cojan lo que quieran del granero. Estos aceptan sin hacer daño a ella, su hija y benjamín, pues Josh y Jess han ido a la batalla. Acaba con Eliza golpeando violentamente con una escoba a un sudista que pretendía estrangular al ganso Samantha, haciéndonos ver que las convicciones morales  buenistas implosionan ante la dura realidad de brutalidad, cuando se ataca lo que quieres. Pues bien, este tramo me resulta artificioso y torticero en su mensaje, pues si lo que se debe hacer sin luchar, es dar lo que posees en bien de tu físico es aberrante, pues además ello no implica que te dejen en paz estos salvajes, un chantajista abusón se retroalimenta de tu miedo para aumentar la apuesta. Y es que además es un insulto a la inteligencia, que entre el grupo de desarrapados sudistas ninguno haga por abusar sexualmente la joven hija o la atractiva madre, no me lo creo, muy aséptico esto. Que hubiera hecho Eliza si hubieran intentado violar a Mattie? Darle con la escoba? Y si lo hubieran intentado con ella misma? Pero al final todo me ha sido muy esponjoso en que la única violencia es que quieran matar a un ganso, venga ya!; El tramo de la milicia escondida a la espera de los sudistas, y como cuando llega el invasor Josh se acobarda y esconde, mientras el que tiene al lado dispara, pero alguien de los confederados le balea matándolo, haciendo que Josh reaccione cogiendo el fusil para disparar al enemigo, haciéndolo mientras llora; Tenemos el rush final en que la familia se dispone a ir a su reunión dominical, por el niño Jess se entera del altercado de Eliza con la escoba y el sudista, por lo que este hace la broma de coger la escoba a modo de rifle ante el paso de Eliza.

 

Jessamyn West pasó un año en la producción como escritora y asesora técnica (acreditada). Su novela cubría un lapso de cuarenta años de la historia de la familia Birdwell y esencialmente no tenía trama, por lo que para que la película fuera efectiva, organizó las secuencias seleccionadas para filmar en torno a la viñeta de la novela de la Guerra Civil (alterándola significativamente para lograr una acción dramática) y comprimió el conjunto en un solo año, 1862, utilizando la guerra como argumento central del conflicto. Creó nuevos personajes (principalmente los Jordan) para reemplazar a otros que tuvieron que ser eliminados, y escribió por completo a Laban, el segundo hijo mayor de la novela, sustituyendo a un nuevo personaje, el amigo de Josh, Caleb Cope (John Smith), como un sustituto de dos escenas. El personaje Mattie era una combinación de las dos hijas Birdwell supervivientes de la novela. Wyler quería que su hermano, el productor asociado Robert Wyler y la autora Jessamyn West recibieran el crédito por reescribir el guión (incluido también a Wilson), pero la WGA dictaminó que Wilson merecía el crédito exclusivo por su guión.

 

Ronald Reagan regaló la película al líder soviético Mikhail Gorbachev, simbolizando la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos; El lugar de rodaje de la película se trasladó del sur de Indiana a una combinación de un estudio de Republic y una finca del Valle de San Fernando.

 

Llama poderosamente la atención lo que ocurrió en el Festival de Cine de Cannes de ese 1956, y es que ganó el gran premio este film llamado aquí “La Gran Prueba”, es un buen film, pero que se impusiera rivales obras maestras como “El séptimo sello” de Ingmar Bergman, “Don Quijote” de Grigori Kozintsev, “Las noches de Cabiria” de Federico Fellini  o “Un condenado a muerte se ha escapado” de Robert Bresson, parece, con la perspectiva del tiempo un mal chiste, y no es denigrar a la ganadora, es que las referidas son cumbres del Séptimo Arte y esta está escalones por debajo, siendo por momentos cautivadora. Gloria Ucrania!!!

miércoles, 28 de febrero de 2024



LA ZONA DE INTERÉS

 

Original punto de vista del Holocausto, habiendo cierta saturación sobre films sobre la SHOAH que describen cruda y visualmente los horrores del genocidio, todo un sub género en sí, el director y guionista londinense Jonathan Glazer ha dado un singular giro para hacer que jugar a provocar al espectador con lo que intuye de fondo, mientras en primer plano discurre aquello que Hannah Arendt dijo durante el juicio a Adolf Eichmann de “La banalidad del mal”. Retratando a la familia del mandamás del campo de exterminio nazi de Auschwitz, Rudolph Höss. Una prole vista con una vida idílica, con un padre cariñoso, un matrimonio bien avenido, residen en un lugar (aparentemente) bucólico, haciendo salidas al campo junto al rio, donde juegan los niños, y el patriarca pesca y rema con la barca que le han regalado por su cumpleaños, la madre cuida el hogar con devoción, el perro de la familia retoza a sus anchas, el padre cierra las puertas de la casa antes de acostarse, este le lee cuentos a sus hijos en la cama, la madre cuida de las flores del jardín, pero con la particularidad de que esta residencia colinda con el campo de exterminio donde se calcula murieron aproximadamente un millón y medio de personas asesinadas por la barbarie de una máquina engrasada para hacer desaparecer a los que ellos consideraban ‘indeseables’, mayormente judíos. Glazer se basa libremente en la novela de 2014 de Martin Amis, Glazer transforma al protagonista ficticio del libro en el oficial de las SS de la vida real en el que se inspiró, Rudolf Höss, comandante con más años de servicio en el campo de concentración de Auschwitz, fuerza líder en el perfeccionamiento de las técnicas de exterminio masivo implementadas durante la aceleración de la "Solución Final" de Hitler. Glazer elimina casi todo lo que hay en la novela, incluida la trama, para escenificar la extirpación de la conciencia moral.

 

Siendo lo original que nunca entramos en el recinto de exterminio, nunca vemos el terror, ingeniosamente solo se intuye en los márgenes, bien por las torres de vigilancia, los edificios que se elevan tras los muros de la casa, donde sabemos están los presos, como los sonidos de disparos, los ladridos de perros, el ruido de los trenes al llegar, o gritos de ordenes de soldados, o chillidos de prisioneros, y sobre todo la visión de la chimenea del crematorio echando una enorme fumarola de humo infernal en su raíz con fuego espectral y todos sabemos de qué es la columna de gas negro. Esto hace que el fotograma oculto, ese que se genera en el cerebro con lo fuera del plano, lo que intuimos, pero no vemos, aquí es acongojante por como nuestra mente genera lo que hemos visto en todo un caudal de información previa de documentales, series, películas, libros, el pavor de lo que sabemos pasa ahí ante la indiferencia de los que viven a la sombra.

 

Siendo fundamentales para imbuirnos del turbador malsano estado de ánimo la cinematografía del polaco Lukasz Zal (“Ida” o “Guerra Fría”) con cámaras como si fuesen de vigilancia o seguridad, en tomas amplias, sin apenas primeros planos para hacernos sentir voyeurs de la situación, todo imbuido de tonos blancos, las paredes, la vestimenta, la luz solar, como queriendo mostrar el patinado virginal del color escondiendo la putrefacta realidad; Rompiendo el estilo está la sub trama de la niña de las manzanas filmada en plano negativo; La ominosa música compuesta por Mica Levi (“Under the skin” o “Jackie”), nombre artístico Micachu, de sensaciones guturales que remueven, golpes secos que aturden, me recuerda en cierto modo a la del film del año pasado “Sin novedad en el frente”; Amen del trabajo de diseño de sonido de Johnnie Burn (“Under the skin” o “Pobres criaturas”), todo trabajando en adusta miscelánea para hacernos sentir mal cuerpo. Como ascético pero fundamental es el diseño producción Chris Oddy (“`71” o “Under the skin”) con epicentro en la casa Höss que se construyó cerca de donde hubo un campo de exterminio, según los registros históricos.

 

Exquisita la labor de la pareja protagónica Christian Friedel y Sandra Hüller (menudo año para la actriz germana con este papel y el de “Anatomía de una caída”) como el comandante nazi alemán Rudolf Höss y su esposa Hedwig. Él es la imagen de lo grotesco por como sabemos cuál es su trabajo, solo vemos un lado de su vida, la familiar, y ahí se comporta como un padre y marido atento, podemos atisbar en detalles su maldad, como es que monte a caballo para entrar en el campo de exterminio, cual señor feudal llegando a sus dominios, lo vemos pasear fumando por el jardín y de fondo la torre de la chimenea humeante dan fe de quien es realmente, también está la reunión de trabajo con unos empresarios de la construcción que le viene a ‘vender’ un sofisticado sistema para incineración al por mayor, todo muy aséptico. Teniendo un giro su carácter cuando sale de su ‘Paraíso’ y se reúne en Berlín con otros oficiales nazis para planear ‘La Solución Final’ (incluso se permite humor negro en un comentario con su esposa), puede deje ver sus grietas hediondas en el rellano de una escalera, quizás Glazer queriendo hacernos ver lo podrido que está por dentro; Ella en una actuación perturbadora en su mundanidad, en su maldad adusta, ello jugando con la percepción del espectador que sabe de dónde sale el fruto de su edén, sus andares de pato, su apariencia marujona, como desprecia con apatía lo del otro lado. Verla repartirse lencería de las prisioneras cual día de fiesta resulta desgarrador. La vemos probarse en su dormitorio un abrigo de piel, se mira en diferentes poses en el espejo, cuando encuentra en el bolsillo un lápiz labial, tras lo que se pinta los labios, sin importarle lo más mínimo de donde proceden, aterrador el desprecio que muestra. Solo deja ver su interior podrido cuando Hedwig amenaza a una criada.

 

Comienza con la pantalla a negro durante extenso tiempo, mientras de fondo se oye la inquietante música de Levi. Hasta que se hace la luz y vemos un cuadro evocador, cual escena pastoral campestre salida de algún cuadro impresionista francés. Una familia de picnic, entre los cantos de pájaros, toman el sol a orillas de un bucólico rio, en medio de un lar verde, donde las rubias niñas con el cabello trenzado a imagen de su madre recogen flores del campo, los varones nadan y disfrutan solazmente de la jornada. Tras ello seguimos al clan en su hogar, con su dócil sirvienta, el niño juega con soldaditos de plástico (mientras oye algo al otro lado), secuencias de felicidad para ellos, celebran cumpleaños, se bañan en la piscina. La matriarca siente es el futuro que Hitler les auguró, su particular Tierra Prometida. Para los Höss lo que ocurre al otro lado del muro es algo que no les penetra, los miles de asesinatos son simple trabajo burocrático aséptico, están inmunizados contra las ‘señales’ que llegan del otro lado del muro bordeado de alambre de espino. Hedwig vive su Paraíso único, es (según ella misma se dice) la ‘Reina de Auschwitz’, cuida de su invernadero, muestra la casa orgullosa a su madre, charla con amor con su marido en la cama (con camas separadas ¿?) haciendo planes de vacaciones y recordando anécdotas divertidas. Son la negación absoluta al Horror que les rodea, viven en una burbuja. Ella junto a otras mujeres nazis, se reparten el ‘botín’ del Canadá (palabra utilizada en el campo de exterminio para denominar a l lugar donde se recogían todas las pertenencias de los presos), lo hacen sin sentimientos de culpa alguna, es para ellas como el día de Reyes Magos. Incluso bromean sobre sus criadas judías las esposas nazis, Hedwig le espeta a la suya que puede hacer esparcir sus cenizas por el jardín(¿?).

 

El film carece de un hilo conductor, son meras estampas hogareñas, la cotidianidad de un hogar cualquiera (pero no lo es), que son intercambiables (las set-pieces) cronológicamente. Solo en el tramo final hay algo de trama, cuando a Höss lo deciden trasladar a la Oficina Central cerca de berlín, y choca con los deseos de su esposa. El resto son viñetas que buscan estremecernos por como sabemos todos las atrocidades que acontecen tras los muros. El horror llega en afilados momentos, como cuando Höss ataviado de modo caricaturesco con una camiseta de tirantas blanca con el anagrama en grande de las SS, está metido en el rio pescando, mientras sus hijos juegan en el agua, descubre algo (no me he enterado bien de que), pueden ser cenizas de humanos o restos de deshechos del gas veneno Zyklon-B, y alerta a su niños para dejar el rio y se los lleva montado en la barca para luego se laven con fruición en casa, estremecedor por como sabemos que Höss huye de sus propios métodos genocidas, y a la par vemos lo buen padre que es, lo que estremece más, pues es un ser común que protege a sus vástagos; Estremece ver al hijo con una linterna observar en la noche una caja de dientes de oro, pues todos sabemos de qué son fruto.

 

Hay un tramo desconcertante por lo críptico, aunque se puede intuir por dónde va el mensaje. Es la visita de la madre de Hedwig (Imogen Kogge), la anfitriona le enseña orgullosa la casa y el jardín, la madre le muestra admiración por lo alto que ha llegado, aunque deja alguna perlita en algún comentario, como cuando comenta que ella fue criada de una mujer judía y quizás este tras los muros. Por la noche la madre mira por la ventana de su dormitorio y el humo de la gran chimenea se refleja en el cristal. Por la mañana la madre se ha marchado sin decir nada, solo ha dejado una nota que lee la hija y quema, pero no sabemos lo que pone, pero puede Glazer nos esté mostrando al único personaje con algo de conciencia moral.

 

En los márgenes silenciosos sutilmente se entreve el terror a flor de piel, como las cenizas que utiliza el jardinero-prisionero para fertilizar y que todos sabemos de donde proceden, esas criadas mansas que no dicen palabra, pero que dicen mucho en sus atemorizadas miradas, esos limpiabotas que recogen rígidos las botas del comandante si mostrar sentimiento alguno; Hay juegos sensoriales incisivos, como unos primeros planos de las lilas y los girasoles del jardín que con el sonido distante de unos gritos la pantalla pasa a escarlata, en clara metáfora de sangre.

 

Hay un tramo extraño, en realidad se da dos veces. Comienza con Rudolf leyendo cuentos (uno el de Hansel &Gretel) a sus hijos antes de dormir. Las imágenes cambian a imágenes térmicas, estamos en el campo y vemos a una joven incrustar manzanas y peras en un badén de tierra enfangada. En el segundo tramo se alarga más, y pone fruta en carros en medio de donde trabajaran los presos de Auschwitz. Es como si Glazer nos mostrará el horror en color y su reverso de la bondad no puede ser igual y es en el negativo.

 

Es reseñable como el Rudolf Höss muestra su gusto obsesivo por la limpieza, cual si con ello fuera una alegoría de querer limpiarse las manos cual Pilatos con lo que sucede en el campo de exterminio. Lo vemos como cuida sus botas, cuando decide salir del rio con sus hijos para asearse en casa con fruición, e incluso lo vemos limpiarse concienzudamente tras tener sexo con una joven claramente forzada.

 

El tramo final rompe con la monotonía reinante. Cambia Rudolf Höss de escenario, lo vemos en una reunión (en una toma agobiante cenital) militar para decidir el futuro de 700,000 prisionero judíos húngaros, una labor administrativa rutinaria, que en realidad son miles de condenas a muerte de inocentes. Tras ello una fiesta en un palacio que Rudolf observa también en alto en otra toma cargante cenital. Tras ello Rudolf telefonea a su esposa, ella le cuestiona sobre quien había allí y él responde jocosamente (¿?), “A decir verdad, no estaba prestando atención. Estaba imaginando como gasearía a todos en la habitación. Sería muy difícil logísticamente por la altura del techo”. Tras lo que llega su desconcertante y críptico final.

 

Glazer no quería que las atrocidades que ocurrían dentro del campo fueran vistas, sólo escuchadas. Describió el sonido de la película como "la otra película" y "posiblemente, la película". Con ese fin, el diseñador de sonido Johnnie Burn compiló un documento de 600 páginas que contiene eventos relevantes en Auschwitz, testimonios de testigos y un gran mapa del campo para que la distancia y los ecos de los sonidos pudieran determinarse adecuadamente. Pasó un año construyendo una biblioteca de sonidos antes de que comenzara la filmación, que incluía sonidos de maquinaria de fabricación, crematorios, hornos, botas, disparos con precisión de época y sonidos humanos de dolor. Continuó construyendo la biblioteca hasta bien avanzado el rodaje y la posproducción.


Final: Tras hablar por teléfono con su esposa, Höss sale de su oficina de Berlín, baja unas escaleras, se detiene, vomita repetidamente y mira fijamente la oscuridad de los pasillos del edificio. Hay un fundido a negro y vemos una puerta con mirilla que se abre, estamos en una sala donde gaseaban a prisioneros los nazis, estamos en la actualidad, un grupo de mujeres limpia en silencio el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau. Volvemos a 1943, Höss baja las escaleras, fundido a negro y fin.


La joven polaca de la película está inspirada en una mujer llamada Alexandria, a quien Glazer conoció durante su investigación. Cuando tenía 12 años y era miembro de la resistencia polaca, solía ir en bicicleta al campo para dejar manzanas a los prisioneros hambrientos. Como en la película, descubrió una pieza musical escrita por un prisionero. El prisionero, llamado Joseph Wulf, sobrevivió al campo y fue una de las primeras personas en documentar las atrocidades del Holocausto, causa a la que dedicó su vida. Alexandria tenía 90 años cuando conoció a Glazer y murió poco después. La bicicleta que usa la película y el vestido que usa la actriz le pertenecían.

 

Se le puede achacar al film que es demasiado reiterativo en su idea, subraya en demasía la idea de la mencionada banalidad del mal, le faltan ideas que hagan avanzar sobre lo ya iterado. Tanto es así, que Glazer parece darse cuenta en la parte final nos saca del hogar Höss para llevarnos a Orianienburg a reuniones de trabajo ‘burocrático’. Esto es hacer trampas al solitario, amén de no aportar algo nuevo y si haciendo lo que ya hemos visto en otros films. Tampoco su final me ha resultado ingenioso, es como si no supiera como acabar y lo demuestra. Es una buena película, que cala por su originalidad, pero que tras ello esconde algunas carencias. Gloria Ucrania!!!

 

El título de La zona de interés de Jonathan Glazer hace referencia a cómo los alemanes etiquetaron el área de 40 kilómetros cuadrados que rodeaba el campo de concentración de Auschwitz en las afueras de Oświęcim, Polonia.

 

Film nominado a 5 premios de la Academia (incluidos mejor película y mejor director para Glazer) y 3 premios Globos de Oro. El film obtuvo en el festival de Cannes el gran premio del jurado.


martes, 27 de febrero de 2024

 


El fin del mundo (Verdens undergang)

 

Sugestivo drama apocalíptico danés, de hecho, me llamó la atención por esto, pues es (si no me desmiente nadie) la primera muestra de este género de ciencia ficción distópico, siendo destacable sobre todo por sus fenomenales efectos visuales, siempre poniendo el filtro de que se realizaron hace 108 años. Dirige August Blom y guioniza Otto Rung, no está acreditada, pero al parecer la película está basada en la novela La Fin du Monde (Omega: Los últimos días del mundo) de la autora francesa Camille Flammarion, el libro se convertiría más tarde en la película “La Fin du Monde” del director francés Abel Gance en 1931. Los cometas habían sido temas populares en varias películas anteriores, debido a sucesos recientes. En 1908, un meteoro gigante arrasó 2.000 kilómetros cuadrados de tierra en Tunguska, Rusia, el meteoro más grande que golpeó la Tierra en un tiempo registrado. Y en 1910 se produjo el avistamiento del cometa Halley, volando cerca de la Tierra, lo que causó gran preocupación en algunas personas.

 

Describe una catástrofe mundial cuando un cometa errante pasa por la Tierra y provoca desastres naturales y malestar social. Blom y su equipo crearon efectos especiales para el desastre del cometa utilizando lluvias de chispas ardientes y cortinas de humo. La película atrajo a una gran audiencia debido a los temores generados durante el paso del cometa Halley seis años antes, así como a las continuas turbulencias y disturbios de la Primera Guerra Mundial. El director se sirve de este argumento para hacer una parábola moralista anclada en la fe religiosa, en el castigo divino, el perdón, todo ello desde una visión desesperanzadora de la naturaleza humana, mostrando en pleno advenimiento (al año siguiente) de la Revolución Rusa la lucha de clases, por un lado, los ricos que se sirven de la bolsa para especular en sui avaricia, amén de quitar las mujeres a los pobres, y estos se sienten vejados y desean destruir el régimen que los oprime.

 

El cometa no es más que una forma de plaga por los males de los seres humanos, su lujuria, su avaricia, su orgullo, egoísmo, lujuria, mentiras, hipocresía, violencia, provocan a Dios. La vertiente religiosa evidente, un personaje comenta que el cometa, “Es el castigo de Dios”, para exponer las impresionantes (en el contexto de 1916) secuencias de la ciudad en llamas siendo ‘bombardeada’ por el fuego del cielo, siendo inundadas las poblaciones por tsunamis, siendo intoxicadas las gentes por gases, las casas en llamas, las personas sufriendo el Fin del Mundo. Surtido para ello de estereotipos como dos hermanas protagonistas, antagonistas en sus comportamientos (cual Caín y Abel?), con un padre ultra religioso, donde una de las retoñas es tentada por el ‘Mal’ de la codicia, mientras la otra se mantiene fiel a los preceptos que pregona el padre.  

 

Aunque no se dice estaban en plena vorágine de sinsentido de la Gran Guerra Mundial (donde Dinamarca era neutral), por lo que se puede ver a los dos antagonistas con vértice en Dina, Frank se puede ver como un especulador que se beneficia de la guerra, y Flint es el obrero que refleja a los soldados que fueron al frente a morir por motivos espurios, en pos de una clase alta superficial.

 

Un predicador itinerante llega a un pequeño pueblo minero, donde Dina West (Ebba Thomsen), una de las dos hijas de un minero (Carl Lauritzen), encandilada por el sueño de una existencia fácil y entre comodidades, abandona a su novio, el minero Flint (Thorleif Lund), para fugarse con el dueño de la mina, Frank Stoll (Olaf Fønss). La hermana de Dina, Edith (Johane Fritz-Petersen), sin embargo, mantiene su relación con su amigo de la infancia, el marinero Reymers (Alf Blütecher). El astrónomo Wisemann, primo de Stoll, anuncia que un cometa pasará cerca de la Tierra, y probablemente causará destrucción en la zona de impacto.

 

Film partido claramente en dos. La primera mitad es un melodrama clasista, donde asistimos a como un poderoso empresario queda prendado de una joven lugareña prometida con un minero, pero esta ante la visión de un futuro halagüeño cómodo y con todos los lujos se deja seducir por el Vellocino de Oro, abandonando a su familia y prometido, empujada por un padre ultra religioso (la llama ramera por llegar tarde a casa). Esta aparte resulta muy esquemática y apresurada, por que no sentimos Dina esté enamorada de Flint, y el romance entre ella y Frank resulta un flash.

 

Tras lo que vemos a un empresario que el director pretende lo veamos como epítome de la codicia de los patronos, los que juegan con el dinero sin importarle el daño que puedan causar a terceros. Para ello su connivencia malévola con los medios de comunicación. En realidad, esta parte se me hace muy ambigua, pues primero no entiendo la inquina del padre de ella, ni porque se nos hace ver una relación entre el empresario y la joven malsana, esto lo entendería si Frank estuviera ya casado y Dina fuera su amante cortesana, pero no es así, los dos viven juntos, y no entiendo porque no se casan, porque en este tiempo deciden vivir en pecado (¿?), esto me queda cojo, y más cuando Frank demuestra sentir amor verdadero por ella (un intertítulo lo remarca por si hay dudas: “Le ha sido fiel a Dina, a quien todavía ama con ciega devoción”, de hecho, lo que no queda claro es si ella le ama o solo lo hace a su plata. Y tenemos la parte avarienta de Frank, y aquí no entiendo porque este, que sabe y cree que el mundo se acaba decide manipular la prensa para beneficiarse en la bolsa si el dinero seguramente no le haga falta tras el Apocalipsis.

 

La segunda parte es la llegada del cometa. El Día D del 20 de septiembre y como lo afrontan las gentes. Por un lado, Frank decide hacer una fiesta (del cometa) arrogante en su mansión (Stol : “Celebremos esta noche! Si nos salvamos, seremos nosotros quienes fundaremos el nuevo mundo y seremos sus dueños!... saludar con un festín la avalancha de meteoros hacia la Tierra” y anuncia el entretenimiento de la velada: “Cuando el cielo esté en llamas, dejaremos que nuestras estrellas bailen para nosotros!”), no sin antes haber buscado un refugio subterráneo para él y Dina. Y por otro lado tenemos al proletariado rebelándose contra sus patronos (Flint: “El mundo se acaba esta noche! Así que recuperemos lo que los ricos nos han robado!), a los que acusan de vejarlos, tomando las armas para ir contra ellos en la hedonista fiesta de Frank. Pero esto también cojea, pues en realidad el líder de la ‘Revolución’ es Flint, y se mueve por rencor por que su jefe le levantó a su novia, no por algún abuso de poder en la mina.

 

Los efectos visuales en miscelánea con la cinematografía de Louis Larsen, es extraordinaria en su contexto temporal, tuvo que ser todo un impacto en la salas de cine ver la escenificación de una ciudad en llamas, las casas ardiendo, el humo creando un halo avernal, trozos de meteorito cayendo cual fumarolas sobre la población (Blom y su equipo crearon los efectos especiales del desastre del cometa utilizando una lluvia de chispas de fuego y cortinas de humo), la gente corriendo huyendo de la tragedia, y tras ello la inundación por la subida de las aguas del mar, donde vemos la Kolossal escena del pueblo inundado con la protagonista subida al tejado intentando escapar de ser ahogada, atisbándose cuerpos de muertos flotando en las aguas. Incluso tenemos un barco al que le llegan ‘proyectiles’ del cometa, y del que su tripulación debe abandonar antes de que se hunda. Ello en el clásico modo de rodar en esos años de cámara estática, con planos generales, pero aquí el director inunda las secuencias de movimiento, con acciones en segundo plano, añadiendo algo poco dado en esa era, como eran los cortes transversales, que ya elevó a los altares el año anterior D.W. Griffith en “El Nacimiento de una Nación”, mezclando acciones tensas (sobre todo en el tramo final) de modo rítmico. Así como singulares son las tomas a través de ventanas, como muy buenas son las escenas lóbregas en el interior de la mina con claroscuros sombríos.

 

Las actuaciones son planas, propias del cine mudo más teatral, meras perchas para una personalidad cliché. Blom en el final pretende ofrecer un halo de esperanza entre la tragedia, especie de resolución bíblica a lo “El Arca de Noé”. Seguramente queriendo dar luz entre el Infierno que se producía en Europa con la Gran Guerra.

 

Spoiler:

 

‘El mismo día de la esperada llegada del cometa, Stoll, desafiando al destino, organiza una suntuosa fiesta en su villa con numerosos invitados de alto rango, mientras surge entre la población minera un levantamiento contra Stoll, liderado por Flint. Cuando se producen los primeros efectos devastadores de la catástrofe, la multitud armada, exasperada por lo que parece ser el fin del mundo, irrumpe en la villa, decidida a "recuperar lo que los ricos les han robado" durante años de explotación. Stoll y Dina llegan a un refugio subterráneo en las minas a través de un pasaje secreto, pero Flint los sigue. Los tres encontrarán allí la muerte. A la destrucción de toda la ciudad le sigue un tsunami. Edith, refugiada en el tejado de su casa, será rescatada en un barco por el predicador itinerante, y llevada a un lugar en alto. Rendida se duerme, cuando despierta, sale a trompicones y encuentra el sol saliendo sobre un mundo nuevo. Las aguas han retrocedido, dejando tras de sí una tierra arrasada y un pueblo en ruinas. Ella grita, pero nadie responde... Finalmente, dirige sus pasos hacia la iglesia (La luz de la esperanza), encaramada en una alta eminencia sobre la ciudad. Éste también está muy dañado, pero el campanario permanece. Desesperada, Edith pone en movimiento la campana y sus notas solemnes resuenan en el paisaje desierto. O... no del todo desierto. Ya hemos visto a Reymers nadar hasta la orilla y salir tambaleándose del agua y cruzar la nueva desolación de la tierra. Entonces escucha el sonido de campanas... Edith se reencuentra con Reymers, el único superviviente del naufragio de su barco. Pero a pesar de tal cataclismo para la humanidad, hay un destello de esperanza con un futuro nuevo y mejor al final de la película. Entre los pocos supervivientes se encuentran un sacerdote (la representación evidente de la esperanza) y dos jóvenes enamorados reencontrados en una pequeña capilla (más referencias religiosas evidentes) felices de estar juntos de nuevo en medio de semejante desastre. Pero después de todo, miran con esperanza lo que es un futuro incierto en una escena que ejemplifica perfectamente el anhelo de una nueva esperanza renacida después del cataclismo.’

 

Sorprendente film puesto en su contexto, estimulante en su alegoría bíblica, algo simplista en su historia, pero apot3e4ósica en el tramo final. Gloria Ucrania!!!

 

‘Puede que el nombre del director danés August Blom no signifique mucho para el público actual. Pero en la década de 1910, Blom era el director más importante de Dinamarca, jefe de producción de Nordisk Film y, por esa razón, uno de los directores más exitosos del mundo. Según Collins' Film Encyclopedia: “A pesar del pequeño tamaño de su mercado nativo y sus recursos relativamente limitados, Dinamarca reinó durante varios años (1909-14) como el centro cinematográfico más próspero de Europa. Sus películas rivalizaban con las de Hollywood en popularidad en las pantallas de París, Londres, Berlín y Nueva York”. La película más famosa de August Blom es probablemente la audaz superproducción Atlantis, estrenada en 1913, que describe el hundimiento de un gran transatlántico y en parte está inspirada en el hundimiento del Titanic el año anterior. La película consolidó la decisión de Nordisk Film de convertirse en la primera gran compañía cinematográfica europea que se centra exclusivamente en largometrajes.’